LOS SECUACES DE MADURO

Por Dr. Adrián Báez.
“Si se diera la hipótesis sesgada, transmutada, rechazada y sepultada (victoria de la oposición), yo estoy preparado políticamente y militarmente para asumirla. Y me lanzaría a las calles”.
Estimados lectores. A buen entendedor, pocas palabras bastan. Comenzamos este artículo con el necio, amenazante y peligroso mensaje del presidente venezolano Nicolás Maduro, quien, ante un inminente triunfo electoral de la oposición en las próximas elecciones parlamentarias del 6 de diciembre, intenta amedrentar al electorado, a la mejor usanza totalitaria y despótica, a la que tiene malacostumbrados a todos; amenaza que por desgracia, ya cumplió, aún antes del acto electivo, con la muerte de un opositor; ¿o existe alguna duda de que fue el principal hostigador y por ende responsable?
Quien en su esencia no es algo, tarde o temprano, y en el caso que nos ocupa, bastante temprano, para no decir desde el inicio; muestra la hilacha y sus verdaderas intenciones. Ya no quepa duda alguna que el Sr. Maduro, es un verdadero dictador y absolutista, incapaz de someterse sin fisuras a las urnas limpiamente, y menos aún de reconocer la caída libre en la que viene su gobierno autocrático, no por culpa de la oposición, sino, y exclusivamente, por su incapacidad política de gobernar algo, pues se ha afanado más en ser una ridícula caricatura de Chávez, antes que ser él mismo, y quizás, no sin muchísima ayuda de la Divina Providencia, poder hacer alguna cosa buena para su país.
Pero es en vano arar en el aire. Venezuela se ha convertido en una Nación traicionada por sus propios “Salvadores”. Sin el reconocido y brutal carisma del extinto Hugo Chávez, quien dentro de su demencia en pretender encarnar a un Bolívar, que de hecho no era amante fiel de la República y la Democracia, el tren se descarriló y feo; pues asumió la dirección un advenedizo e improvisado político, cuya única capacidad ha sido poder hablar con Chávez, a través de un pajarito.
Alguien le dijo a Maduro que el Palacio de Miraflores era suyo, y que él era el dueño de Venezuela; alguien le comentó que podría hacer lo que quisiese (perseguir a opositores, ponerlos presos, torturar, desaparecer, matar de hambre a su gente) y que nadie lo cuestionaría, ni dentro, ni fuera de Venezuela; pero, nadie le advirtió, por otro lado, que a lo que sí debería someterse era a la opinión pública, y que sería ésta, la que consideraría su continuidad como inquilino del poder absoluto, o comenzaría paulatinamente a sacárselo, pues es suyo, del ciudadano, y se lo daría del mismo modo, a otra visión de país, que hiciese mejor uso de él.
Ante esa realidad insospechada, pobre hombre, se ha salido de sus cabales; dejándolo en evidencia de algo tan claro como su falta de cualidades, que es el desconocer, para qué se es presidente. Pero de eso, se encargarán las urnas.
Por mientras, quienes deberían ponerlo al tanto de lo que no se hace en un régimen republicano, ergo, sus colegas del Mercosur, Unasur y demás sucursales de la hipocresía Latinoamericana, no lo hacen; los gobernantes de la región, han sido cómplices y en parte responsables de la horrorosa situación, económica, social, política e institucional por la que atraviesa Venezuela; han permitido el desangramiento de una próspera tierra, por ser sanguijuelas que supieron beneficiarse de las dádivas imperialistas promovidas por Chávez y continuadas por Maduro, dejando de lado los principios con los que tanto se llenaron la boca en tantísimas oportunidades, habiendo propiciado la fantochada contra Paraguay y su supuesta violación a la Constitución, solamente por ser un país pequeño, y sin embargo justifican y protegen al tirano, ante evidentes violaciones a los derechos humanos, sin aplicar la Cláusula Democrática exigida por las normas del Mercosur, pues al hacerlo enfadarían a un socio estratégico para sus aspiraciones, que por cierto, no son las de las gentes que gobiernan.
Uruguay, lamentablemente ha prohijado y avalado, por omisión, tantos desmanes. Cuando Almagro, Secretario General de la OEA y ex Canciller de la República, en un acto de admirable coraje democrático y acorde al cargo que ostenta, osa enfrentar al payaso caribeño, saltan las voces de los farsantes que dejan al descubierto su doble moral, como Mujica, sectores del Frente Amplio y del Pit Cnt y compañía, a pedirle explicaciones; cuando serían ellos, quienes nos la deben, pues ya nos hartamos de su vileza, y su dudosa lealtad republicana, y nos asquea su triste, penosa y bajísima condición, de ser los secuaces de Maduro.







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