LA ECONOMÍA EN LOS 90, ¿FUE TAN MALA EN REALIDAD?

Por Dr. Adrián Báez

Estimados lectores. La evolución de la economía puede ser, en la mayoría de los casos, un tema de poca o nula importancia, quizás por su complejidad o porque simplemente nos es indiferente; sucede que, su presencia, existe más allá de nuestros deseos y agrados, y el tener un poco, aunque sea, de conocimiento sobre la misma, no perjudica, por la sencilla razón de que es a través de ella que pasa el meollo del todo, más en un mundo globalizado y de mercado abierto como en el que habitamos. Hemos escuchado en reiteradas oportunidades hablar del neoliberalismo y de lo nefasto que el mismo ha sido en el progreso de los estados, más que nada en los del tercer mundo o subdesarrollados. En Uruguay, dicha crítica no estuvo ausente, y quienes hoy nos gobiernan, arremetieron contra esa concepción con uñas y dientes, transformándose en un leit motiv del discurso de la izquierda, que la veía como el mal de todos los males, al que había que derribar, por una cuestión de patriotismo y defensa de la soberanía nacional. Consecuente con ese pensamiento, hace un tiempo atrás, el Ministro de Trabajo y Seguridad Social, Ernesto Murro, manifestó que: “En la década del 90, la economía creció seis veces más que los salarios y las pasividades”, agregando, en contrapartida, que en los gobiernos del Frente Amplio, se apostó al crecimiento con distribución, en una clara crítica a las políticas económicas aplicadas en dichos años. La afirmación realizada por el Ministro, si bien no es del todo errónea, no es exacta. El Índice de Volumen Físico (IVF) –que se utiliza para medir la evolución de la actividad económica en su totalidad, aplicándose a distintas ramas como la construcción, la producción manufacturera, la industria, la metalúrgica, etc.-, en las estadísticas proporcionadas por el Banco Central del Uruguay (BCU) en la década de los 90, indicó que la evolución de la economía nacional, registró un crecimiento de un 37%, lapso tomado desde el año 1990 a 1994, observándose una caída en 1995, volviendo a retomar el crecimiento hasta 1999. En tanto, el crecimiento de los salarios –cuya evolución es obtenida a partir del Índice de Salario Real elaborado por el Instituto Nacional de Estadísticas- rondó en el orden del 13,9% los salarios privados y los públicos en un 15,9%, lo que totaliza un aumento del salario real de 13,7%. “Por otro lado, los datos sobre las pasividades elaborado por el Banco de Previsión Social, muestran que a excepción del año 1995, la pasividades tendieron al aumento en toda la década de los 90, creciendo un 54,9%. Por lo tanto, el Sr. Ministro Murro se equivocó en su apreciación -quizás por desconocer los números y cifras manejados por el BCU, INE y el BPS-, debido a que la economía sí creció en la década de los 90 en relación con los salarios, pero no lo hizo 6 veces más como aseguró, sino que dicho crecimiento fue de 2,7 más, mientras que las pasividades, crecieron más que la economía en total, de acuerdo con la información brindada por dichos organismos estatales. Lo que se evidencia, es una notoria mala fe, al comparar tiempos económicos diversos y, porque no, mundos distintos, tratando de eclipsar la verdad y las coyunturas, en un obvio interés justificativo de la mayor inoperancia conocida, en tiempos de bonanza.En la década de los 90, los sucesivos gobiernos debieron estabilizar a un Uruguay que provenía de una época negra en cuanto a la inflación, la deuda externa, el crecimiento de la brecha entre ricos y pobres, con un alto desempleo y tantas otras nanas que heredaron de la dictadura. Lo hecho -consecuencia directa de las posibilidades existentes de maniobras, pocas en la tarea de “reconstrucción” de las distintas capas que conforman la sociedad, entre ellas las productivas-, fue sin embargo resultado de la voluntad, el criterio y la apuesta permanente hacia el futuro, cosa que no podemos decir de los últimos años de gobierno de izquierda, donde el espíritu del porvenir ha sido inexistente. En los 90, se comenzaron a aplicar políticas de suma importancia para el futuro del país, que desembocaron en lo que hoy es el desarrollo forestal, el portuario, el educativo, viviendas, reforma de la seguridad social, etc., los que también fueron puestos en su momento en tela de juicio, por aquellos que hoy, al pretender minimizar la incompetencia, la negligencia y la imprudencia con las que han manejado los recursos públicos, se retrotraen a casi 20 años, deseando revivir viejos y perimidos miedos, ante la inobjetable posibilidad de que el pueblo los desplace del poder por medio de las urnas.El Frente Amplio se hizo trampa al solitario, mintiéndole a su gente y erigiéndose en agente de un neoliberalismo al que tanto aborreció; terminando siendo él, quien aplicó y aplica recetas llenas de impuestos, restricciones, y ahorcamiento al trabajo y producción nacional, con cierre de fábricas, empresas y pérdida de mano de obra.En síntesis. La izquierda, no los partidos tradicionales, ha sido la mayor y mejor alumna del capitalismo feroz, que hizo y hace que cada día nos preguntemos: la economía en los 90, ¿fue tan mala en realidad?







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