¿Lo de la estigmatización, es en serio?

Cuando a una persona la procesan con prisión y el caso por la que fue enviada a la cárcel no es de alarma pública, es decir, no fue mencionado en forma reiterada en los medios de comunicación y por lo tanto no causó estupor ni expectativa en la gente sobre el desenlace del asunto, a los periodistas se nos endilga que no debemos estigmatizar a los autores de este hecho. Nos exigen que tenemos que ser cautelosos con el manejo de la información, que debemos ser responsables con los datos que aportemos a la opinión pública y que en lo posible, no manejemos nombres propios, ni apodos que puedan individualizar a una persona en particular, porque lo único que haríamos sería estar estigmatizando gente. La que aún, más allá de que el Estado primero la haya sancionado, sigue siendo titular del principio de presunción de inocencia.
Entonces en muchos de estos casos, el periodista recoge la información, guarda para sí los elementos que puedan ser identificatorios de los involucrados y trata hasta en demasía diría yo, en cumplir con no estigmatizar a nadie y no mandar gente al frente, porque si luego el sujeto es liberado, o incluso tras un procesamiento el mismo es revocado o al final es sobreseído, el medio de comunicación, cosa que nunca ocurre, debería dedicar un espacio a decir cómo terminó tal o cual caso y cuál es la condición del individuo que en ese momento fue enjuiciado.
Pero después que el periodista recoge la información, cuida de no quemar al procesado y maneja el dato por lo general como “un hombre mayor de edad” y en todo caso, aporta alguna información más acerca de la personalidad del sujeto en cuestión, diciendo que si el mismo era “conocido” o “pariente” de la víctima, sin identificarlo y sin que la sociedad sepa quién es y dónde vive.
Aunque después de tanto cuidado, de tanto apego a las normas, de tanto tener en cuenta el hecho de que tomar recaudos para no crucificar al pobre tipo que se ve envuelto en una situación de estas características, por su propia conducta claro está, pero se ve envuelto al fin, los funcionarios policiales y también los judiciales que contribuyen con que esto sea así, tiran todo por la borda y les importa tres pepinos la estigmatización del individuo y todo el bla, bla, bla, que nos enseñan en la Facultad y que los jueces sobre todo, son los que más lo repiten y los policías ni que hablar, porque son formados para recibir órdenes y no cuestionarlas, pero terminan haciendo todo al revés y al final queda por eso nomás.
Cada vez que procesan a un tipo, lo sacan a la calle esposado y como naranja para muestra, lo hacen esperar en la vereda con un oficial de custodia a su lado, cosa que llame más la atención todavía, así los hombres lo miran de reojo, las mujeres se aprietan el bolso contra el cuerpo y lo ven atemorizadas y el tipo con ganas de decirles: “señora, para qué tanto susto si ya estoy preso, esposado y con un policía al lado, no ve que no le puedo hacer nada, siga su camino nomás”, pero no. Ni el procesado les dice nada, porque no da, porque la mujer ya vio cómo estaba y aún así se asustó, así que no daba para decirle nada, y la mujer asustada podría disimular, y pensar un poco que si el sujeto ya está esposado y custodiado, por más que esté en la vereda del juzgado, expuesto por los funcionarios que están incumpliendo con todo el mandato de no estigmatizar a las personas en ese estado, no le va a hacer nada, o al menos es muy difícil que el tipo a esa altura, tenga ganas de seguir haciendo estupideces.
Pero esa situación por más ridícula que suene es real, y falta que pase un niño y les tire piedras. Entonces, todo esto para decir que el principio de no estigmatización de las personas privadas de libertad, es vulnerado por los propios operadores del sistema, porque cuando no los sacan a la vereda del juzgado a esperar el móvil que los trasladará a destino, como exponiendo la cacería del día, los sacan en la caja de la camioneta policial a la vista de todo el mundo, despacito, por calle Artigas y en horas de la tarde en un día hábil, donde se desarrolla el mayor movimiento céntrico para que todo el mundo los vea.
Por más que la camioneta policial tenga espacio adentro, en la parte trasera de la cabina, al tipo lo sacan afuera, al viento, como para que se despeine, pero sobre todo para que lo vean bien y sepan de quién se trata.
El problema está en la contradicción del propio sistema, que por un lado expone a las personas y por otro lado, limita el trabajo de los medios y genera consecuencias que pueden rayar en la libertad de trabajo de los periodistas. Pero más que eso, me preocupa el doble discurso desde el Estado con este tipo de cosas. No tanto con las consecuencias de mostrar que una persona está presa, sino con que por un lado se limite la tarea en base a esto y la fundamentación sea el hecho de que la gente no debe ser prejuzgada y debe ser respetada. Y por otro lado, que el propio Estado a través de sus operadores, burlen este principio y hagan totalmente lo contrario desde el punto de vista práctico.
Como paradigma de todo esto, está el caso de la joven argentina Lola Chomnalez, que tuvo el infortunio de cruzarse con un enfermo mental en la playa cuando veraneaba quien le quitó la vida y que por ahora, no se sabe quién fue, pero sí se sabe quiénes han sido acusados de ser los posibles autores.
Incluso a muchos de ellos ya les conocemos su biografía, dónde nació, cómo se compone su familia, a qué escuela fueron, de qué trabajan, qué querían ser cuando fueran grandes, sobre esto último estoy seguro que ninguno quería ser escrachado en televisión como sospechoso de asesinato, pero las falencias del sistema en manos de sus propios funcionarios son las que los pusieron en ese estatus.
Así que de aquí en más, no es que voy a pretender que las cosas cambien radicalmente porque para esto deberían influir sobre alguien que tomara las decisiones en serio y fuera responsable, entonces le ordenara a sus subordinados que no muestren a los procesados en la vereda, o que tampoco los expongan en la parte de atrás de la camioneta policial. Pero al menos espero que haya compromiso de parte de los funcionarios públicos con su función y que cuando realmente te exijan respeto y cumplimiento a las normas vigentes, ellos sean los primeros en demostrarlo, para que todo lo que exijan sea serio.
Hay cosas que las seguimos haciendo mal y está en nosotros darnos cuenta para poder revertirlo. Esto requiere que nos sentemos un poco a reflexionar sobre cómo estamos llevando adelante determinadas prácticas. Quizás de esa manera nos demos cuenta que lo que no está bien, debe corregirse para que no lo sigamos haciendo de la manera equivocada. Pero en Uruguay no hay con qué darle, el Estado dice una cosa, pero ejecuta sus acciones de una manera totalmente diferente a cómo debería hacerlo y eso en cierta medida nos deja completamente descolocados en muchos aspectos.
A qué voy con esto, el principio de no estigmatización que aprendemos en la facultad de Derecho, vayamos a la universidad que sea, es clave para salvaguardar la personalidad de quienbes pueden ser imputados de cometer un crimen.

HUGO LEMOS