Las enfermedades que ellos quieren

Cuidar la salud siempre es importante, es uno de los aspectos más relevantes de la vida humana y que deberíamos tener en cuenta cada día con el fin de tener una existencia no solo más prolongada, sino además placentera.
Pero por lo general, lo que menos hacemos es preocuparnos por esto y le damos de punta a todo lo que nos hace mal, a sabiendas de que nos estamos enfermando con los malos hábitos que practicamos todos los días. salud
Fumamos mucho y lo hacemos como si nada, porque total, salimos a caminar el fin de semana y creemos que eso nos ayudará a expulsar la cantidad de nicotina que tenemos en la sangre, comemos frituras, grasas, comida a base de transgénicos y no medimos las consecuencias de absolutamente nada. Hasta escribir de este asunto, que es el más importante de todos, parece un embole. Puede sonar aburrido y que muchos digan: ‘sí, sí, más de lo mismo’.
Sin embargo, habría que rescatar la vieja frase de que ‘letra con sangre entra’ y no es que se vaya a obligar a nadie a empezar a comer sano, a hacer ejercicio o a mirar lo que está consumiendo cuando compra un paquete de arroz o de harina en el supermercado, sino que hay que insistir en algo importante: ‘somos lo que comemos’. Y mientras comamos más porquerías, peor nos va a ir.
Y ese dinero que ahorramos ahora en comprar productos alimenticios que tienen baja calidad de nutrientes, se lo terminaremos dando a las mutualistas después o peor todavía, a una empresa fúnebre, y hay que decirlo y pensarlo, sin dramatismos, porque el mayor drama es seguir teniendo la vida sedentaria y de desnutrición que tenemos.
Estar desnutrido no es no comer nada, sino comer mal y eso se entiende por no comer literalmente, como ocurre en los casos de extrema pobreza que lamentablemente tenemos aún, por más que haya políticos que se nieguen a ver esta realidad, y también por ser sedentarios y comer de manera desordenada.
Hace pocos días EL PUEBLO publicó un informe en su sección Pantallazo Hortícola del colega Emilio Gancedo, que decía que el mayor problema de salud en los uruguayos se daba por el sobrepeso, que padece más de la mitad de la población, por la falta de hábito del consumo de frutas y verduras.
Y la pérdida de ese habito en un país que es productor de este tipo de alimentos, es un crimen. Y si trasladamos el tema a Salto, peor aún, ya que si bien no es para pasarle la mano por el lomo a las sacrificadas familias de productores hortícolas de nuestro medio, que son decenas y que trabajan mucho y muy bien, aunque a veces económicamente no les vaya como debería irles, contamos con un stock de productos alimenticios de primer nivel que deberíamos saber aprovechar.
Porque si vamos al caso, comprar en una verdulería este tipo de alimentos frescos y sanos, hasta económicamente es redituable para la cartera de la dama y el bolsillo del caballero, entonces en ese sentido, no hay falta de acceso a los mismos, porque los precios de un kilo de una fruta o de una unidad de vegetales, no superan en la mayoría de los casos los 100 pesos uruguayos, pero nadie hace un almuerzo de eso.
Aunque en este negocio, el tema del uso de transgénicos en la fruta y la verdura también se las trae y hay que tener cuidado muchas veces con pensar que una verdura o fruta de mayor tamaño es lo que debería consumirse, porque eso no asegura la calidad natural del producto. Pero en general, hay que tener cuidado como en todas las cosas, porque cuando vamos al supermercado debemos mirar en las latas o en los envases qué es lo que contienen los productos que buscamos y eso debería pasarnos a su vez en las verdulerías.
El tema de tener una alimentación saludable viene a colación de los problemas de atención que se generan posteriormente en el sistema de salud, tanto en el subsector público como en el privado. La saturación de pacientes para la atención en una sala de emergencias, ante una mayor demanda y ante la misma oferta de profesionales médicos para brindar asistencia que imponen las instituciones, generan problemas de todo tipo a la población.
Primero, las demoras típicas del caso, porque él o los (con suerte), médicos que deben prestar asistencia están llevando adelante una atención de muchas horas a muchos pacientes de manera continua, lo que no les permite razonar bien cada caso y hay veces, que estas situaciones pasan a ser las más y terminan promoviendo el uso de antibióticos en niños y adultos, como manera fácil de salir del asunto.
Cuando por lo general, lo primero que necesitan es que les hagan un análisis para descartar que pueden tener una bacteria y que por lo tanto, lo que necesitan, es alimentarse bien, descansar y hacer ejercicios y no taparse de pastillas que los harán dependientes del consumo farmacológico y hasta incluso, les extenderá su dolencia, convirtiéndola en enfermedad.
Por eso la calidad asistencial muchas veces no es la adecuada, tanto a nivel privado como público, el reclamo del usuario no se hace de manera correcta, y termina siendo parte de un sistema que lo domina y lo convierte en una oveja apilada detrás de una consulta, la que encima, después termina haciendo fila en una farmacia para levantar lo que la industria farmacéutica indica muchas veces, por encima del arte de la medicina, que esa persona debe consumir.
En tal sentido, la vida humana, que es un milagro y por lo tanto hay que cuidarla, debe tener un valor que no le estamos dando, que pasa por saber cuidarnos, aprender a querernos, y sentir que si no hacemos algo por cambiar nosotros, la preservación de la especie se termina antes de lo previsto, porque lejos de hacer que nuestra vida se prolongue, sea mejor y nos ayude a tener las energías necesarias para ser seres que demos aportes a la sociedad a la que pertenecemos, solamente seremos números de un cúmulo de cosas, que tienen un principio y un final sin sentido alguno.

HUGO LEMOS







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