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LA DÉCADA QUE NO FUE

Por Dr. Adrián Báez

Estimados lectores. Casi 20 años han pasado desde que Uruguay tembló a causa de la feroz crisis económica y financiera. Mucha agua corrió debajo del puente, y admirables esfuerzos se realizaron para salir a flote; el país supo transitar un camino de seriedad, madurez y responsabilidad, que le permitió afrontar su reposicionamiento interno y externo, con firmeza y dignidad. MANODURAYPLOMO copia [1]
En la década pasada, Uruguay recibió un enorme caudal de dinero a raíz de la productividad de sus praderas, el trabajo denodado de sus ciudadanos y de la política económica, cuyo rumbo no varió, a pesar de haberse cambiado de orientación ideológica en el gobierno; pero -siempre los habrá-, la «redistribución» de esa riqueza, no fue tan fabulosa ni fructífera, como su conquista.
Los debes hacia la sociedad, los conocemos hasta el hartazgo; educación, seguridad, salud, viviendas, trabajo digno con salarios suficientes para llegar a fin de mes de forma holgada y no con la soga al cuello, son, a nuestro entender, los más importantes.
El actual gobierno se empeña en comparar al Uruguay de hoy, con una solvencia inigualable en su historia, con aquél de la crisis, dónde, a pesar de ella, se supo y pudo, por mera voluntad política, construir más escuelas de tiempo completo que en éstas administraciones, las que mucho ruido han hecho, pero, que en el haber de las concreciones, han dejado poquísimas nueces, cuando, por la condición de sus arcas, debería de haber toneladas.
El Presidente Vázquez disertó en su momento, sobre lo magnifico que sería un tercer gobierno de su colectividad, prometiendo cosas que con mayorías parlamentarias y platita constante y sonante, no supo o esmeró en materializar; se largó a los cuatro vientos por el Sr. Presidente, las cosas que se deberían de hacer y las que no se hicieron, perdiéndose un tiempo irrecuperable en cháchara, en vez de haber aprovechado ese presente, que creemos, no se tuvo en cuenta.
En fin. Dicen los sabios, que el tiempo es lo único que no se recupera, y debemos darles la razón.
Millones se han derrochado y han caído en un barril sin fondo, que bien pudieron y debieron utilizarse en la modernización de nuestras infraestructuras comerciales, educativas, de salud, de seguridad y de abaratamiento del costo de vida de los ciudadanos, especialmente de aquellos que son el motor del funcionamiento de nuestra economía, y que por los cuantiosos impuestos que penden sobre sus cabezas, son los más subyugados.
El oficialismo se obnubiló con un poder que les costó alcanzar, y que no deseaban perder por nada en éste mundo; por el camino, quedaron promesas inconclusas e incumplidas.
Deseamos, sinceramente, que en éste año que ya comenzó, y con las esperanzas puestas en el nuevo gobierno, las cosas comiencen a transitar por otro trillo. Lamentablemente,la historia recordará a la década pasada, como la década que no fue.