Los niños no merecen eso

Por la pedregosa y en mal estado calle Defensa, en el conocido barrio Williams, luego que se toma desde la avenida Manuel Oribe hacia el norte, se cruza por el denominado Centro de Rehabilitación de Salto, que es en realidad lo que una vez fuera la cárcel departamental, cuando en otras épocas se manejaban otros conceptos. caos
Quiso una ley, en cierta medida, más a la fuerza que con recursos y programas, que se generara una evolución de los términos y con ello de los planteos que hace el mismo sistema, con el fin de que ahora se pase a llamar Centro de Rehabilitación.
La idea está buena, hay proyectos, programas en ejecución, nuevos funcionarios sin armas y con una concepción que parte desde la educación como base y muchas buenas intenciones plasmadas en los funcionarios el lugar de sacar las cosas adelante y se han logrado resultados positivos en muchos aspectos.
Pero hay algo que sigue haciendo ruido y es la presencia cada vez más, de niños que están en ese estado de reclusión junto a sus madres, en un recinto penitenciario, que por más que le quieran poner el nombre que quieran, ese detalle está presente y genera que en una institución estatal, haya niños que canten, bailen, se conozcan y jueguen en un espacio rodeado por alambrados con púas para evitar fugas y guardias que no los dejarán ir muy lejos llegado el caso.
Ese tema es uno de los debes más importantes que tiene el Estado en materia de derechos humanos. El Código de la Niñez y la Adolescencia (CNA) establece la protección del Interés Superior del Menor como una de las premisas fundamentales para la evolución del cuidado de los más pequeños y por lo tanto vulnerables de este país.
Si bien es cierto que hay una ley que permite a la madre convivir su estadía en prisión con los niños hasta cierta edad y siempre y cuando el pequeño no tenga con quien vivir y desarrollarse en las condiciones adecuadas.
Pero teniendo en cuenta varios factores, la ley no está hecha para proteger al menor, sino para darle cabida a la madre, porque está pensada con el fin rehabilitador para la misma. Sin tener en cuenta el daño psicológico que se le puede causar a un niño, el hecho de crecer en un estado de reclusión, que por más al aire libre que sea, le va a generar un sentido de encierro que es habitual, y rigores propios del lugar donde están alojados.
Así las cosas, ayer se celebró un nuevo Día del Niño en el país, por más que se trate de un día comercial, tiene una connotación especial por el ser el día dedicado a los más pequeños y todos los que somos padres tenemos en cierta medida, una empatía con la situación que están viviendo los infantes de todo tipo.
Por esa razón y más allá de que uno sepa que los funcionarios del INR le pueden poner a mejor voluntad al asunto, y que trabajen denodadamente para que esos niños crezcan como si estuvieran viviendo en un complejo de viviendas pasajero, donde tienen muchas veces mejores condiciones que en el afuera, los derechos de esos niños desde que pisan una cárcel en condición de acompañantes permanentes de una interna, pasan a ser parte del inventario del recinto cuando esto no debería suceder jamás.
Y esta situación no depende de los funcionarios, que muchas veces se involucran hasta emocionalmente con los internos porque se ponen del lado de su situación de vida, para poder ayudarlos desde ese estadio, pero sí depende de las autoridades promover leyes que ayuden a los internos a tener políticas de rehabilitación por sí mismos.
Aunque lejos de los niños, que estos no conozcan el funcionamiento de una cárcel por dentro, que no sepan ni cómo son las paredes del lugar, que no estén enterados de la ubicación de la misma, sino que se les brinde a ellos la mayor contención posible lejos de allí. Justamente porque son población vulnerable y afectada por esta situación, y si crecen detrás de una reja, o de un alambrado, cuando tengan 12 o 15 años ¿qué temor le pueden tener al poder punitivo del Estado si ya lo conocen intramuros?
Y si eso ocurre, ¿qué clase de sociedad estamos creando? ¿Qué población tendremos en el futuro inmediato, cuando los mismos sean adolescentes y sepan que pueden, llegado el caso, enfrentarse a las autoridades porque de última la sanción más grave es volver a vivir donde estuvieron en su infancia?
Tenemos que pedirle a los legisladores y a las autoridades penitenciarias que analicen una mejor situación que la actual y al poder político todo que destine los recursos necesarios para resolver este asunto, porque cuando hablamos de que la sociedad está más violenta y se quebraron los códigos de conducta, estamos contribuyendo con esto, a una parte importante de esa situación social desgarradora que termina en violencia.
Por lo que el Interés Superior del Menor del que habla el CNA, lo estamos desprotegiendo hace rato.

HUGO LEMOS