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LA OBLIGACIÓN DE PENSAR EL URUGUAY QUE QUEREMOS SER

Por Dr. Adrián Báez

Estimados lectores. Se acerca la etapa preelectoral y ya podemos divisar en el horizonte, varios movimientos que nos indican que, las colectividades, comenzaron a preparar sus menús de candidatos, sea para el cargo electivo que fuere.
Indudablemente que, lo que más anhela saber cualquier ciudadano que se preocupe por la política y el Uruguay (hay quienes no revelan el más mínimo interés por ninguno de ellos), es con cuáles precandidatos a la presidencia contarán los partidos, para así -como corresponde en una democracia que se jacte de tal-, elegir dentro de sus preferencias, al que más le guste, o en el peor de los casos, al menos peor de todos, como encargado de dirigir por 5 años, los destinos de la Patria.
Sucede que, en los últimos años, la ciudadanía ha venido sistemáticamente perdiendo la fe en quienes deberían ser los principales propulsores de esperanzas colectivas: los políticos. Hemos hablado de ello en varias ocasiones; pero, es imposible no recalcarlo en cada oportunidad que tengamos, por una cuestión de honestidad intelectual y justicia a la noble profesión de dirigente político, tan olvidada, en la amplitud de su real concepto, por quienes son los artífices del decaimiento de su buena concepción general.
Desearíamos que, en esta etapa, todos, aunque sabemos que es un tanto surrealista y utópico, pensáramos, antes de colocar el sufragio en la urna, en qué país desearíamos vivir, y qué futuro nos gustaría legarle a nuestros hijos; más que en la simpatía que nos causa tal o cual candidato.
Ergo. Bregamos porque la política vuelva a ser ese espacio digno de formar parte; donde quien logre elevarse en representante de sus pares, honre ese honor, con responsabilidad, decoro, austeridad (que no es lo mismo que dejadez y chabacanería, ojo), y, sobretodo, el semillero de ideas que piense el Uruguay del mañana, como un todo indivisible, sin diferencia de colores, y sin obstáculos mezquinos que solamente aportan atraso y postergación.
Algunas vez Wilson Ferreira Aldunate dijo que: “El Uruguay es y solamente es una comunidad espiritual”. Cuanta razón. Uruguay pide a gritos, los uruguayos sentimos la necesidad de que se tome conciencia y se tracen los caminos para alcanzar nuevamente esa comunión espiritual que, lamentablemente, se ha venido minando sistemática y gradualmente. ¿Los responsables?…
Ya no interesan las culpas, aunque quienes las tengan deberían de hacerse cargo; lo que debe de aquí en adelante, o debería, canalizar nuestras energías, es el debate serio, pormenorizado, maduro, de cuáles son las problemáticas que aquejan a nuestra sociedad, y buscar esas posibles soluciones que deben abarcar no a un gobierno determinado, sino que, a varios.
Al resultado de esa manera de trabajar, se le llama Política de Estado. Esas palabras han sonado mucho; lástima que nunca se concretaron. Han existido coreografías “pour la galerie”, o sea, con la finalidad de provocar un efecto determinado ante un auditorio particular, que necesitaba oír tal o cual ”aparente” solución al dilema del momento; recordemos, para poner ejemplos, las reuniones por la seguridad en la Torre Ejecutiva y sus magros o nulos logros; y la eterna negativa a la celebración de Tratados de Libre Comercio -que muchos beneficios traerían al país-, como “salvaguarda de la soberanía popular”, mientras Chile, que hasta hace pocas semanas era gobernada por la izquierda, ya va por el número 21 y tiene el trillo limpio para muchos más.
A lo que apuntamos, es a que sintamos, la preocupante coyuntura social que enfrentamos, y que es menester asumir nuestra cuota parte de responsabilidad e involucrarnos en cambiarla para bien.
¿Cómo hacerlo? Escuchando las propuestas, primero; y después de evaluarlas, eligiendo a quien nos haya inculcado la obligación de pensar el Uruguay que queremos ser.