20 MIL. No es un dato menor…

20 MIL. No es un dato menor poder decir que durante veinte mil días un diario estuvo junto al pueblo informando con responsabilidad y veracidad los distintos aconteceres de nuestra comunidad, lo que estará ocurriendo en la próxima edición de EL PUEBLO.

Leonardo Silva

Leonardo Silva

De esos casi 58 años de trayectoria, puedo dar gracias de haber formado parte de esta experiencia inigualable por espacio de diez años (unas 3600 ediciones) de ese camino recorrido que ha posicionado a EL PUEBLO como uno de los diarios más vendidos y leídos del país, cuestión que es certificada por IVC.

Esa permanencia en el tiempo y en la preferencia de esos “lectores constantes” que deciden informarse a través de las páginas de EL PUEBLO, pese a los cambios tecnológicos que existen en la actualidad, demuestran que aún hay espacio para el periódico en papel y continuar por la senda de la verdad.

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ENCHORRADAS. Ya en el primer gobierno del presidente Tabaré Vázquez se había formado una comisión para estudiar el cambio del clima debido al calentamiento global, cómo podía afectarnos y cuáles deberían ser los protocolos a seguir cuando fenómenos climáticos afectarán de manera perjudicial a nuestro país.

El clima de Uruguay varió de templado a subtropical. Tampoco es noticia, eso se ve cada semana, exponiendo al Instituto Uruguayo de Meteorología (INUMET), quien no deja de cometer errores que ya exceden largamente lo meramente técnico.

Por lo que surge una pregunta (que seguramente generará más preguntas): ¿por qué si se sabe que las tormentas ahora son intensas (con viento, granizo y con descargas eléctricas), no se realiza un trabajo preventivo en la ciudad?

Esto implica, por ejemplo, cumplir con la obligación del barrido en las calles (que por cierto, se cobra con la contribución inmobiliaria), levantando las hojas amarillas que han caído por el cambio de estación (estamos en otoño, donde suelen caer las hojas caducas, según nos enseñan en la escuela). Al no hacerlo, quedan esparcidas en las veredas y en las calles, durante días hasta que llega una tormenta y las arrastra hasta las bocas de tormenta, tapándolas por el exceso de hojas y restos de podas que también son arrastradas por las enchorradas, las que ahora se han transformado, debido a la intensidad de la lluvia, en auténticas cataratas. Esto lleva a que el agua que circula no pueda drenarse por las vías usuales y se desborde hacia las casas, inundándolas.

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COMITÉ. Capítulo aparte es el papel que debe jugarse para lo que es conocido como “control de daños”.
Es decir, una vez producido el daño, desarrollar protocolos para que el daño sufrido por los vecinos sea lo menor posible.

La teoría indica que para atender esas situaciones existe un Comité Departamental de Emergencias, el que una tormenta sí y otra también, aparece (al igual que el alerta meteorológico) luego que pasa la tormenta, cuando ya es tarde pues el daño producido en los barrios y en las viviendas ya no tiene vuelta.

Legítimamente se puede preguntar, ¿y cuándo debería aparecer este Comité de Emergencias? Y la respuesta la dan los vecinos: cuando se cansan de llamar en plena tormenta al teléfono que las autoridades han dado a conocer del Comité de Emergencia, cuando el desastre está ocurriendo y los vecinos necesitan la ayuda de alguien… pero nadie atiende.







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