LA CONSTITUCIÓN

Por Dr. Adrián Báez.
Estimados lectores. La Democracia se sostiene sobre un Estado de Derecho, que le posibilita un adecuado equilibrio entre los ciudadanos e intereses, por encima de las diferencias, basada en Leyes, Tratados Internacionales,

Adrián Baez.

Adrián Baez.

Convenios, donde se plasman los Derechos Fundamentales que el hombre se ha dado a sí mismo, por entenderlos justos y necesarios para consagrar la dignidad de su especie.
Cada Nación, posee como madre de esas reglas a la Constitución o Carta Magna, Código Político, resumen sintético, pero claro, de lo que se debe de entender como principios sine qua non de civilización y progreso.
Nuestro país es pionero en América Latina y en el mundo, basándose, como lo expresamos en el artículo anterior, en la Revolución Francesa y en la Declaración de Independencia de Estados Unidos, en cuanto a la defensa de ciertos conceptos jurídicos esenciales para el sostenimiento del humanismo.
Nuestra Constitución ha pasado por distintas etapas de aggiornamento; desde 1830 hasta 1996, ha experimentado reformas que contemplaban el sentir nacional, en ese momento de la historia; con la coherencia y cordura acorde con su espíritu republicano, de sostener la separación de los Poderes del Estado, como garantía y resguardando de ese Estado de Derecho, que posibilita el acuerdo o contrato social.
Ciertos artículos establecen con precisión, la idea; son, el cimiento donde reposan los restantes derechos y deberes, y que sostienen al sistema:
Art. 1: “La República Oriental del Uruguay es la ASOCIACIÓN POLÍTICA DE TODOS LOS HABITANTES comprendidos dentro de su territorio”.
Art. 7: “Los habitantes de la República tienen derecho a ser protegidos en el goce de su VIDA, HONOR, LIBERTAD, SEGURIDAD, TRABAJO Y PROPIEDAD. NADIE PUEDE SER PRIVADO DE ESTOS DERECHOS, sino conforme a las leyes que se establecieren por razones de interés general”.
Ningún otro artículo, establece tan explícitamente los derechos que se consideran esenciales para el hombre.
Pero uno, corona a los demás, Art. 8: “Todas las personas son iguales ante la ley no reconociéndose otra distinción entre ellas sino la de los talentos y las virtudes”.
Justos preceptos, lástima su poca y en algunos casos ninguna aplicación sea por falta de voluntad, por insuficiencia de medios y hasta por ineficacia. Al incumplirlos, violamos nuestro propio honor, al que se refiere el Art. 7. Pero no podemos exigir si por casa no comenzamos a formar razón de que tenemos responsabilidad al no comprometernos.
Cuando nos airamos de tener una vida solucionada y nos resbala lo foráneo a nuestro entorno, violamos los preceptos; cuando votamos por amiguismo y despecho y no por visión de progreso, violamos los preceptos; cuando creemos que la lucha y reclamos de los menos favorecidos son mañas y no dignas expectativas, violamos los preceptos; cuando se nos pide ayuda o se nos invita a colaborar y superados dejamos a su suerte a los que algo intentan hacer, violamos los preceptos; cuando creemos que nuestras reivindicaciones o derechos son mejores o tienen preponderancia sobre los de los demás, violamos los preceptos.
Comencemos un gran debate republicano, mancomunados todos los sectores de nuestra sociedad, encabezado por nuestros líderes, donde se formen políticas de Estado, con los matices de cada uno, pero, consolidados en un rumbo cuyo fin sea lograr objetivos precisos y realizables en la prevención y solución de problemáticas.
Apliquemos estas sabias ideas que sobrepasan las épocas y los tiempos, ya que los anhelos del hombre, podrán variar, pero nunca se modifican in totum; utilicemos éstas herramientas con las que ya contamos, en vez de querer ensayar nuevas performances que sólo buscan acomodar a la que debe de ser nuestra “BIBLIA” patria, al menester momentáneo del poder, retocándola sin un análisis serio y responsable, y vulnerando, por irresponsabilidad y apresuramientos, esos conceptos y derechos que decimos proteger.
Pero no olvidemos, que democracia no es tan solo eliminar pobreza, ni reforzar situaciones adquiridas, sino que la mejor solución para el fiel cumplimiento, resguardo y ejercicio de la misma, es apuntar la artillería hacia la educación; ésta crea las herramientas con las que el futuro cuenta para su edificación, permitiendo la DEMOCRATIZACIÓN DE OPORTUNIDADES y el desarrollo de la inteligencia, que no lo da el dinero, ni el credo, pues si bien, lo que natura non da, Salamanca non presta; sin ayuda, muchísimo menos.
COMPROMETERSE, es la consigna. Como hombres libres, doble es el deber; procurando la superación a través de su impronta, a sabiendas que nada debemos esperar si no es de nosotros mismos, al decir del Prócer.
La tarea comienza todos los días al alba. Con el pensamiento componedor, con el interés verdadero y el compromiso endeble. Nunca la noche prohibió el amanecer.
No es fácil, pero hay que intentarlo. Es la mejor manera de honrar a nuestro pueblo, honrar LA CONSTITUCIÓN.