URUGUAY SE ARRASTRA

Estimados lectores. El Artículo 6 Inciso 2 de nuestra Constitución reza: “La República procurará la integración social y económica de los Estados Latinoamericanos, especialmente en lo que se refiere a la defensa común de sus productos y materias primas”.
Al ser nuestro país pequeño geográficamente y débil en lo militar y económico, su historia ha sido la de los que acompañan como firmes espectadores las escenas que los demás- en este caso los países más grandes en los aspectos referidos- protagonizan con sobrada soberbia.
Atrás ha quedado el soñado y casi salvador Tratado de Asunción, que prometía el advenimiento de una era de prosperidad e integración, tanto social, como económica, que inundadas ambas del espíritu de hermandad, fortalecería el relacionamiento entre las otrora avasalladas naciones productoras de materias primas, elevándolas a la condición de mercado independiente de los capitalismos asfixiantes.
Como todo, al principio el idilio fue fenomenal;  transcurrido el tiempo, la verdad salió a la luz y lo que se creía sería una sociedad comercial, terminó tomando injerencia en la política interna de los estados miembros, donde los poderosos o amigotes, someterían a los chicos y menos compinches.
Para reforzar la idea, no bastó con el alicaído Mercosur, siendo menester la conformación de nuevas instituciones burocráticas e ineficaces como la Unasur, pero servil a los populismos reinantes y a los discursos apocalípticos de sus líderes.
Más allá de que podamos otorgar el beneficio de la buena fe, también nos reservamos el de la duda; las actitudes de los gobernantes de turno y de algunos que ya no se encuentran entre nosotros, nos lleva a tal posición.
Una de las banderas ostentadas por los iluminados, ha sido la de la democracia; la misma será, piensan, defendida siempre y cuando se maneje dentro de lo que consideramos correcto y a nuestro gusto.
Con tal filosofía se excluyó arbitrariamente del Mercosur a la República del Paraguay, miembro fundador de la institución, quien por medios constitucionales decidió a través de su Parlamento, voz indiscutida de la voluntad popular, la destitución de su primer mandatario; filosofía que dirigida por seres incoherentes, hoy, abalan el totalitarismo de Nicolás Maduro y apoyaron de hecho en su momento, el no conteo de votos solicitado por la oposición, en claro desmedro y desprecio por un derecho tan elemental como lo es el de la certeza proveniente de las urnas; los mismos que hoy, apoyan el discurso divisionista y sectario que pregona el Heredero de Chávez; los mismos que toman abiertamente partido por un sector de la sociedad Venezolana, desconociendo el derecho de la oposición; los mismos que cuando un país chico como Uruguay necesita respaldo, le dan la espalda a favor tácito de uno grande (recordemos el conflicto de las papeleras), o que cuando se anima a levantar un poquito la voz, le impiden los trasbordos en sus puertos, produciéndole inmensas pérdidas económicas; los mismos que claman por la legalidad, pero tienen como gurú y “PADRINO” político, al Dictador más viejo del mundo, el Sr. Fidel Castro, quien tiene aún en sus mazmorras a presos políticos, por el solo hecho de reclamar la libertad para sus compatriotas; los mismos que abrieron las puertas y supieron recibir con elogios sobreactuados a un líder como el de Irán, quien deseaba públicamente el aniquilamiento del Estado de Israel; los mismos, que cuando eran oposición organizaban e incitaban a movimientos populares en las calles en defensa de legítimas reivindicaciones, pero que desprecian y tildan de fascistas a quienes hoy, estando ellos en el poder, reclaman también legítimamente, aquellas mismas reivindicaciones de las que las promesas de solución, han quedado en el olvido.
Así están las cosas en nuestro amado continente. Los que se jactan de ser los continuadores de los Libertadores y sus ideas, no hacen más que utilizar sus figuras para sembrar por este “INMENSO JARDÍN”, la descalificación del adversario; el despotismo social y la transformación insensata de la hipócrita Latinoamérica; una vez más demuestran sin estupor ni vergüenza, que su discurso es de izquierda, pero se desvelan y coquetean arteramente con la derecha a la que ayer repudiaban pero que hoy idolatran. Como cambian los tiempos; que ejemplo irreversiblemente triste; mientras algunos, como Argentina y Venezuela hacen de las suyas, Uruguay se arrastra.

