LA REVOLUCIÓN TRUNCA

Por Dr. Adrián Baez
Estimados lectores. Pasaron los cinco años de gobierno del presidente Mujica, y los augurios transformadores, pasaron con él.
Aquella expectativa creada por su discurso de asunción, el 1° de Marzo de 2010, se desvaneció como la esperanza de todos los que creíamos, y nos incluimos sin tapujos, en que con la personalidad popular y transgresora del mandatario, pudiera llevar adelante reformas y contra-reformas necesarias para el advenimiento del futuro del país; pero la decepción ha sido grande; ni temblaron las raíces de los árboles por parte de Vázquez, ni se reformó el estado y muchísimo menos se mejoró la educación, con Mujica.
Estuvimos convencidos durante la campaña electoral del 2009, que el revolucionario, sería el hacedor de un montón de cosas buenas para el ciudadano; veíamos con curiosidad el desarrollo de los acontecimientos, pues asumiría el timón de la República, uno de los hombres que en la década del 60, supo poner en jaque a la democracia e instauró el terror a causa de sus ideales, que iban, según los argumentos del momento, contra una sociedad burguesa y explotadora, que avasallaba a los compatriotas y no dignificaba sus derechos; sin embargo, una vez ocupado el poder, de quienes menos se esperaba, quienes más se enfrentaron al sistema corrupto, se alinearon como nadie a él y se aburguesaron de tal manera, que se olvidaron de realizar los ideales por los que llevaron a tiempos oscuros a la vida del Uruguay.
Durante los cinco años de la administración tupamara, desfilaron funcionarios por los juzgados; se perdieron millones en negocios turbios y de dudosa transparencia; se arremetió contra la justicia y la separación de poderes, con un ahínco inusitado; se aprobaron y promulgaron leyes inconstitucionales que nacieron por presión de bombos y platillos; se destrozó la tradición de la política exterior y se redujo a nada la representación de la misma; empeoró la salud; la educación aseveró la idea de cuanto más ignorantes sean los ciudadanos, de mejor forma los manejamos; se derrochó el dinero público en excentricidades de los directorios de Entes y Servicios Descentralizados; gobernaron los sindicatos en vez de hacerlo los auténtico y legítimos representantes del pueblo; se dieron marchas y retrocesos en decisiones importantes; se quiso instaurar la cultura de que lo político impera sobre lo jurídico y se   ensanchó la división de los uruguayos entre buenos y malos.
Conclusión: el gobierno del presidente Mujica, pasará a la historia sin pena ni gloria. Claro, para quienes ven a la política con seriedad y con un norte. Supo sí, y reconocemos el esfuerzo, hacer por sí mismo, la obra del Plan Juntos; fue el único funcionario izquierdista que puso en práctica su prédica socialista. Lamentablemente el camino, si bien tuvo resultados importantes, no era el correcto, al existir un Ministerio de Vivienda y una Agencia Nacional, responsables del área, pero, al gritar entre sordos, es decir, sus correligionarios, se vio obligado a transitar sólo por el desierto, como lo hizo por toda su administración.
Claro está, que Mujica llegó al poder con muy buenas y claras intenciones; pero su falta de liderazgo y de carácter, sumados a su fuerza política y compañeros, quienes como lo hicieron en el primer gobierno frentista, no comprendieron de qué se trataba la cosa, actitud que deseamos, cambie en la administración entrante; impidieron cualquier acción.
Don José Mujica, será recordado por su farandulerismo; por pretender acceder al Premio Nóbel de la Paz; por darse a conocer como un presidente pobre, lo que no lo es; por disertar sobre las bondades de la democracia y de la política, cuando no supo, o lo hizo a regañadientes, respetarla antes y durante su gestión; por sentirse atraído por los flashes de las cámaras de las revistas cool del momento y disfrutar con el insulto constante a quienes pensaban distinto a él. Triste evaluación para un hombre que supo generar esperanzas entre propios y ajenos. Nada deja para el advenimiento del futuro del país al que antes nos referimos.
Personaje multifacético, al que le tocó timonear un barco rico y próspero, del que no supo o no quiso, o no le permitieron sacar provecho, para afrontar un mañana que ya es hoy, y que recriminará tanto derroche y falta de visión.
Millones de palabras al viento; enormidad de anuncios inconclusos; y un período de gobierno que se recordará, si se es justo, como la revolución trunca.
