UNA DUDOSA REFORMA CONSTITUCIONAL

Por Dr. Adrián Báez
Estimados lectores. Nuevamente planea sobre la política nacional el fantasma de la Reforma Constitucional. Nos referimos con el término fantasma, no porque la Carta Magna no posea algún que otro punto a rever, por una lógica

Adrián Baez.

Adrián Baez.

cuestión de cambios de coyunturas nacionales y globales, sino por hacerse en un momento inoportuno, donde la realidad demuestra que los grandes temas que se plasman en las constituciones y que rigen la vida de una sociedad, están bien solidificados y en pleno auge, siendo incoherente abocarnos a un tema tan importante y que demandaría, si se desea hacerlo con la seriedad que amerita, mucho tiempo y más debates, donde voces doctas en la materia o materias a modificar, tuvieran la oportunidad de ser escuchadas, cosa que tememos, no ha sucedido ni tienen en mente de que suceda, los impulsores de una Reforma relámpago y peligrosa.
Por qué peligrosa; pues si bien, reiteramos, los principios y valores rectores de nuestra conformación como Nación, van viento en popa, los promotores, vaya a saberse por qué oscuro objetivo o finalidad, aunque los intuimos, tratan el cambio de pequeños grandes puntos que, de ser apoyada dicha Reforma por la voluntad popular, traería aparejados no pocos problemas, tanto de carácter institucional, judicial, como individual, al menoscabarse o abrir la puerta al menoscabo en determinado momento, de derechos tan importantes y por los que tanto se luchó en la historia moderna de la humanidad, como lo son el de propiedad, el de poder ejercer la representación parlamentaria sin correr riesgos de ir preso por sus opiniones, el tener un Poder Judicial fuerte y con una estructura de imparcialidad irrestricta y un control de la función del Estado ante los ciudadanos y el resarcimiento que éstos deben percibir de aquél cuando les provoca algún daño.
El retoque al Código Político que regula por excelencia la convivencia entre los Orientales, apunta específicamente, de acuerdo a lo manifestado por personalidades del Frente Amplio, al régimen de propiedad privada, donde “se debe redefinir la herramienta de la expropiación”; modificar la integración de la Suprema Corte de Justicia, pasando de cinco miembros a entre 9 y 15 para la instrumentación de las salas especializadas por materias, que se repartirían en diferentes áreas: familia, laboral, penal, administrativa, aduanera y derechos humanos, entre otras; la eliminación del Tribunal de lo Contencioso Administrativo, para que el mismo sea parte del proceso civil y que tenga apelación, en la búsqueda de “más garantías”, procurando la unión de dicho Tribunal con la Suprema Corte de Justicia; la modificación de los fueros parlamentarios y sindicales, teniéndose la idea de permitir la realización del juicio contra un legislador hasta el final y si resulta condenado recién ahí activar el fuero, e incluir los fueros sindicales como un derecho constitucional.
Aparecen más dudas que certezas, ya que no han expresado el por qué, ni el para qué, de embarcar a todo el país en una travesía larga, agotadora y problemática, por los argumentos anteriormente sostenidos.
Indudablemente que tenemos nuestras más que firmes convicciones, de que el partido de gobierno lo hace primero, por ser una cortina de humo, como gusta decirse ahora en la jerga política cuando se busca cambiar la atención de los muchos dilemas que enfrenta el gobierno y que ni él ni su partido saben como revertir; y en segundo lugar, pues es una impronta de todo gobierno izquierdista latinoamericano, pretender mutar la esencia del país que gobiernan, vanagloriándose de re fundar los cimientos en pro de una mayor justicia y mejor amparo de los derechos humanos, cuando en realidad, en lo más profundo de su pensamiento, se encuentra, la conocida por todos, intención de ir minando solapadamente, concienzudamente e intencionalmente, a su más acérrimo enemigo, aunque adoren ser parte de él, mundo burgués y su democracia liberal.
Podremos sonar a trasnochados y pamenteros, como se dice popularmente, pero ocurre que, los hechos han venido demostrando paso a paso, que el pensamiento ortodoxo de la izquierda, aquí en Latinoamérica, sigue siendo el de los años 60, y que la norma, siempre ha sido transformar el sistema republicano, en un sistema donde el individuo seda a más no poder sus derechos, a un Estado omnisciente, omnipresente y omnipotente, como lo fueron los tristes, penosos e inhumanos regímenes fascistas y comunistas, y que con dolor vemos aún en Cuba y en nuestra querida Venezuela.
“Piano, Piano, si va lontano”, dice la famosa frase italiana, y creámoslo o no, despacito y sin que nos demos cuenta, nos van derribando el sentimiento republicano y democrático, y siempre se empieza por una tortuosa y dudosa Reforma Constitucional.







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