LAS OPORTUNIDADES PERDIDAS

Por Dr. Adrián Báez

Estimados lectores. Es increíble la soberbia con la que actuó y actúa el gobierno nacional, en lo que respecta a la situación económica-financiera del país; primero, cuando la oposición o el ciudadano común alertaba que la cosa no venía bien y que la otrora bonanza y holgura ya no eran tal, achacaban a la derecha la intencionalidad de desmotivar y crear cucos inexistentes con el fin de obtener réditos electorales; ahora, que la coyuntura los obligó a reconocer algo que no podía esconderse por mucho más tiempo, como es la evidente contracción de la economía, sea por los motivos que fueren, argumentan que si bien hay ajuste, no se compara con los tarifazos impuestos por Macri a los argentinos, y que lo que se procura es que el que tiene más pague más, en un reiterativo y ya cansador discurso populista, que bien sabemos no es tal, sino que pretende tapar el haberse quedado sin dinero, el que precisan sacar de algún lado para continuar con su clientelismo y derroche. MANODURAYPLOMO copia
Después de años en los que los que sabían mucho del tema y los que padecían la realidad sugerían un poco de austeridad, solicitando, también, que por la fortuna por la que se atravesaba se invirtiera en infraestructura vial, edilicia, tecnológica, educativa, en una buena salud, con todo lo que ella acarrea; hoy, el presente, da un buen tirón de orejas, comunicándonos que el viento de cola pasó, y que aquellas reformas necesarias y anunciadas con bombos y platillos, no se realizaron y, que por lo tanto, no se realizarán más, pues la recesión toca nuestra puerta y es inevitable.
Lamentablemente, éste gobierno de izquierda que durante tantos años se jactó de ser el gobierno que permitiría al Uruguay encontrar la redención; que sería una administración en la que los más humildes serían los más privilegiados, parafraseando al Prócer, pues ellos eran los únicos capaces de llevar dignidad al pueblo; demostró no tener la capacidad, ni las ganas, ni el más remoto brote de previsión, para entender que la historia es cíclica, y que toda bonanza llega a su fin, y, que si no se actúa con responsabilidad y mesura, la misma no deja nada más que anhelo, añoranza y frustración por lo no hecho.
Ante la falta de recursos, el gobierno postergó en el 2016, $ 2.964 millones presupuestados para áreas esenciales de la vida nacional, para el pasado 2018: $ 793 millones correspondientes a la Administración Nacional de la Educación Pública; $ 544 millones de la Universidad de la República; $ 350 millones derivados a ASSE y $ 200 millones que irían al INAU, debiendo ser los organismos los que definirían qué programas serían afectados por las postergaciones presupuestales. La gran interrogante es, ¿qué ha pasado con dichos recursos, ya que transitado el 2018, no se vieron resultados?
Pero, por mientras, el gasto anual del Estado es de U$ 12.000 millones, cuando en el último año del gobierno del Dr. Batlle, fue de U$ 2.300, lo que representa un aumento de un 500%; el gasto diario, U$ 27.400.000, con los que se podrían hacer: 1.370 viviendas; 55 hospitales y 274 escuelas o liceos por día. Dichos datos, son a modo de ejemplo, del despilfarro promovido por el mal llamado “progresismo”.
Una vez más, el cuento del tío le fue hecho al ciudadano; y no vale excusa alguna, pues luego de cubrir tantos fracasos empresariales como Pluna, Ancap, e ainda máis; quedó más que demostrado que los que ayer se embanderaban con el progreso de su gente, bregan, como lo han hecho en los últimos 15 años, por el de sus acólitos y secuaces.
En tanto, el Uruguay que pudo y debió haber despegado, demostrando al mundo que aunque fuese pequeño en recursos económicos, militares y naturales, tenía la visión de forjar por medio del bienestar de todos sus habitantes, buenos hábitos y mejores resultados; ve impotente cómo se optó por lo mediocre y pueril, asumiendo que, ahora, mal que le pese, no hay marcha atrás.
Mientras tanto; la educación, la salud, la niñez y adolescencia, y los trabajadores, pagarán por la ineficacia, ignorancia, inmoralidad y desinterés de los pésimos gobernantes que, nosotros, los propios uruguayos, nos hemos dado; los hayamos votado o no. Las cifras asustan; pero más, los daños que provocarán las oportunidades perdidas.