El poder oculto

Cada vez que concurro a una oficina pública a hacer un trámite debo esperar un tiempo prudencial y al ser atendido muchas veces, la mala cara o el desgano del trabajador que está del otro lado del mostrador, ya hace que la consulta sea aún más larga de lo habitual.
El otro día fui al BPS a preguntar por un testimonio de asignación familiar, me dijeron que me daban número para la semana próxima. Llegó el día y estaba sobre la hora señalada, se pasaron algunos minutos, pero eso está comprendido dentro de las reglas de juego y está bien para mí. Sin embargo, cuando la funcionaria me atendió tuvo que venir alguien con más experiencia en el organismo a enseñarle cómo buscar lo que yo le estaba pidiendo.
Tras esto, que llevó algunos minutos de cuchicheos y risas cómplices, mientras yo veía pasar los minutos y pensaba en el resto de las vueltas que tenía que dar ese día antes de entrar a trabajar, la joven e inexperta funcionaria se dispuso a tratar de resolver mi planteo. Le llevó un buen rato entender de qué se trataba todo y cuando buscó mis antecedentes me dijo con sorpresa “¡usted generó 332 pesos de asignación familiar!”. ¡Guau! (con exclamación de sorpresa y no como un ladrido de perro) le respondí, ¿¡todo eso!?. “Sí, si”, me dijo la joven trabajadora del sistema sin entender mi sarcasmo.
Y entonces repliqué “después de aportar miles de pesos mensuales durante más de una década, es lo mínimo que me merezco”, le comenté. Ante lo cual me dijo “sí señor, tiene ese dinero a su favor y ya mismo le digo dónde lo cobra”, me contestaba tan entusiasmada, al punto que pensé, es ella la que se está burlando de mí o es así nomás.
Entonces decidí ponerme serio y darle lo que a mi juicio podía hacer con esos trescientos y no se cuántos pesos, que nada se desprecia en esta vida, pero decírmelo con tanto énfasis ya era una tomada de pelo. Mirá, le dije mientras ella se disponía escucharme pensando que poco menos iba a comprarle un regalo en agradecimiento, me parece una burda tomada de pelo que, tú en nombre del sistema perverso y paradójico que nos inventaron y con el que convivimos la mayor parte del tiempo quejándonos entre dientes, me digas que después de aportar un porcentaje altísimo de mis ingresos a este organismo, me den un subsidio mensual con el que se supone que tengo que alimentar, vestir y pagarle gastos de farmacia a mi hijo, mientras eso no alcanza para un paquete mediano de pañales, cosa de tirar aunque sea medio mes.
Me parece ridículo además que me lo digas con total desparpajo y no te des cuenta (o al menos te sale muy bien el personaje con sonrisa Kolynos) que en función de los acuerdos salariales a los que no alcanzamos, porque la inflación y los costos de los aportes patronales van mucho más rápido, entonces el gobiernos nos la hace dificilísimo a los trabajadores tener que negociar nuestros ingresos, porque ahoga cada vez más al empresario para que éste, si gana un peso con sus productos, no quiera ni de casualidad repartirlo entre sus trabajadores, que tú me digas que además cuando haya aumento de sueldo, mi “aporte” (que ya no se a quién o a qué aporto, porque me sacan el sueldo de un trabajador y me dan un subsidio del valor de un almuerzo como premio) va a aumentar, pero que la ridícula asignación familiar que me estás diciendo que me gané, no incrementa, por el contrario, se mantiene.
Entonces por qué no nos guardamos los resultados de este sistema intolerable y perverso que aplica el BPS con total descaro a sus ciudadanos, y encima tenemos que aguantarlo a Murro, cuya eme la cambiaría por una be larga, porque no se puede creer la sarta de disparates que dice este tipo con total impunidad, al que encima yo le estoy pagando un sueldo que es mucho mayor al mío por supuesto, y que es un atrevido de la A a la Z, y en vez de hablarme tan a la ligera de la relación de cuánto aporto y cuánto me das de subsidio para poder criar a mi hijo sin que le falte nada, que claramente si en parte dependiera de la asignación familiar se moriría de hambre y el Estado sería corresponsable por el daño causado, la hacemos más rápido y la terminamos acá.
Así que decime dónde cobro, cuándo lo hago y dónde sigan tirándonos a los que con el sudor de nuestra frente estamos manteniendo al Estado y toda su carga, nos vamos a unir y vamos a denunciar esta gran estafa. La que está apañada por la burocracia, que es el gran poder oculto que tiene el sistema para funcionar, y es el poder oculto que tienen los funcionarios públicos para hacer que lo que ellos no quieran que salga y se tranque, lo logren por la vía de la burocracia, que está llena de baches y horrores los que causan daños y lesionan los derechos más elementales de todos los ciudadanos.
Entonces la funcionaria, para hacerme ver que la perversidad de lo que me estaba anunciando era el resultado de lo que ella defiende, que es el maléfico sistema con el que estamos obligados a convivir, me demostró que mi teoría era real. Porque como los tremendos descuentos que tengo y el lastimoso subsidio llamado asignación familiar que me estaban anunciando, estaban avalados por la burocracia, sólo se escondió detrás del mostrador con una sonrisa complaciente, me despidió con una cara de jódase. Y llamó al siguiente número para informarle sobre otra situación enfermiza como la que acababa de decirme.

