La educación es más que un salario

El otro día me llegó un mensaje de esos en cadena que inundan los celulares, con la palabra Feliz Día de la Juventud, algo que me tomó de sorpresa, pero que a la vez me pareció bueno que se considere un día para homenajear a nuestra juventud, así como ayer lo hicimos con los niños, algo que tiene una impronta más de consumo que de otra cosa, pero al final de cuentas es parte del mundo en el que vivimos y con esto cada uno que lo lleve a su manera. Porque no es necesario para agasajar a alguien, sobre todo a los más pequeños, tener que comprarle algún objeto material, ya que sobre todo, en el caso de los más chicos, necesitan mucho más de otras cosas como recibir cariño, educación y contención, por mencionar solo algunas.
Pero me vino a la mente el hecho de que en Uruguay se celebre el día de la juventud, algo que considero que es positivo, sobre todo por la necesidad que siento que tenemos que darle a los jóvenes inspiración y motivaciones para que puedan sentirse parte de una sociedad que por lo general, les pone muchas trabas, más de las que necesitan para poder salir adelante en la vida. Uruguay tiene una crisis demográfica importante y encima, tiene un sistema educativo que sigue dejando a miles de jóvenes excluidos de la educación formal por muchos aspectos que todavía están vigentes y que de una vez por todas deberían apuntar a corregirse.
Si bien la cantidad de centros educativos existentes en el país y en Salto no son acordes a la cantidad de potenciales educandos que puede tener todo el sistema, la calidad de la enseñanza en las aulas, tanto por las carencias de recursos materiales como humanos, lejos de cosechar elogios debe preocupar bastante a las autoridades. Especialmente en un momento donde escuchamos los reclamos masivos de los sindicatos de la enseñanza y de las autoridades de la Universidad de la República que insisten en que hay una necesidad de darle más presupuesto a la educación pública, como si fuera un requisito esencial para mejorar la calidad de la educación estatal.
Esto es justamente lo que más me preocupa. Una de las pocas cosas en la que los uruguayos de izquierda o de derecha estamos todos de acuerdo, es con que en los últimos 10 años, la educación pública recibió la mayor asignación presupuestal de su historia. Entonces, ¿nos hemos puesto a pensar en cuáles han sido los resultados obtenidos? ¿O es que no exigimos nada a cambio de dotar de mayor presupuesto a la enseñanza?
¿Cuál es la contraprestación que se le exige al personal docente? ¿Cómo se controla y se evalúan sus resultados? ¿Qué rol cumple o ha cumplido el Instituto de Evaluación Educativa que preside la extitular del Consejo de Secundaria, Alex Mazzei? ¿Qué rol juegan los sindicatos cuando las cosas van mal y hay mucho ausentismo docente o altos índices de repetición? ¿Hay autocrítica en el ámbito docente? ¿Se escuchan reclamos de los estudiantes? ¿Quién los canaliza, cómo y dónde? ¿Cuáles son sus efectos? ¿Qué resultados tienen las Asambleas Técnico Docentes que promueven la suspensión de un día de clases para que los profesores discutan y analicen su actividad profesional?
Creo que podría seguir preguntando durante toda el espacio que lleva esta columna, pero el tema es ¿cuál sería el eco de mi cuestionamiento? Seguramente ninguno. Cuando estuvo en Salto la Comisión de Educación de la Cámara de Diputados, uno de los legisladores que la integra se molestó cuando simplemente pregunté en la conferencia de prensa a la que ellos mismos convocaron, cuál era la contraprestación o el compromiso que se le pedía al sindicato de docentes a la hora de evaluar dotar de mayor presupuesto a la educación pública. Ese legislador, que no me interesa mencionar para no darle protagonismo, no solo no me contestó, sino que además me inquirió acerca de qué tenía yo en contra de los sindicatos. Como si pedirle a los gremios que hagan un aporte para que la cosa funcione, fuera un ataque.
No le quise contestar porque entendí que su razonamiento era muy estrecho y me iba a embarcar en una discusión sinfin y primitiva como él. Porque estas personas que son elegidas en forma indirecta en una elección, ya que la gente vota a un candidato a presidente o al que encabeza la lista al senado (algo menos probable, pero a veces pasa) y el que viene prendido en la plancha de abajo sale diputado y por más lamentable que sea su participación en el parlamento, cree que tiene derecho a ser zapallo porque te endilga que la gente lo eligió, por más que la gente que él mismo dice que lo eligió, no tenga ni idea de que el tipo existe.
Pero el hecho es que la educación es algo serio y hay que tomársela de esa manera, para esto hay que mirar mucho más allá de los corporativismo y si alguien está realmente comprometido con la causa de la educación pública debe luchar por ella contra quien sea, incluso si debe pelear contra su partido político o en contra de su sindicato, si realmente entiende que la mejora de la educación es una causa pública y nacional, dará la batalla sin temor alguno.
Lo que pasa es que hay intereses encontrados entre quienes dan la pelea por una educación de calidad y quienes pelean por un sueldo, algo que también es legítimo porque nadie trabaja gratis y todos esperan poder tener una retribución que les permita vivir en forma decorosa. Pero eso es algo que debe dejarse en claro, porque los sindicatos reclaman mayor presupuesto también porque esperan incrementar el salario docente, y eso deben explicarlo, el gobierno debe entenderlo y todos deben analizarlo.
No estoy en contra de que se le aumente el sueldo a los docentes, mi madre ejerció esa noble profesión durante 40 años en la educación pública y quien esto escribe supo lo que es vivir de la enseñanza. Pero si bien estoy de acuerdo con que un docente sea un profesional de la educación y no un trabajador, porque entiendo, sin menospreciar a los trabajadores que denominarlos así es bajarle el nivel a los educadores, también estoy de acuerdo con que el Estado le hinque el diente al sistema y exija cambios sustantivos para mejorar la calidad de la enseñanza. Y si lo hace es porque los gobernantes se involucrarán en el tema y si se involucran, quizás las cosas comiencen a cambiar en serio.
En ese aspecto, se vienen discusiones importantes sobre la necesidad de dotar de mayor presupuesto a la educación, por eso mismo espero que en esas discusiones no solo se hable de presupuesto, sino que también se hable de las cosas que son necesarias para transformar al sistema. Porque no se lo debemos solamente a los docentes, se lo debemos principalmente a los jóvenes, que necesitan ser educados y deben recibir educación de calidad para el mundo en el que estamos viviendo. En mi juventud participé largamente de los gremios estudiantiles, tanto a nivel de secundaria como sobre todo en la Universidad y dábamos la misma batalla aunque en tiempos más difíciles, donde hablar de dinero para la educación, era gastar pólvora en chimango.
Espero que los sindicatos de la enseñanza, los políticos, que buena parte de los que ocupan cargos en la izquierda gobernante son exsindicalistas y que el gobierno, puedan tener discusiones que marquen el camino de una renovación del sistema educativo, en su ADN, como lo dijo el hoy presidente Tabaré Vázquez en su campaña electoral. Pero así como celebran el día de la juventud, que piensen en ellos y que lo que hagan por el bien de todos y no de unos pocos, o de un solo postulado, como es el caso del salario docente.

HUGO LEMOS