Por Dr. Adrián Baez
Estimados lectores. Pasaron los cinco años de gobierno del presidente Mujica, y los augurios transformadores, pasaron con él.
Aquella expectativa creada por su discurso de asunción, el 1° de Marzo de 2010, se desvaneció como la esperanza de todos los que creíamos, y nos incluimos sin tapujos, en que con la personalidad popular y transgresora del mandatario, pudiera llevar adelante reformas y contra-reformas necesarias para el advenimiento del futuro del país; pero la decepción ha sido grande; ni temblaron las raíces de los árboles por parte de Vázquez, ni se reformó el estado y muchísimo menos se mejoró la educación, con Mujica.
Estuvimos convencidos durante la campaña electoral del 2009, que el revolucionario, sería el hacedor de un montón de cosas buenas para el ciudadano; veíamos con curiosidad el desarrollo de los acontecimientos, pues asumiría el timón de la República, uno de los hombres que en la década del 60, supo poner en jaque a la democracia e instauró el terror a causa de sus ideales, que iban, según los argumentos del momento, contra una sociedad burguesa y explotadora, que avasallaba a los compatriotas y no dignificaba sus derechos; sin embargo, una vez ocupado el poder, de quienes menos se esperaba, quienes más se enfrentaron al sistema corrupto, se alinearon como nadie a él y se aburguesaron de tal manera, que se olvidaron de realizar los ideales por los que llevaron a tiempos oscuros a la vida del Uruguay.
Durante los cinco años de la administración tupamara, desfilaron funcionarios por los juzgados; se perdieron millones en negocios turbios y de dudosa transparencia; se arremetió contra la justicia y la separación de poderes, con un ahínco inusitado; se aprobaron y promulgaron leyes inconstitucionales que nacieron por presión de bombos y platillos; se destrozó la tradición de la política exterior y se redujo a nada la representación de la misma; empeoró la salud; la educación aseveró la idea de cuanto más ignorantes sean los ciudadanos, de mejor forma los manejamos; se derrochó el dinero público en excentricidades de los directorios de Entes y Servicios Descentralizados; gobernaron los sindicatos en vez de hacerlo los auténtico y legítimos representantes del pueblo; se dieron marchas y retrocesos en decisiones importantes; se quiso instaurar la cultura de que lo político impera sobre lo jurídico y se   ensanchó la división de los uruguayos entre buenos y malos.
Conclusión: el gobierno del presidente Mujica, pasará a la historia sin pena ni gloria. Claro, para quienes ven a la política con seriedad y con un norte. Supo sí, y reconocemos el esfuerzo, hacer por sí mismo, la obra del Plan Juntos; fue el único funcionario izquierdista que puso en práctica su prédica socialista. Lamentablemente el camino, si bien tuvo resultados importantes, no era el correcto, al existir un Ministerio de Vivienda y una Agencia Nacional, responsables del área, pero, al gritar entre sordos, es decir, sus correligionarios, se vio obligado a transitar sólo por el desierto, como lo hizo por toda su administración.
Claro está, que Mujica llegó al poder con muy buenas y claras intenciones; pero su falta de liderazgo y de carácter, sumados a su fuerza política y compañeros, quienes como lo hicieron en el primer gobierno frentista, no comprendieron de qué se trataba la cosa, actitud que deseamos, cambie en la administración entrante; impidieron cualquier acción.
Don José Mujica, será recordado por su farandulerismo; por pretender acceder al Premio Nóbel de la Paz; por darse a conocer como un presidente pobre, lo que no lo es; por disertar sobre las bondades de la democracia y de la política, cuando no supo, o lo hizo a regañadientes, respetarla antes y durante su gestión; por sentirse atraído por los flashes de las cámaras de las revistas cool del momento y disfrutar con el insulto constante a quienes pensaban distinto a él. Triste evaluación para un hombre que supo generar esperanzas entre propios y ajenos. Nada deja para el advenimiento del futuro del país al que antes nos referimos.
Personaje multifacético, al que le tocó timonear un barco rico y próspero, del que no supo o no quiso, o no le permitieron sacar provecho, para afrontar un mañana que ya es hoy, y que recriminará tanto derroche y falta de visión.
Millones de palabras al viento; enormidad de anuncios inconclusos; y un período de gobierno que se recordará, si se es justo, como la revolución trunca.