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LAS CIRCUNSTANCIAS DEL MOMENTO

Estimados lectores. Las dos propuestas de país, han sido transmitidas por los presidenciables de la manera que consideraron mejor, siendo las estrategias de cada uno, su hoja de ruta para convencer a los indecisos y fortalecer la voluntad de los convencidos; los pro y los contras de una tristísima campaña electoral, nos ha dejado el gusto amargo del descreimiento del electorado y de la falta de caudillos que nos hagan hervir la sangre de pasión, por una causa tan importante, como la es, la del Uruguay.
El próximo domingo los Orientales nos enfrentaremos a uno de los momentos cruciales en la historia; se pondrá a decisión, dos formas de ver al país, la región y al mundo, y por qué no, de ver a la vida.
El duelo se entablará, entre la apuesta a un merecido futuro que nos devuelva la esperanza de avanzar sin exclusiones y con optimismo, realizando lo que no se logró y concretando las cosas a medio hacer, con una mirada de confianza respecto a cada uno de nosotros y del Uruguay, entendiendo que no hay buenos y malos, sino compatriotas que deben mirar por los que vendrán; o el continuismo de un modelo desbastador para la dignidad nacional, donde el desinterés por el mañana, tiene tanta fuerza, como el deseo atroz del consumismo presente, ese tan criticado en otras épocas, pero del que se ha hecho culto esencial, como socio del populismo electoral más denigrante; el fin del Uruguay de la meritocracia, que tanto bien nos hizo, al equiparar en oportunidades a quienes menos las tenían, con los que sí contaban con ellas, y logró el florecimiento de una clase media pujante, de la que con orgullo provenimos la gran mayoría de los Uruguayos de hoy; la destrucción de la maquinaria educativa, única herramienta fidedigna de progreso individual, producto de una idea fascista y arbitraria, de querer a un pueblo ignorante, despreciativo de todo lo que denote cultura o conocimiento, para poder manejarlo a voluntad y sin cuestionamientos; el socavamiento del honorable derecho de defender los intereses de las clases trabajadoras, a través del tan manoseado sindicalismo, donde se defiende lo que conviene, en vez de lo que es justo, con tal de obtener dádivas de un gobierno de turno, que ha devenido en brazo político de aquel, siendo todo, menos ecuánime y objetivo en la lucha de los hombres de buena voluntad; el decaimiento de una salud utilizada con fines mezquinos, dándose un lamentable manejo de los cuantiosos fondos volcados por la sociedad para ser asistida eficientemente, consiguiendo tan sólo, indiferencia en casos de vida o muerte; el despilfarro alarmante de los dineros públicos, sosteniendo una situación pasajera, que cuando choque con la realidad, hará, ahí sí, temblar las raíces de los árboles; la vergonzosa inseguridad que nos mantienen rehenes en nuestros propios hogares, temiendo incluso el transitar tranquilo y sereno, por temor a ser lesionados en nuestra integridad física o hasta perder la vida; el anhelo siempre latente de acallar la voz de la libertad de expresión, avasallando los medios de comunicación, digitando la información y con ella el libre pensamiento; el desconocimiento y desprecio hacia el Poder Judicial, representante de los normas que permiten la vida dentro de un estado de derecho, conciliador de los intereses en puja en una democracia, sin la cual no existe derecho, ni justicia ni libertad.
El futuro depende de nosotros; sabemos que el presente cuenta, pero es nuestra responsabilidad, el velar por lo que vendrá, ya que el hoy es efímero, y el día después, seguro llegará.
Convocamos a nuestros compatriotas, a pensar en el porvenir; a imaginarnos un Uruguay del que nos sintamos orgullosos; a devolvernos el país que supimos ser y dar un golpe de timón ante las circunstancias del momento.

Estimados lectores. Las dos propuestas de país, han sido transmitidas por los presidenciables de la manera que consideraron mejor, siendo las estrategias de cada uno, su hoja de ruta para convencer a los indecisos y fortalecer la voluntad de los convencidos; los pro

<p>Adrián Baez.</p>

Adrián Baez.

y los contras de una tristísima campaña electoral, nos ha dejado el gusto amargo del descreimiento del electorado y de la falta de caudillos que nos hagan hervir la sangre de pasión, por una causa tan importante, como la es, la del Uruguay.

El próximo domingo los Orientales nos enfrentaremos a uno de los momentos cruciales en la historia; se pondrá a decisión, dos formas de ver al país, la región y al mundo, y por qué no, de ver a la vida.

El duelo se entablará, entre la apuesta a un merecido futuro que nos devuelva la esperanza de avanzar sin exclusiones y con optimismo, realizando lo que no se logró y concretando las cosas a medio hacer, con una mirada de confianza respecto a cada uno de nosotros y del Uruguay, entendiendo que no hay buenos y malos, sino compatriotas que deben mirar por los que vendrán; o el continuismo de un modelo desbastador para la dignidad nacional, donde el desinterés por el mañana, tiene tanta fuerza, como el deseo atroz del consumismo presente, ese tan criticado en otras épocas, pero del que se ha hecho culto esencial, como socio del populismo electoral más denigrante; el fin del Uruguay de la meritocracia, que tanto bien nos hizo, al equiparar en oportunidades a quienes menos las tenían, con los que sí contaban con ellas, y logró el florecimiento de una clase media pujante, de la que con orgullo provenimos la gran mayoría de los Uruguayos de hoy; la destrucción de la maquinaria educativa, única herramienta fidedigna de progreso individual, producto de una idea fascista y arbitraria, de querer a un pueblo ignorante, despreciativo de todo lo que denote cultura o conocimiento, para poder manejarlo a voluntad y sin cuestionamientos; el socavamiento del honorable derecho de defender los intereses de las clases trabajadoras, a través del tan manoseado sindicalismo, donde se defiende lo que conviene, en vez de lo que es justo, con tal de obtener dádivas de un gobierno de turno, que ha devenido en brazo político de aquel, siendo todo, menos ecuánime y objetivo en la lucha de los hombres de buena voluntad; el decaimiento de una salud utilizada con fines mezquinos, dándose un lamentable manejo de los cuantiosos fondos volcados por la sociedad para ser asistida eficientemente, consiguiendo tan sólo, indiferencia en casos de vida o muerte; el despilfarro alarmante de los dineros públicos, sosteniendo una situación pasajera, que cuando choque con la realidad, hará, ahí sí, temblar las raíces de los árboles; la vergonzosa inseguridad que nos mantienen rehenes en nuestros propios hogares, temiendo incluso el transitar tranquilo y sereno, por temor a ser lesionados en nuestra integridad física o hasta perder la vida; el anhelo siempre latente de acallar la voz de la libertad de expresión, avasallando los medios de comunicación, digitando la información y con ella el libre pensamiento; el desconocimiento y desprecio hacia el Poder Judicial, representante de los normas que permiten la vida dentro de un estado de derecho, conciliador de los intereses en puja en una democracia, sin la cual no existe derecho, ni justicia ni libertad.

El futuro depende de nosotros; sabemos que el presente cuenta, pero es nuestra responsabilidad, el velar por lo que vendrá, ya que el hoy es efímero, y el día después, seguro llegará.

Convocamos a nuestros compatriotas, a pensar en el porvenir; a imaginarnos un Uruguay del que nos sintamos orgullosos; a devolvernos el país que supimos ser y dar un golpe de timón ante las circunstancias del momento.