SANGRE, SUDOR Y LÁGRIMAS

Por Dr. Adrián Baez.
Estimados lectores. Otra vez, debemos lamentar muertes de ciudadanos, por causa de la falta de políticas de estados en la salud pública.
Nos referimos a los hechos ocurridos la semana pasada en la ciudad de Artigas, y que todos conocemos. La polémica se suscitó tras el imprescindible traslado a Montevideo, decidido por las autoridades de Asse y del Cenaque (Centro Nacional de Quemados) el que se llevó a cabo por tierra y no por aire, en un helicóptero de Presidencia a disposición. Al día siguiente comenzó el enfrentamiento y pases de facturas entre Asse y Presidencia, sobre las responsabilidades competentes a cada uno; por no haber efectuado el traslado por aire; por haberlo hecho por tierra; por aire serían dos horas y no se sometería a los pacientes a un suplicio; por tierra tenían las condiciones adecuadas ante cualquier eventualidad; etc.
No denunciamos intencionalidades, lejos estamos de ello; sí, negligencia e imprudencia ante la falta de un protocolo sanitario que a estas alturas, y con las enormes sumas de dinero conseguido por las arcas del Sistema Nacional Integrado de Salud, a través del Fonasa, debería de existir para evitar situaciones similares a las vividas.
Cuando hablamos de vidas humanas, todo cuidado es poco y se deben redoblar los métodos y recaudos para proteger el principal bien que tenemos, la integridad física y la vida misma. Sucede, que no es el primer caso en los últimos años en los que por fallas del sistema de salud, fallecen personas. Recordemos a la madre de Pasos de los Toros que no fue atendida a tiempo por falta de ambulancias y la que tampoco tuvo una atención acorde a las circunstancias por no haber un obstetra; los casos de atención sin supervisión de un idóneo, que acarreó descompensaciones con el posterior deceso de la persona o daños irreversibles a su salud; y muchos casos que habrán ocurrido y que por diversos motivos no se han denunciado y desconocemos entonces.
La falta de policlínicas, de insumos, de medicamentos para enfermos leves y para con enfermedades crónicas, de ambulancias con equipamiento adecuado, de helicópteros o aviones regionales con aeropuertos aptos para su uso, la coordinación en emergencias y la rapidez que ello amerita, son una realidad que vemos todos los días y son nada más y nada menos que la diferencia entre la vida y la muerte de un ser humano.
No es únicamente responsabilidad del gobierno, quien obviamente la tiene en primer lugar, por ejercerlo; todo el sistema ha venido en un claro decaimiento y deterioro desde hace años, que quien no lo perciba, es porque no lo desea hacer y por necedad. Reconocemos el esfuerzo realizado para la universalización del acceso a la salud; pues entonces que el mismo sea bueno y sin tantos baches.
Muy probable que por la situación en la que se encontraban las víctimas, no hubiesen sobrevivido, pero quizás sí, si la atención y el traslado fuesen coordinados y ejecutados rápidamente; no lo sabremos.
Lo que deseamos como ciudadanos, es que los dineros que volcamos, sean invertidos en calidad y hechos visibles y en lo posible, con buen final. Creemos que existen recursos económicos y humanos para prevenirlos. Recordemos, y tengámoslo bien presente, como lo escribimos por este medio, que la salud es un derecho humano.
Los ciudadanos que marcharon por las calles de la ciudad de Artigas, no tienen color ni pelo político partidario; son ciudadanos que exigen resultados.

Por Dr. Adrián Baez.

Estimados lectores. Otra vez, debemos lamentar muertes de ciudadanos, por causa de la falta de políticas de estados en la salud pública.

Nos referimos a los hechos ocurridos la semana pasada en la ciudad de Artigas, y que todos conocemos. La polémica se suscitó tras

<p>Adrián Baez.</p>

Adrián Baez.

el imprescindible traslado a Montevideo, decidido por las autoridades de Asse y del Cenaque (Centro Nacional de Quemados) el que se llevó a cabo por tierra y no por aire, en un helicóptero de Presidencia a disposición. Al día siguiente comenzó el enfrentamiento y pases de facturas entre Asse y Presidencia, sobre las responsabilidades competentes a cada uno; por no haber efectuado el traslado por aire; por haberlo hecho por tierra; por aire serían dos horas y no se sometería a los pacientes a un suplicio; por tierra tenían las condiciones adecuadas ante cualquier eventualidad; etc.

No denunciamos intencionalidades, lejos estamos de ello; sí, negligencia e imprudencia ante la falta de un protocolo sanitario que a estas alturas, y con las enormes sumas de dinero conseguido por las arcas del Sistema Nacional Integrado de Salud, a través del Fonasa, debería de existir para evitar situaciones similares a las vividas.

Cuando hablamos de vidas humanas, todo cuidado es poco y se deben redoblar los métodos y recaudos para proteger el principal bien que tenemos, la integridad física y la vida misma. Sucede, que no es el primer caso en los últimos años en los que por fallas del sistema de salud, fallecen personas. Recordemos a la madre de Pasos de los Toros que no fue atendida a tiempo por falta de ambulancias y la que tampoco tuvo una atención acorde a las circunstancias por no haber un obstetra; los casos de atención sin supervisión de un idóneo, que acarreó descompensaciones con el posterior deceso de la persona o daños irreversibles a su salud; y muchos casos que habrán ocurrido y que por diversos motivos no se han denunciado y desconocemos entonces.

La falta de policlínicas, de insumos, de medicamentos para enfermos leves y para con enfermedades crónicas, de ambulancias con equipamiento adecuado, de helicópteros o aviones regionales con aeropuertos aptos para su uso, la coordinación en emergencias y la rapidez que ello amerita, son una realidad que vemos todos los días y son nada más y nada menos que la diferencia entre la vida y la muerte de un ser humano.

No es únicamente responsabilidad del gobierno, quien obviamente la tiene en primer lugar, por ejercerlo; todo el sistema ha venido en un claro decaimiento y deterioro desde hace años, que quien no lo perciba, es porque no lo desea hacer y por necedad. Reconocemos el esfuerzo realizado para la universalización del acceso a la salud; pues entonces que el mismo sea bueno y sin tantos baches.

Muy probable que por la situación en la que se encontraban las víctimas, no hubiesen sobrevivido, pero quizás sí, si la atención y el traslado fuesen coordinados y ejecutados rápidamente; no lo sabremos.

Lo que deseamos como ciudadanos, es que los dineros que volcamos, sean invertidos en calidad y hechos visibles y en lo posible, con buen final. Creemos que existen recursos económicos y humanos para prevenirlos. Recordemos, y tengámoslo bien presente, como lo escribimos por este medio, que la salud es un derecho humano.

Los ciudadanos que marcharon por las calles de la ciudad de Artigas, no tienen color ni pelo político partidario; son ciudadanos que exigen resultados.