LA PAZ DE COLOMBIA, ES DE LOS COLOMBIANOS

Por Dr. Adrián Báez
Estimados lectores. El pueblo colombiano habló en las urnas, y eso debe de bastar; por lo menos por ahora.
Que el actual acuerdo de paz alcanzado entre el gobierno del país caribeño y las FARC, no haya sido respaldado por la mayoría de los ciudadanos, aunque la diferencia con los que sí, sea mínima, no mina los esfuerzos realizados por las dos partes en terminar de una vez y para siempre con el enfrentamiento armado que desangró a Colombia por más de 50 años ininterrumpidos, ni cierra la posibilidad de que más adelante se pueda plantear una renegociación que dé luz verde a un sí.
Sucede que en cuestión de sentimientos y sufrimientos tan a flor de piel como los vividos allí, no todos asumen las mismas actitudes, ni consideran llegar a la pacificación por los mismos medios, posturas entendibles y que deben ser respetadas, pues ambas, con sus matices, buscan el mismo horizonte, el vivir en armonía.
Unos apostaron a la amnistía irrestricta como camino de reconciliación nacional, dejando de lado los “rencores” o “venganzas”, por más justificados que los mismos sean, en el entendido que se debe dar vuelta la página, y comenzar a transitar un nuevo porvenir; los demás, están convencidos de que con terroristas no se debe de negociar, los que deben asumir sus culpas y pagarlas, en honor a la Justicia, siendo condenados y presos por la enormidad de muertes, secuestros, torturas y otros delitos, entre los que no se excluye el narcotráfico, y que puso de rodillas a aquella nación, por largo tiempo.
En Uruguay, salvando las diferencias y la longevidad del conflicto, hubo algo parecido en las dos instancias en las que el pueblo compareció a sufragar a favor o en contra de la Ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado; unos, por el perdón, o “Cambio en Paz”, como se llamó al proceso de retorno a la Democracia en la primera oportunidad; otros por el sometimiento a la Justicia de los perpetradores de la violación de los Derechos Humanos de cientos de compatriotas durante la última Dictadura.
En las dos votaciones ganó la continuidad de dicha norma, que justa o injusta, ese es otro tema, no aminoró el fuerte y firme deseo de los Uruguayos de vivir fraternalmente, defendiendo cada cual su visión, y luchando por lo que consideran justo, sin menoscabar la paz que debe reinar en un país democrático y sometido a las reglas del derecho.
Más allá del resultado, compartible o no, Colombia demostró madurez y soberanía; esperamos que ese voto sea respetado por la comunidad internacional en general, y por el propio pueblo colombiano en particular, y que no constituya un factor desestabilizador ni mucho menos de un nuevo enfrentamiento entre hermanos; sino que sea un verdadero primer paso para el logro de un consenso unánime, que solamente Colombia puede darse, abatiendo las armas destructoras, y a los que pretenden imponer su verdad por medio de ellas, tanto de un lado, como del otro.
Para el mundo entero, ayer, Colombia fue ejemplo de Democracia; Colombia fue ejemplo de Soberanía, y dejó más que claro que, la paz de Colombia, es de los Colombianos.







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