La fe, en uno mismo

La necesidad de creer en algo es lo que motiva la fe de mucha gente y la induce a hacer tal o cual cosa. Es que la fe mueve montañas y también es capaz de generar situaciones que si no fuera por este valor intrínseco del ser humano, mucha gente no haría determinadas cosas, ni siquiera hablaría de las mismas y mucho menos se pondría a pensar en si algo así es posible. humanos
En Salto existen muchas iglesias, que en el marco de la libertad de culto que puede profesarse en nuestro país, el cual es por opción laico, lo cual quiere decir que caben todas las religiones por igual y no se hace excepción a ninguna, porque en definitiva lo que importa es el Estado y sus acciones y no el dogma de una determinada religión.
Pero hay algo que escapa a las iglesias, ritos, religiones y cultos de cualquier tipo, y es la devoción de muchos salteños y extranjeros que llegan cada día hasta la Gruta del Padre Pío. La misma tiene una historia que la mayoría conoce y los que no, se han construido su propia leyenda sobre el tema generándose así un mito de cualquier manera.
Lo que importa, es que Pío, que nació en la localidad italiana de Pietrelcina el 25 de mayo de 1887 y que falleció en la ciudad de San Giovanni Rotondo, un 23 de setiembre de 1968, fue un fraile y sacerdote católico de la Orden de los Hermanos Capuchinos, y según el mito construdio a su alrededor era famoso por sus dones milagrosos y por los estigmas que presentaba en las manos, pies y el costado, todo esto le valió la canonización en el año 2002 por el entonces Papa Juan Pablo II con el nombre de San Pío de Pietrelcina.
Su vinculación con Salto surge de una manera no muy clara para quien esto escribe, puesto que he escuchado una serie de historias que en mas de una oportunidad, las mismas no tienen un punto de conexión entre sí. Aunque todas coinciden con la versión de un sacerdote que adujo que en el Obispado de Salto, Pío, del que también decían que podía cumplir con el fenómeno de la bilocación, le dio la extremaunción a Monseñor Damiani, cuando el Fraile Capuchino ni siquiera estaba en Salto, cuentan que apareció esa noche en la sede principal de la Iglesia Católica en nuestra ciudad.
Pero a este sacerdote la gruta que ostenta una inmensa e impresionante imagen, le valió por la amistad que a su vez tenía con otro salteño, Angel Tonna, el Toto, para sus amigos. Un tambero de la zona de Daymán cuyo establecimiento es mundialmente famoso por un presunto fenómeno OVNI ocurrido allí, el 4 de febrero de 1976, del cual aún se discute si tal cosa ocurrió o no. Y digo mundialmente porque hace muchos años mirando la serie Los Expedientes Secretos X en el canal Fox, nombraban la estancia La Aurora como un vórtice de energía para el mundo extraterrestre en nuestro planeta, algo que para muchos es real.
Esta situación la traigo a colación porque el fenómeno que acabo de mencionar, que se ha interpretado de muchas formas y ha despertado sentires de todo tipo en un montón de gente, ha hecho que muchísimas personas se aferren a imágenes de personalidades como estas, que tuvieron su pasaje por nuestro mundo y dejaron un legado antes de fallecer, que no fue otro que el de querer marcar un mojón con sus mensajes para que la humanidad entienda la vida de una manera especial, algo que algunos han comprendido bien y otros lo siguen prendiendo velas, haciendo promesas e incluso peregrinando cada uno de los kilómetros que separa la ubicación de la Gruta hasta nuestra ciudad.
Esas formas de manifestar la fe, son maneras de sentir en la vida y de creer que las cosas si se hacen de determinada manera van a ser positivas para quien las practica. Pero lo que más me llama la atención es que muchas de las personas que en este caso van a rendirle respeto y admiración a Pío, aunque lo menciono a él pero puede tratarse de cualquier otro, muchos de ellos parece que no creyeran en sí mismos, no se valoran, ni sienten que por ellos mismos pueden alcanzar con su capacidad y talento que traen innatos, todo lo que se proponen, sin tener que esperar que una persona a la que han llamado Santo, les conceda lo que necesitan para vivir en paz y tranquilos.
Son formas de ver la vida. La fe es importante para todo, pero principalmente para creer en uno mismo, porque si solamente basamos ese sentimiento, ese valor, como algo que sirve para creer en otro o en otras cosas que están por fuera de nosotros, nunca vamos a lograr el cometido de lo que buscamos y encima terminaremos echándole la culpa al santo de turno, por no habernos concedido como por arte de magia, lo que le pedimos con tanta devoción.
Una vez, una jueza me contó que le daba una profunda rabia ver cómo había gente que ingresaba a determinadas iglesias a dejar todo su dinero, por la promesa de que iban a recibir a cambio mejoras sustanciales en sus vidas. “Yo los procesaría por idiotas, pero no puedo, porque en Uruguay hay libertad de culto”, me dijo con total tranquilidad.
Con ello me resumió muchas cosas, cada uno manifiesta su fe como cree mejor, algunos entregando sus ganancias mensuales a la iglesia, otros rezando y haciendo ofrendas, otros peregrinando por kilómetros hasta llegar al lugar indicado y otros simplemente creyendo en algo superior, pero también en ellos mismos, sabiendo que como dijo Artigas en una frase máxima “nada podemos esperar sino de nosotros mismo”, haciendo un llamado a todos aquellos que la fe no es solo la creencia en un ser al que hay que admirar y venerar, sino que la fe es saber que podemos llegar a donde queramos hacerlo, sabiendo que no hay nada que se nos oponga.

HUGO LEMOS







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