Cada vez que concurro a una oficina pública a hacer un trámite debo esperar un tiempo prudencial y al ser atendido muchas veces, la mala cara o el desgano del trabajador que está del otro lado del mostrador, ya hace que la consulta sea aún más larga de lo habitual.

El otro día fui al BPS a preguntar por un testimonio de asignación familiar, me dijeron que me daban número para la semana próxima. Llegó el día y estaba sobre la hora señalada, se pasaron algunos minutos, pero eso está comprendido dentro de las reglas de juego y está bien para mí. Sin embargo, cuando la funcionaria me atendió tuvo que venir alguien con más experiencia en el organismo a enseñarle cómo buscar lo que yo le estaba pidiendo.

Tras esto, que llevó algunos minutos de cuchicheos y risas cómplices, mientras yo veía pasar los minutos y pensaba en el restoafagva de las vueltas que tenía que dar ese día antes de entrar a trabajar, la joven e inexperta funcionaria se dispuso a tratar de resolver mi planteo. Le llevó un buen rato entender de qué se trataba todo y cuando buscó mis antecedentes me dijo con sorpresa “¡usted generó 332 pesos de asignación familiar!”. ¡Guau! (con exclamación de sorpresa y no como un ladrido de perro) le respondí, ¿¡todo eso!?. “Sí, si”, me dijo la joven trabajadora del sistema sin entender mi sarcasmo.

Y entonces repliqué “después de aportar miles de pesos mensuales durante más de una década, es lo mínimo que me merezco”, le comenté. Ante lo cual me dijo “sí señor, tiene ese dinero a su favor y ya mismo le digo dónde lo cobra”, me contestaba tan entusiasmada, al punto que pensé, es ella la que se está burlando de mí o es así nomás.

Entonces decidí ponerme serio y darle lo que a mi juicio podía hacer con esos trescientos y no se cuántos pesos, que nada se desprecia en esta vida, pero decírmelo con tanto énfasis ya era una tomada de pelo. Mirá, le dije mientras ella se disponía escucharme pensando que poco menos iba a comprarle un regalo en agradecimiento, me parece una burda tomada de pelo que, tú en nombre del sistema perverso y paradójico que nos inventaron y con el que convivimos la mayor parte del tiempo quejándonos entre dientes, me digas que después de aportar un porcentaje altísimo de mis ingresos a este organismo, me den un subsidio mensual con el que se supone que tengo que alimentar, vestir y pagarle gastos de farmacia a mi hijo, mientras eso no alcanza para un paquete mediano de pañales, cosa de tirar aunque sea medio mes.

Me parece ridículo además que me lo digas con total desparpajo y no te des cuenta (o al menos te sale muy bien el personaje con sonrisa Kolynos) que en función de los acuerdos salariales a los que no alcanzamos, porque la inflación y los costos de los aportes patronales van mucho más rápido, entonces el gobiernos nos la hace dificilísimo a los trabajadores tener que negociar nuestros ingresos, porque ahoga cada vez más al empresario para que éste, si gana un peso con sus productos, no quiera ni de casualidad repartirlo entre sus trabajadores, que tú me digas que además cuando haya aumento de sueldo, mi “aporte” (que ya no se a quién o a qué aporto, porque me sacan el sueldo de un trabajador y me dan un subsidio del valor de un almuerzo como premio) va a aumentar, pero que la ridícula asignación familiar que me estás diciendo que me gané, no incrementa, por el contrario, se mantiene.

Entonces por qué no nos guardamos los resultados de este sistema intolerable y perverso que aplica el BPS con total descaro a sus ciudadanos, y encima tenemos que aguantarlo a Murro, cuya eme la cambiaría por una be larga, porque no se puede creer la sarta de disparates que dice este tipo con total impunidad, al que encima yo le estoy pagando un sueldo que es mucho mayor al mío por supuesto, y que es un atrevido de la A a la Z, y en vez de hablarme tan a la ligera de la relación de cuánto aporto y cuánto me das de subsidio para poder criar a mi hijo sin que le falte nada, que claramente si en parte dependiera de la asignación familiar se moriría de hambre y el Estado sería corresponsable por el daño causado, la hacemos más rápido y la terminamos acá.

Así que decime dónde cobro, cuándo lo hago y dónde sigan tirándonos a los que con el sudor de nuestra frente estamos manteniendo al Estado y toda su carga, nos vamos a unir y vamos a denunciar esta gran estafa. La que está apañada por la burocracia, que es el gran poder oculto que tiene el sistema para funcionar, y es el poder oculto que tienen los funcionarios públicos para hacer que lo que ellos no quieran que salga y se tranque, lo logren por la vía de la burocracia, que está llena de baches y horrores los que causan daños y lesionan los derechos más elementales de todos los ciudadanos.

Entonces la funcionaria, para hacerme ver que la perversidad de lo que me estaba anunciando era el resultado de lo que ella defiende, que es el maléfico sistema con el que estamos obligados a convivir, me demostró que mi teoría era real. Porque como los tremendos descuentos que tengo y el lastimoso subsidio llamado asignación familiar que me estaban anunciando, estaban avalados por la burocracia, sólo se escondió detrás del mostrador con una sonrisa complaciente, me despidió con una cara de jódase. Y llamó al siguiente número para informarle sobre otra situación enfermiza como la que acababa de decirme.

Hugo Lemos






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