LA HUMILDAD DE LOS GRANDES (PARTE 2)

Por Dr. Adrián Báez

Estimados lectores. Continuamos con la historia que comenzamos a compartir con ustedes en la columna anterior. MANODURAYPLOMO copia
Ese viejito, “el Loco”, fue galardonado como “Caballero de la Legión de Honor de Francia” y como “Comendador de los Cielos del Imperio Británico”, amén de todas las condecoraciones en todo lugar del mundo recibidas.
El que creó la Fuerza Aérea Argentina, “el Loco”, estaba limpiando todo para que su hogar luciera impecable para recibir a tamaños visitantes, aunque (en su humildad) no entendía mucho por qué querían conocerlo.
Se estaba por ir a dormir cuando a las 8 en punto de la noche, tocan el portero eléctrico. Escucha cómo su hija Esther habla en perfecto inglés con los visitantes y luego de la subida por ascensor, les abre la puerta……..fue verlo, que Zuloaga los saludara con una franca sonrisa, que Collins casi no pudiera ni emitir palabra en los 45 minutos que duró la reunión, que “Buzz” Aldrin le hiciera todas las preguntas que su compañero no podía ni balbucear (mientras le sacaba foto tras foto) y que el gigante, duro y ya legendario Neil Armstrong (Comandante del Apolo Xl) no parara de llorar como un chico. En el país de Superman, Batman y no sé cuántos héroes más de ficción, él estaba en ese momento ante el único superhéroe de su infancia, cuyas historias lo habían llevado a apasionarse por la aviación y ser el primer hombre en pisar suelo lunar. Simplemente estaba ante Ángel María Zuloaga, el “Loco”, y fue el día más feliz de su vida.
PD: Los legendarios astronautas (cual simples cholulos) quisieron llevarse un recuerdo de Zuloaga, cualquier cosa. Y al “Loco Zuloaga” se le ocurrió ir a la cocina a lavar los platitos, las cucharitas y los pocillos que tenían impreso el escudo de su viejo globo “Eduardo Newbery”, los mismos pocillos con los que hasta hacía un rato había compartido un cafecito con los imprevistos visitantes. Si uno va hoy al Museo de la NASA en Cabo Cañaveral, bajo increíbles artefactos y rodeado de objetos que representan epopeyas, en una vitrina y bajo una campana de cristal se encuentran expuestos a la admiración el juego de tres pocillos con sus platitos y cucharas utilizados en aquella pequeña velada. El cuarto pocillo con su cuchara y platito, el utilizado por Ángel María Zuloaga, sigue estando aún hoy expuesto en el hogar del ya fallecido “Capitán del Espacio” Neil Armstrong, en la que él llamaba su habitación de trofeos.
Simplemente, este relato demuestra, bien entendida, la humildad de los grandes.