José Batlle y Ordóñez

Estimados lectores. Cuando hablamos de Don José Batlle y Ordóñez, por lo general lo hacemos recordando su enorme obra de estadista y conductor del Partido Colorado.
Ese recuerdo no es menor, ya que fue la aplicación de su ideario de país y que plasma el ser nacional que conocemos como nuestra idiosincrasia, ofrecida en su proyecto de nación y aprobada por los uruguayos.
Don Pepe comenzó a pensar el país que consideraba que debíamos de tener los orientales, desde su joven edad. Hijo del ilustre Gral. Don Lorenzo Batlle, héroe de la Defensa y Presidente de la República; adquirió de éste, su conciencia sobre la responsabilidad que debemos de tener cada uno de los ciudadanos en la construcción del progreso del país.
Con tan solo 22 o 23 años de edad, comienza su prédica periodística en el Semanario “El Espíritu Nuevo”, publicación realizada por un grupo de jóvenes intelectuales que mucho darían de que hablar en el futuro del Uruguay. Si bien no se basó en un trabajo político, sino más bien científico y filosófico, supo ir desarrollando su visión de hombre, dispuesto a enfrentarse contra la más ortodoxa de las costumbres en pos de su ideal. Lo podemos apreciar en sus poemas “Mi Religión” o “Como se adora a Dios”, en los que fundamenta su oposición a un catolicismo que él consideraba no permitía conocer a Dios por medio del libre albedrío; echándose por tierra, así, la creencia popular de que era ateo, condición falsa de quien creía en un ser superior, al que debíamos rendirle pleitesía con el ejemplo de la acción.
Se iba gestando poco a poco, el carácter del joven cuyos principios irrenunciables e incorruptibles, le permitían que jamás le temblara el pulso a la hora de que su pluma hacía frente a lo que consideraba inmoral, antisocial o injusto.
Mucho tiempo después, habiendo sido dos veces Presidente de la República, diría que el periodismo fue su verdadera vocación y así lo demostró al nunca dejar de serlo ni siquiera cuando ocupó el más alto de los puestos nacionales.
Su afán consistió en hacer conocer al hombre común, el contexto en el cual se encontraba y hacerlo razonar por sí mismo, ofreciéndole de ese modo la más clara y reveladora de las libertades, que es la libertad de conciencia.
Ejemplo cabal de tal espíritu, fue su participación junto a los jóvenes de los diferentes partidos y de todos los credos, en  la lucha entablada contra la dictadura de Máximo Santos, en la no muy recordada pero inmensamente gloriosa, Batalla del Quebracho. En ésta, muchachos de todas las clases sociales, unidos por los deseos de patria, fueron al campo de batalla sin medir consecuencias personales, solo con el ímpetu de recuperar la libertad para sus compatriotas.
Juventud que no se guiaba por apasionamientos irracionales sino por un fuerte sentimiento y compromiso de responsabilidad y honor, demostrando ser la voz de un pueblo avasallado, que encontró en la letra y en la acción, el impulso necesario para salir de la transigencia y elevar el grito defensor de los derechos sagrados.
Luego de la derrota frente al ejército nacional, la lucha, esta vez periodística, sube su tenor y no deja la prédica.
El 16 de Junio de 1886, Batlle funda “El Día”. Desde sus páginas se edificaría el pensamiento batllista. Vendido a vintén para que las clases humildes pudieran ser partícipes del acontecer político y social, se transformaría en el bastión más popular en defensa de la democracia.
Mucho podemos decir. Pero basta con recordar que ese ilustre hombre, también fue joven y supo entender aún en su juventud, la imperiosa necesidad que tienen los países de que sus hijos más jóvenes, participen en la creación del presente, para forjar el futuro.
Hoy más que nunca, el legado de los que tanto dieron de sí por el Uruguay, debe de estar presente. Debemos las nuevas generaciones, proteger la perdurabilidad de los valores y principios rectores de nuestra sociedad. Nunca pasan de moda.
Conozcamos nuestra historia; sintámonos orgullosos de nuestras tradiciones; seamos conscientes de la tarea que nos espera.
A 158 años de su nacimiento, la mejor manera de homenajearlo, es ejerciendo nuestro derecho-obligación, del sufragio; su enseñanza ha sido muy clara: “La tarea de la edificación moral y material de la nación, no debe ni puede corresponder exclusivamente a un hombre solo o a un número reducido de hombres; esa tarea corresponde a la nación misma”. José Batlle y Ordóñez.

