¿Qué nos está pasando?

Estamos insertos en un nuevo proceso electoral, cada cinco años pasa en nuestro país, es la oportunidad en que los uruguayos podemos ser dueños de nuestro destino, tenemos que estar muy enojados para no aprovechar este momento.
El ir a votar porque las elecciones son obligatorias y de no hacerlo nos multan o tenemos algún inconveniente llegada la hora de realizar algún trámite administrativo, no es otra cosa que una ilusión.
Me explico. Hay casos en que es más económico para un trabajador pagar la multa por no votar que trasladarse, por ejemplo, de Maldonado hasta Salto para hacerlo. Ya no solo por el alto costo de los pasajes (ida y de vuelta), algún gasto extra porque algo tenemos que comer; además de tener las horas contadas pues al día siguiente, pase lo que pase y gane quien gane, igual hay que levantarse temprano para ir a trabajar.
Ni hablar de aquellos uruguayos que vienen a votar desde otros países para cumplir con lo que entienden su deber ciudadano. Estas situaciones ya son más complejas y mucho más caras.
No es de recibo pensar que la gente va a votar, sea en octubre (y posiblemente en noviembre también), y al año siguiente en mayo, porque las elecciones son obligatorias y concurrimos a las mesas receptoras de voto más por miedo a la multa que por nuestra obligación ciudadana. No es de recibo, no lo es, menos cuando sabemos que la multa es apenas de una unidad reajustable (a mayo de este año equivale a $ 726,62).
Además, si en verdad el uruguayo está realmente hastiado del sistema o de la clase dirigente porque sigue sin dar pie en bola sobre nuestros problemas, pagando esos poco más de setecientos pesos arregla el asunto y se queda cómodamente en su casa o alquila una buena película y se abstrae del resto del mundo viendo el blu ray del momento.
Sin embargo, eso no ocurre, el uruguayo convocado a las urnas concurre y sufraga, y no por temor a pagar una multa.
Pero se establecieron las elecciones internas como no obligatorias y la historia cambió. Al comienzo, en 1999, el nivel de concurrencia a las urnas fue de poco más de la mitad de los ciudadanos habilitados para votar. De a poco esos guarismos han ido descendiendo, elección tras elección, al extremo que al día de hoy se estima que no más del 40% de los uruguayos habilitados concurrirían este 1° de junio a votar, marcando de esa manera una notoria y contundente contradicción de lo que venimos de decir.
De confirmarse ese pronóstico, poco más del 60% de los uruguayos no irían a votar. Sería buena cosa que como sociedad comencemos a preguntarnos qué está pasando, qué nos está pasando y confirmar si efectivamente cuando el uruguayo concurre a votar porque le dicen que las elecciones son obligatorias no es más que un espejismo que nos impide ver la naturaleza de un sistema que ha comenzado a resquebrajarse.
Ante la duda, siempre deberemos apostar por defender y sostener al sistema republicano y democrático de gobierno, el que se expresa a través de los partidos políticos. Además, deberemos también como ciudadanos, ya no solo exigir el cumplimiento de nuestros derechos, sino también asumir nuestras obligaciones y elegir bien para así comenzar a depurar el sistema de aquellas personas que le hacen mal al sistema y nos empujan fuera del mismo.

Estamos insertos en un nuevo proceso electoral, cada cinco años pasa en nuestro país, es la oportunidad en que los uruguayos podemos ser dueños de nuestro destino, tenemos que estar muy enojados para no aprovechar este momento.

El ir a votar porque las elecciones son obligatorias y de no hacerlo nos multan o tenemos algún inconveniente llegada la hora de

<p>Leonardo Silva</p>

Leonardo Silva

realizar algún trámite administrativo, no es otra cosa que una ilusión.

Me explico. Hay casos en que es más económico para un trabajador pagar la multa por no votar que trasladarse, por ejemplo, de Maldonado hasta Salto para hacerlo. Ya no solo por el alto costo de los pasajes (ida y de vuelta), algún gasto extra porque algo tenemos que comer; además de tener las horas contadas pues al día siguiente, pase lo que pase y gane quien gane, igual hay que levantarse temprano para ir a trabajar.

Ni hablar de aquellos uruguayos que vienen a votar desde otros países para cumplir con lo que entienden su deber ciudadano. Estas situaciones ya son más complejas y mucho más caras.

No es de recibo pensar que la gente va a votar, sea en octubre (y posiblemente en noviembre también), y al año siguiente en mayo, porque las elecciones son obligatorias y concurrimos a las mesas receptoras de voto más por miedo a la multa que por nuestra obligación ciudadana. No es de recibo, no lo es, menos cuando sabemos que la multa es apenas de una unidad reajustable (a mayo de este año equivale a $ 726,62).

Además, si en verdad el uruguayo está realmente hastiado del sistema o de la clase dirigente porque sigue sin dar pie en bola sobre nuestros problemas, pagando esos poco más de setecientos pesos arregla el asunto y se queda cómodamente en su casa o alquila una buena película y se abstrae del resto del mundo viendo el blu ray del momento.

Sin embargo, eso no ocurre, el uruguayo convocado a las urnas concurre y sufraga, y no por temor a pagar una multa.

Pero se establecieron las elecciones internas como no obligatorias y la historia cambió. Al comienzo, en 1999, el nivel de concurrencia a las urnas fue de poco más de la mitad de los ciudadanos habilitados para votar. De a poco esos guarismos han ido descendiendo, elección tras elección, al extremo que al día de hoy se estima que no más del 40% de los uruguayos habilitados concurrirían este 1° de junio a votar, marcando de esa manera una notoria y contundente contradicción de lo que venimos de decir.

De confirmarse ese pronóstico, poco más del 60% de los uruguayos no irían a votar. Sería buena cosa que como sociedad comencemos a preguntarnos qué está pasando, qué nos está pasando y confirmar si efectivamente cuando el uruguayo concurre a votar porque le dicen que las elecciones son obligatorias no es más que un espejismo que nos impide ver la naturaleza de un sistema que ha comenzado a resquebrajarse.

Ante la duda, siempre deberemos apostar por defender y sostener al sistema republicano y democrático de gobierno, el que se expresa a través de los partidos políticos. Además, deberemos también como ciudadanos, ya no solo exigir el cumplimiento de nuestros derechos, sino también asumir nuestras obligaciones y elegir bien para así comenzar a depurar el sistema de aquellas personas que le hacen mal al sistema y nos empujan fuera del mismo.