Estimados lectores. El Artículo 6 Inciso 2 de nuestra Constitución reza: “La República procurará la integración social y económica de los Estados Latinoamericanos, especialmente en lo que se refiere a la defensa común de sus productos y materias primas”.

Al ser nuestro país pequeño geográficamente y débil en lo militar y económico, su historia ha sido la de los que acompañan como

<p>Adrián Baez.</p>

Adrián Baez.

firmes espectadores las escenas que los demás- en este caso los países más grandes en los aspectos referidos- protagonizan con sobrada soberbia.

Atrás ha quedado el soñado y casi salvador Tratado de Asunción, que prometía el advenimiento de una era de prosperidad e integración, tanto social, como económica, que inundadas ambas del espíritu de hermandad, fortalecería el relacionamiento entre las otrora avasalladas naciones productoras de materias primas, elevándolas a la condición de mercado independiente de los capitalismos asfixiantes.

Como todo, al principio el idilio fue fenomenal;  transcurrido el tiempo, la verdad salió a la luz y lo que se creía sería una sociedad comercial, terminó tomando injerencia en la política interna de los estados miembros, donde los poderosos o amigotes, someterían a los chicos y menos compinches.

Para reforzar la idea, no bastó con el alicaído Mercosur, siendo menester la conformación de nuevas instituciones burocráticas e ineficaces como la Unasur, pero servil a los populismos reinantes y a los discursos apocalípticos de sus líderes.

Más allá de que podamos otorgar el beneficio de la buena fe, también nos reservamos el de la duda; las actitudes de los gobernantes de turno y de algunos que ya no se encuentran entre nosotros, nos lleva a tal posición.

Una de las banderas ostentadas por los iluminados, ha sido la de la democracia; la misma será, piensan, defendida siempre y cuando se maneje dentro de lo que consideramos correcto y a nuestro gusto.

Con tal filosofía se excluyó arbitrariamente del Mercosur a la República del Paraguay, miembro fundador de la institución, quien por medios constitucionales decidió a través de su Parlamento, voz indiscutida de la voluntad popular, la destitución de su primer mandatario; filosofía que dirigida por seres incoherentes, hoy, abalan el totalitarismo de Nicolás Maduro y apoyaron de hecho en su momento, el no conteo de votos solicitado por la oposición, en claro desmedro y desprecio por un derecho tan elemental como lo es el de la certeza proveniente de las urnas; los mismos que hoy, apoyan el discurso divisionista y sectario que pregona el Heredero de Chávez; los mismos que toman abiertamente partido por un sector de la sociedad Venezolana, desconociendo el derecho de la oposición; los mismos que cuando un país chico como Uruguay necesita respaldo, le dan la espalda a favor tácito de uno grande (recordemos el conflicto de las papeleras), o que cuando se anima a levantar un poquito la voz, le impiden los trasbordos en sus puertos, produciéndole inmensas pérdidas económicas; los mismos que claman por la legalidad, pero tienen como gurú y “PADRINO” político, al Dictador más viejo del mundo, el Sr. Fidel Castro, quien tiene aún en sus mazmorras a presos políticos, por el solo hecho de reclamar la libertad para sus compatriotas; los mismos que abrieron las puertas y supieron recibir con elogios sobreactuados a un líder como el de Irán, quien deseaba públicamente el aniquilamiento del Estado de Israel; los mismos, que cuando eran oposición organizaban e incitaban a movimientos populares en las calles en defensa de legítimas reivindicaciones, pero que desprecian y tildan de fascistas a quienes hoy, estando ellos en el poder, reclaman también legítimamente, aquellas mismas reivindicaciones de las que las promesas de solución, han quedado en el olvido.

Así están las cosas en nuestro amado continente. Los que se jactan de ser los continuadores de los Libertadores y sus ideas, no hacen más que utilizar sus figuras para sembrar por este “INMENSO JARDÍN”, la descalificación del adversario; el despotismo social y la transformación insensata de la hipócrita Latinoamérica; una vez más demuestran sin estupor ni vergüenza, que su discurso es de izquierda, pero se desvelan y coquetean arteramente con la derecha a la que ayer repudiaban pero que hoy idolatran. Como cambian los tiempos; que ejemplo irreversiblemente triste; mientras algunos, como Argentina y Venezuela hacen de las suyas, Uruguay se arrastra.