Vale la pena soñar

Pasados los tiempos del “circo brasilero” (por comparación al circo romano) y ya calmadas las aguas del jolgorio y del recreo entre vacaciones y campeonato del mundo, es hora que Uruguay se despabile de su modorra y comience a andar.
Pero claro, uno abre el diario del lunes y le da pereza al ver tantas noticias complicadas, donde la corrupción se encuentra inserta en la cúpula de la central de trabajadores, donde la Justicia también investiga rendiciones de cuentas poco claras de ANCAP (con un candidato a vicepresidente que hasta hace poco fue su presidente), donde vemos que el costo de vida sigue altísimo en el país, donde a los chicos infractores el propio Estado, que tiene la obligación de cuidarlos y de reinsertarlos en nuestra sociedad, los droga y los tortura, según investiga la Justicia.
O cuando se lee el Informe de la Institución Nacional de Derechos Humanos, refiriéndose a las adolescentes privadas de libertad en el Centro de Ingreso Adolescente Femenino, “se mantiene el nivel de hacinamiento ya que las instalaciones no cambiaron y en el centro aún hay 39 adolescentes -de entre 13 y 17 años- y cuatro bebés. Uno de los bebés duerme en un cochecito, los otros tres en cunitas. No se cuenta con roperos que permitan preservar las prendas de los bebés de la exposición al polvo y la humedad ambiente .En el ala derecha del lugar -donde hay ocho adolescentes- las condiciones de alojamiento siguen siendo inhumanas”.
Parece que los menores solo tienen derechos cuando se partidiza la discusión al volverse tema de campaña electoral, pero cuando se trata de ver en profundidad cómo trata hoy el Estado uruguayo a nuestros menores, notoriamente se trata de barrer para debajo de la alfombra.
Cuando comienza la semana luego de las vacaciones de julio y los padres preparamos a nuestros hijos para volver a clases, suceden cosas como las explicadas por el periodista Gabriel Pereyra, en su última editorial de diario El Observador. “Tres días después de retomadas las clases tras las vacaciones, el gremio de maestros apela a una vieja medida que afecta a miles de pobres. Si quieren plata para ellos, paran. Si quieren plata para la educación, paran. Si los liceos están rotos, paran. Si los están arreglando pero no está terminado, paran. Si no hay seguridad en los liceos, paran. Si le ponen un policía en la puerta, paran. Si están en contra de un proyecto acordado entre todos los partidos, paran. Los gremios de la enseñanza han desvirtuado por completo la herramienta política del paro, y lo hicieron justo en un sector sensible a esta medida de lucha. Los más afectados son los sectores más pobres que mandan sus hijos a las escuelas del Estado”.
Entonces claro, cómo los uruguayos no vamos a preferir seguir con el pan y circo o con la cortina de humo del día si la realidad que nos toca vivir se ha vuelto demasiado gris y nos absorbe toda la energía que nos deja casi sin fuerza para enfrentar el desafío que tenemos por delante, volver a poner en pie al país.
Dentro de 16 años Uruguay cumplirá su bicentenario como país. ¿Por qué somos tan distintos a aquellos compatriotas pujantes y emprendedores que festejaron el primer centenario de la República? En aquellos años nos encontrábamos a la vanguardia de la región y del mundo en educación, en derechos ciudadanos, en derechos laborales y de género, y todo lo que se proponían nuestros abuelos lo hacían sin tanto dislate y por sobre todas las cosas, respetando las buenas costumbres y las leyes, como cuando se construyó el Estadio Centenario en un tiempo récord de 9 meses, y no como se amaga ahora a construir un Antel Arena sin respetar lo que establece la Constitución de la República.
En fin, pese a estas noticias, es buena cosa recordar que la decisión sobre qué país queremos la tenemos nosotros. Vale la pena soñar pues con un país de primera… en serio.

Pasados los tiempos del “circo brasilero” (por comparación al circo romano) y ya calmadas las aguas del jolgorio y del recreo entre vacaciones y campeonato del mundo, es hora que Uruguay se despabile de su modorra y comience a andar.

<p>Leonardo Silva</p>

Leonardo Silva

Pero claro, uno abre el diario del lunes y le da pereza al ver tantas noticias complicadas, donde la corrupción se encuentra inserta en la cúpula de la central de trabajadores, donde la Justicia también investiga rendiciones de cuentas poco claras de ANCAP (con un candidato a vicepresidente que hasta hace poco fue su presidente), donde vemos que el costo de vida sigue altísimo en el país, donde a los chicos infractores el propio Estado, que tiene la obligación de cuidarlos y de reinsertarlos en nuestra sociedad, los droga y los tortura, según investiga la Justicia.

O cuando se lee el Informe de la Institución Nacional de Derechos Humanos, refiriéndose a las adolescentes privadas de libertad en el Centro de Ingreso Adolescente Femenino, “se mantiene el nivel de hacinamiento ya que las instalaciones no cambiaron y en el centro aún hay 39 adolescentes -de entre 13 y 17 años- y cuatro bebés. Uno de los bebés duerme en un cochecito, los otros tres en cunitas. No se cuenta con roperos que permitan preservar las prendas de los bebés de la exposición al polvo y la humedad ambiente .En el ala derecha del lugar -donde hay ocho adolescentes- las condiciones de alojamiento siguen siendo inhumanas”.

Parece que los menores solo tienen derechos cuando se partidiza la discusión al volverse tema de campaña electoral, pero cuando se trata de ver en profundidad cómo trata hoy el Estado uruguayo a nuestros menores, notoriamente se trata de barrer para debajo de la alfombra.

Cuando comienza la semana luego de las vacaciones de julio y los padres preparamos a nuestros hijos para volver a clases, suceden cosas como las explicadas por el periodista Gabriel Pereyra, en su última editorial de diario El Observador. “Tres días después de retomadas las clases tras las vacaciones, el gremio de maestros apela a una vieja medida que afecta a miles de pobres. Si quieren plata para ellos, paran. Si quieren plata para la educación, paran. Si los liceos están rotos, paran. Si los están arreglando pero no está terminado, paran. Si no hay seguridad en los liceos, paran. Si le ponen un policía en la puerta, paran. Si están en contra de un proyecto acordado entre todos los partidos, paran. Los gremios de la enseñanza han desvirtuado por completo la herramienta política del paro, y lo hicieron justo en un sector sensible a esta medida de lucha. Los más afectados son los sectores más pobres que mandan sus hijos a las escuelas del Estado”.

Entonces claro, cómo los uruguayos no vamos a preferir seguir con el pan y circo o con la cortina de humo del día si la realidad que nos toca vivir se ha vuelto demasiado gris y nos absorbe toda la energía que nos deja casi sin fuerza para enfrentar el desafío que tenemos por delante, volver a poner en pie al país.

Dentro de 16 años Uruguay cumplirá su bicentenario como país. ¿Por qué somos tan distintos a aquellos compatriotas pujantes y emprendedores que festejaron el primer centenario de la República? En aquellos años nos encontrábamos a la vanguardia de la región y del mundo en educación, en derechos ciudadanos, en derechos laborales y de género, y todo lo que se proponían nuestros abuelos lo hacían sin tanto dislate y por sobre todas las cosas, respetando las buenas costumbres y las leyes, como cuando se construyó el Estadio Centenario en un tiempo récord de 9 meses, y no como se amaga ahora a construir un Antel Arena sin respetar lo que establece la Constitución de la República.

En fin, pese a estas noticias, es buena cosa recordar que la decisión sobre qué país queremos la tenemos nosotros. Vale la pena soñar pues con un país de primera… en serio.