LA PROPUESTA DE MANINI RÍOS

Por Dr. Adrián Báez.
Estimados lectores. Gran revuelo provocaron las declaraciones del Comandante en Jefe del Ejército Nacional, Guido Manini Ríos, al proponer que aquellos jóvenes, que no son pocos, que no estudian ni trabajan, popularmente conocidos como los “ni-ni”, se puedan incorporar al Ejército con la finalidad de enseñarles educación cívica, disciplina y lo más importante, un oficio.
No demoraron en hacerse escuchar las voces de los que opinan y ven a las Fuerzas Armadas como el cuco de antaño, comparando, a la no despreciable, pero discutible propuesta del Comandante en Jefe, con la vieja colimba.
En realidad es un tema que aqueja al Uruguay desde hace tiempo y que ante los ojos de la verdad no se ha podido dar con una solución certera; mucho se ha supuestamente “invertido” en la juventud por parte de ministerios como el Mides, cuyos resultados paupérrimos han dejado a entrever la desorientación del plan y lo infructuoso del esfuerzo, si es que existió y existe.
Ante el deseo del gobierno de dialogar, todas las ideas que contribuyan a encontrar soluciones, deben de ser bienvenidas; si el Ejército, que forma parte de la sociedad uruguaya mal que le pese a muchos, considera que puede aportar y ser parte de la solución de una problemática tan difícil de superar, que no se le cierren las puertas y que contribuya; ahora, será necesario, como corresponde y muy acertadamente lo manifestó el jerarca de las armas: “un marco legal, apoyo en cuanto a recursos y el trabajo en conjunto de distintos ministerios”; lo que significa el compromiso y la articulación por parte del poder civil, acorde a una democracia.
Agregó Manini Ríos, que los posibles participantes podrían cobrar el 50% de la remuneración de un soldado, a modo de estímulo, cosa que no debe descartarse de plano en caso de ser aceptada e implementada la idea, pues sabido es que en la actualidad, sería una o quizás la única manera de que quienes accedan a formar parte de dicha experiencia, lo hagan, lo que sería algo.
No tenemos aún una opinión formada al respecto y consideramos que como todo punto que haga al futuro de las nuevas generaciones, debe de ser estudiado en sus pro y contras; analizado en sus posibles beneficios para los involucrados, y siempre discutido por los idóneos en los temas psicológicos, educativos y sociales.
Dirán, como me lo han dicho, que esos jóvenes deben de ser partícipes y que se les debe aplicar un riguroso adiestramiento para encaminarlos; y respondemos que no, y que sí; que no, que ese no es, ni puede ser el camino; pues si alguien tiene la responsabilidad primaria de que esos muchachos se encuentren a la deriva, ese alguien es su padre o madre, y si carece de los mismos o si éstos son peores que aquellos, el responsable es el Estado, quien no ha encontrado aún un camino claro de cómo entablar políticas educativas y de contención; y que sí, pues algún horizonte debe de serles mostrado, con las responsabilidades y obligaciones que como futuros hombres y mujeres de bien que deberían aspirar a convertirse, tendrán que respetar, ejercer y cumplir.
Preferiríamos que fueran los políticos, a los que respaldamos para que piensen en como dejar un poco mejor al Uruguay de cómo lo encontraron, los que apuesten a la innovación; aunque nos alienta que también sean artífices de la vida del país, aquellos cuya función es otra, pero que se atreven a dar una propuesta polémica, la que agrada muchísimo más que la incapacidad e inoperancia de los dirigentes de todos los partidos, quienes se afanan en decir lo políticamente correcto y no lo que se debe sostener en verdad, por no parecer antipáticos y perder votos en las elecciones más cercanas.
Repetimos; no tenemos una opinión firme respecto a la propuesta del Comandante en Jefe del Ejército; pero aplaudimos el coraje cívico en ponerla en la palestra pública, pues siempre es preferible una idea, aunque no la compartamos, que la ausencia de ella.
Ha llegado un punto de la vida del Uruguay, que ante la transigencia en no brindarle soluciones a las inquietudes de la ciudadanía, la clase política deberá, si no desea caer en el ostracismo y cometer errores ya cometidos, comenzar a preocuparse menos del pasado, y más en el porvenir.







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