De soberbias y humildades

Nuestro sistema republicano y democrático de gobierno es sabio al darle al pueblo la oportunidad de elegir cada cinco años quién debe gobernarnos a todos los uruguayos.
De esa forma puede ratificar o rectificar rumbos. No son los gobiernos los que lo hacen, es el pueblo el que libérrimamente resuelve por qué caminos debe transitar el país los siguientes cinco años, y si entiende que a quien le dio la responsabilidad no está apto o capacitado para dirigir el país, puede cambiarlo también a él. Es decir, no solo de elegir caminos se trata, sino de quién nos lleve por él.
Los partidos políticos así terminan siendo meros instrumentos en una democracia viva que trabaja a diario para fortalecer un régimen de contrapesos donde la última palabra siempre será dada por el pueblo.
Pueblo que cada día se muestra más equilibrado y reflexivo, que ya no lo corren a los ponchazos con historias y tradiciones, ni con votos cautivos provenientes de raíces familiares ni con discursos de barricada sesentista.
La gente vota a conciencia. Lo que antes era la regla general ahora pasa a ser una excepción y viceversa, por eso cada vez se ve a menos gente que votó toda la vida al mismo partido político. El pueblo vota primero al candidato, su trayectoria, su credibilidad y quien sea más empático con la gente, tras él vienen sus ideas del país y luego la gente mira en qué partido político se encuentra (para saber qué lista votar cuando llegue hasta el cuarto secreto).
Por eso, la encuesta dada a conocer por la encuestadora Cifra esta semana sorprendió viniendo de quién viene, quien de todas formas no dejó de abrir el paraguas, por las dudas y para no perder su costumbre de históricos yerros (de los que nadie está libre).
Por primera vez en años Cifra deja en mala posición al Frente Amplio, sin mayorías parlamentarias, yendo a definir a un balotaje y con serias posibilidades de perder el gobierno. Ante esto ya salieron los cazadores de brujas a acusar a Luis Eduardo González de trabajar para la derecha o incluso desde la misma izquierda a increpar a Tabaré Vázquez como el gran responsable de la situación en la que actualmente se encuentra el partido de gobierno en tiempos electorales.
Mientras tanto, más los blancos que los colorados se regodean y disfrutan del momento porque una encuesta no es más que eso, una foto del momento.
La caída en la intención de voto en el FA no se explica por una única razón, vaya novedad. Es una acumulación de factores que se siguen sumando, pero para nada se puede responsabilizar por entero a Vázquez de esta situación.
Lo que no deja de ser un común denominador en aquellos partidos políticos que tras ser gobierno pierden el beneplácito del pueblo y que se deja ver tanto en derechas como izquierdas, algo que el pueblo no perdona ni tolera, y cuando se cansa, la enfrenta cada cinco años con su voto. Y pruebas de ello lo hemos visto tanto a nivel nacional como en lo departamental.
La soberbia.
Es buena cosa que todos recuerden que el pueblo solo es fiel a sus sentimientos. Por tanto, quienes están hoy en el gobierno pueden perder su confianza en cualquier momento, y quienes aspiran a volver a contar con su beneplácito deben recordar por qué alguna vez lo perdieron.

Nuestro sistema republicano y democrático de gobierno es sabio al darle al pueblo la oportunidad de elegir cada cinco años quién debe gobernarnos a todos los uruguayos.

De esa forma puede ratificar o rectificar rumbos. No son los gobiernos los que lo hacen, es el pueblo el que libérrimamente resuelve

<p>Leonardo Silva</p>

Leonardo Silva

por qué caminos debe transitar el país los siguientes cinco años, y si entiende que a quien le dio la responsabilidad no está apto o capacitado para dirigir el país, puede cambiarlo también a él. Es decir, no solo de elegir caminos se trata, sino de quién nos lleve por él.

Los partidos políticos así terminan siendo meros instrumentos en una democracia viva que trabaja a diario para fortalecer un régimen de contrapesos donde la última palabra siempre será dada por el pueblo.

Pueblo que cada día se muestra más equilibrado y reflexivo, que ya no lo corren a los ponchazos con historias y tradiciones, ni con votos cautivos provenientes de raíces familiares ni con discursos de barricada sesentista.

La gente vota a conciencia. Lo que antes era la regla general ahora pasa a ser una excepción y viceversa, por eso cada vez se ve a menos gente que votó toda la vida al mismo partido político. El pueblo vota primero al candidato, su trayectoria, su credibilidad y quien sea más empático con la gente, tras él vienen sus ideas del país y luego la gente mira en qué partido político se encuentra (para saber qué lista votar cuando llegue hasta el cuarto secreto).

Por eso, la encuesta dada a conocer por la encuestadora Cifra esta semana sorprendió viniendo de quién viene, quien de todas formas no dejó de abrir el paraguas, por las dudas y para no perder su costumbre de históricos yerros (de los que nadie está libre).

Por primera vez en años Cifra deja en mala posición al Frente Amplio, sin mayorías parlamentarias, yendo a definir a un balotaje y con serias posibilidades de perder el gobierno. Ante esto ya salieron los cazadores de brujas a acusar a Luis Eduardo González de trabajar para la derecha o incluso desde la misma izquierda a increpar a Tabaré Vázquez como el gran responsable de la situación en la que actualmente se encuentra el partido de gobierno en tiempos electorales.

Mientras tanto, más los blancos que los colorados se regodean y disfrutan del momento porque una encuesta no es más que eso, una foto del momento.

La caída en la intención de voto en el FA no se explica por una única razón, vaya novedad. Es una acumulación de factores que se siguen sumando, pero para nada se puede responsabilizar por entero a Vázquez de esta situación.

Lo que no deja de ser un común denominador en aquellos partidos políticos que tras ser gobierno pierden el beneplácito del pueblo y que se deja ver tanto en derechas como izquierdas, algo que el pueblo no perdona ni tolera, y cuando se cansa, la enfrenta cada cinco años con su voto. Y pruebas de ello lo hemos visto tanto a nivel nacional como en lo departamental.

La soberbia.

Es buena cosa que todos recuerden que el pueblo solo es fiel a sus sentimientos. Por tanto, quienes están hoy en el gobierno pueden perder su confianza en cualquier momento, y quienes aspiran a volver a contar con su beneplácito deben recordar por qué alguna vez lo perdieron.







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