La llave en sus manos

Cuando uno escucha hablar a los analistas sobre cuáles son las principales preocupaciones que tiene la gente en el país, todos aciertan en dos temas: el empleo y la seguridad. Esos dos aspectos de la vida de los uruguayos parecen ser medulares a la hora de medir el impacto en el bolsillo y en la tranquilidad de las personas para poder desarrollarse y tener una vida plena.
Tras estos dos temas, aparecen luego otros aspectos bien fundamentales para la vida de la gente que son la vivienda, la educación, la salud, el acceso a los servicios, etc. Sin embargo, la relevancia parece estar centrada en los dos grandes temas como son el empleo y la seguridad.
El empleo, porque hay una situación bastante problemática con respecto a este, que es el hecho de poder saber dónde estamos parados de cara a la realidad y sobre todo a lo que se viene. El mundo se ha vuelto tremendamente competitivo y la falta de preparación para el desarrollo de una tarea específica cercena las posibilidades de mucha gente de poder asegurar o por lo menos tener la tranquilidad de que no le va a falta trabajo y con esto, el sustento diario.
Uno piensa todo el tiempo en estas cosas, máxime cuando tiene hijos, donde espera que los mismos recorran un camino mejor que el que hemos hecho los padres, para que no sufran los mismos contratiempos que podamos estar atravesando nosotros, por nuestras malas decisiones en el pasado. trabajo
El hecho de tener una preparación puntual es importante, porque uno sabe dónde y cómo poder explotar sus potencialidades y en ese sentido, poder destacarse en un tema, para sacar rédito y profesionalizarse.
Es que estamos ante el advenimiento de un mundo tendiente a la precarización laboral. Donde es más fácil para la parte empleadora que quien se postule para tomar un cargo, cuente como trabajador independiente con una empresa unipersonal y en tal sentido, puedan eximir su responsabilidad en determinados casos, y sobre todo en lo que refiere al aporte económico, no tener que pagar el régimen de dependencia, que impone el pago de salarios vacacionales y aguinaldos entre otros beneficios.
Así viene siendo el nuevo régimen de la economía liberal en muchos países de la región y el mundo, donde las relaciones laborales tienden a precarizarse y en tal sentido, a generar un estado de inestabilidad para aquellos que se ven suplidos por una máquina, en la llamada automatización laboral, por no contar con una preparación puntual.
Ese aspecto nos pone a todos a prueba, donde debemos saber encontrarnos frente al mundo que se viene, porque de lo contrario estamos fritos. Ayer veía a un joven con la mochila puesta del reparto de alimentos que se cumple a través de la aplicación Pedidos Ya. Estos regímenes de empleo han venido siendo denunciados por las organizaciones sindicales que entienden que los mismos no son tenidos en cuenta con la categorización y el régimen legal pertinente.
Pero el sistema legal que se ha conformado en torno a los procesos de modernización de las relaciones laborales, donde el uso masivo de la tecnología por parte de los usuarios incide y mucho en los consumidores y son los que después ponen las reglas de juego en el mercado, es proclive a que se haya tendido a la precarización cada vez más.
En uno de sus últimos libros sobre la relación del mundo del trabajo ante el avance de la tecnología a pasos agigantados, el destacado periodista argentino, Andrés Oppenheimer, escribió el título “Sálvese quien pueda”, refiriéndose al futuro de las relaciones laborales en las próximas décadas donde más del 50 % de los empleos que se conocen actualmente, desaparecerán totalmente por su falta de sentido y de utilidad en el mundo moderno.
Esto siempre y cuando todas las empresas se pongan al corriente con la tecnología, cosa que no ha ocurrido mucho en nuestro país, pero que de igual manera, el mercado se ha direccionado en ese sentido.
Si bien los principales candidatos de los distintos partidos políticos hablan del tema y manejan las cosas de esa forma, no profundizan en el tema con la finalidad de de no espantar votos. Pero la idea es mandarlos a estudiar y no solo robótica, matemática, informática, etc. Sino buscar la manera de generar formación específica sobre los requerimientos que el mundo moderno imponga en los próximos años.
Las escuelas públicas se preparan de una forma y la privadas de otra. Entonces todos esos planes deberían ser revisables a la hora de ser impartidos, para verificar si lo que se está enseñando es a mirar por la ventana el mundo que se nos viene encima. Nuestros hijos necesitan de eso, precisan que les enseñemos a mirar la tecnología ya no con los juegos de vídeo, que solamente los aliena y no los ayuda en nada, sino a bucear en los programas que les puedan brindar alguna utilidad.
La discusión, por más aburrido que parezca el tema, es importante y por lo tanto debe darse. No se discute más que en algún cenáculo que intenta abrir sus puertas, como el caso de Eduy 21, pero nadie le da mucho corte o al menos el indicado.
Salto se ha convertido en un polo de desarrollo educativo que debe ser potenciado por las autoridades, con el fin de que los mismos puedan enseñar temáticas referidas al medio y a la región, para que los pobladores de esta zona puedan servir aquí, conociendo el lugar que habitan.
Pero por ahora, parece que eso está lejos de ser comentado. La gente se preocupa por tener un empleo que le permita comer y pagar las cuentas, pero no por preparar a sus hijos para el país que se viene. Esa falta de mirada al corto plazo es la que nos pone antiparras para ver la realidad. Y cuando vemos que se pierden puestos de trabajo, no es por el liberalismo económico solamente, o por la presión tributaria que imponen los gobiernos de izquierda, sino por la falta de mercado y de personas preparadas para ofrecer sus servicios desde sus potencialidades y así ganarse el pan dignamente sin que otro les dé de comer en la boca.
Llegó la hora de discutir sobre estos temas. Alguien tendrá que asumirlos por más costo político que haya. La gente quiere empleo, y quizás la llave para conseguirlo, está en sus propias manos.

HUGO LEMOS