Estimados lectores. Cuando hablamos de Don José Batlle y Ordóñez, por lo general lo hacemos recordando su enorme obra de estadista y conductor del Partido Colorado.

Ese recuerdo no es menor, ya que fue la aplicación de su ideario de país y que plasma el ser nacional que conocemos como nuestra

<p>Adrián Baez.</p>

Adrián Baez.

idiosincrasia, ofrecida en su proyecto de nación y aprobada por los uruguayos.

Don Pepe comenzó a pensar el país que consideraba que debíamos de tener los orientales, desde su joven edad. Hijo del ilustre Gral. Don Lorenzo Batlle, héroe de la Defensa y Presidente de la República; adquirió de éste, su conciencia sobre la responsabilidad que debemos de tener cada uno de los ciudadanos en la construcción del progreso del país.

Con tan solo 22 o 23 años de edad, comienza su prédica periodística en el Semanario “El Espíritu Nuevo”, publicación realizada por un grupo de jóvenes intelectuales que mucho darían de que hablar en el futuro del Uruguay. Si bien no se basó en un trabajo político, sino más bien científico y filosófico, supo ir desarrollando su visión de hombre, dispuesto a enfrentarse contra la más ortodoxa de las costumbres en pos de su ideal. Lo podemos apreciar en sus poemas “Mi Religión” o “Como se adora a Dios”, en los que fundamenta su oposición a un catolicismo que él consideraba no permitía conocer a Dios por medio del libre albedrío; echándose por tierra, así, la creencia popular de que era ateo, condición falsa de quien creía en un ser superior, al que debíamos rendirle pleitesía con el ejemplo de la acción.

Se iba gestando poco a poco, el carácter del joven cuyos principios irrenunciables e incorruptibles, le permitían que jamás le temblara el pulso a la hora de que su pluma hacía frente a lo que consideraba inmoral, antisocial o injusto.

Mucho tiempo después, habiendo sido dos veces Presidente de la República, diría que el periodismo fue su verdadera vocación y así lo demostró al nunca dejar de serlo ni siquiera cuando ocupó el más alto de los puestos nacionales.

Su afán consistió en hacer conocer al hombre común, el contexto en el cual se encontraba y hacerlo razonar por sí mismo, ofreciéndole de ese modo la más clara y reveladora de las libertades, que es la libertad de conciencia.

Ejemplo cabal de tal espíritu, fue su participación junto a los jóvenes de los diferentes partidos y de todos los credos, en  la lucha entablada contra la dictadura de Máximo Santos, en la no muy recordada pero inmensamente gloriosa, Batalla del Quebracho. En ésta, muchachos de todas las clases sociales, unidos por los deseos de patria, fueron al campo de batalla sin medir consecuencias personales, solo con el ímpetu de recuperar la libertad para sus compatriotas.

Juventud que no se guiaba por apasionamientos irracionales sino por un fuerte sentimiento y compromiso de responsabilidad y honor, demostrando ser la voz de un pueblo avasallado, que encontró en la letra y en la acción, el impulso necesario para salir de la transigencia y elevar el grito defensor de los derechos sagrados.

Luego de la derrota frente al ejército nacional, la lucha, esta vez periodística, sube su tenor y no deja la prédica.

El 16 de Junio de 1886, Batlle funda “El Día”. Desde sus páginas se edificaría el pensamiento batllista. Vendido a vintén para que las clases humildes pudieran ser partícipes del acontecer político y social, se transformaría en el bastión más popular en defensa de la democracia.

Mucho podemos decir. Pero basta con recordar que ese ilustre hombre, también fue joven y supo entender aún en su juventud, la imperiosa necesidad que tienen los países de que sus hijos más jóvenes, participen en la creación del presente, para forjar el futuro.

Hoy más que nunca, el legado de los que tanto dieron de sí por el Uruguay, debe de estar presente. Debemos las nuevas generaciones, proteger la perdurabilidad de los valores y principios rectores de nuestra sociedad. Nunca pasan de moda.

Conozcamos nuestra historia; sintámonos orgullosos de nuestras tradiciones; seamos conscientes de la tarea que nos espera.

A 158 años de su nacimiento, la mejor manera de homenajearlo, es ejerciendo nuestro derecho-obligación, del sufragio; su enseñanza ha sido muy clara: “La tarea de la edificación moral y material de la nación, no debe ni puede corresponder exclusivamente a un hombre solo o a un número reducido de hombres; esa tarea corresponde a la nación misma”. José Batlle y Ordóñez.