Hay que sacarles la careta

“Yo tengo una visión socialista y soy hipercrítico del capitalismo. Lucho para superarlo, pero no es una solución que esté a la vuelta de la esquina. Saltar de una sociedad atrasada hacia el socialismo fue una fantasía de otra época. No creo tampoco en la dictadura del proletariado, ese es un cuento chino que nos comimos. La construcción del socialismo no puede estar reñida con la libertad”, este es un fragmento de la extensa entrevista que el presidente José Mujica, concedió al semanario Brecha y que fue publicada la semana pasada.
La misma explica muchas cosas y deja en claro otras. No hay que sacar las frases de contexto, pero sí hay que saber leer entre líneas y analizar cada palabra para entender mejor el mundo en el que vivimos. Mujica es un hombre que no perdió su esencia de librepensador, de hombre pragmático y de un ser coherente entre lo que dice y su forma de vivir.
Hace algunos años, cuando yo era dirigente estudiantil en la Regional Norte y peleábamos contra los daños sociales que estaba produciendo en ese entonces la dura crisis que atravesaba el sistema neoliberal, implantado en nuestra región y cuya caída afectó a todo el continente, donde aquí se desarrolló sin el proteccionismo adecuado para un país de 3 millones, por parte del entonces presidente, Jorge Batlle, Mujica mostraba que la lucha de clases hacía de la sociedad un conjunto fragmentado de personas que luchaban por intereses distintos y que estaba bien que así fuera.
En ese momento no hablaba de unidades, no se refería a un país que era uno solo y que debía pelear por las cosas en común de su gente, como por ejemplo la industrialización de las materias primas, para captar más inversión y poder fomentar fuentes genuinas de empleo, y con eso captar riquezas que sirvan para que la sociedad entienda que el trabajo es el camino, pero no regalando nuestras riquezas a cualquier precio, ni tampoco haciendo que el Estado se haga cargo de todo, como pregonaron en ese momento más que nunca los sindicatos y los grupos políticos de izquierda, que consumían todo lo que venía de afuera por un lado y cuestionaban ese consumismo que ellos mismos practicaban por otro.
Sin embargo, hoy, cuando siendo presidente de la República, teniendo el sartén por el mango, habiendo sido electo por medio del apoyo popular, Mujica ve que es imposible erradicar un sistema que la gente quiere, cuestiona y critica, pero que acepta y lo adopta como forma de vida y que además no quiere cambiarlo. Porque la gente no quiere dejar de consumir Coca Cola por más que ésta sea “el símbolo del imperialismo”, es más, a nadie le importa eso, ni tampoco lo entiende, sino que por el contrario, quiere consumir más Coca Cola, quiere que todos accedan a ella, y que todos puedan comprar lo que el mundo de hoy les ofrece, sin privaciones.
¿Qué hicieron sus compañeros combatientes (si es que puede usarse esa palabra con ellos) cuando les pagaron una pensión graciable por haber estado presos en la época de la dictadura? ¿La donaron a una institución benéfica? Ni por asomo. ¿Se la dieron a los niños pobres? Ni locos. ¿Fundaron un comedor gratuito para los que menos tienen? Tampoco. Muchos de ellos consumieron en su propio beneficio o en el de sus familias. Cambiaron su automóvil, otros adquirieron uno, se vistieron con las prendas que les impone el mercado la mayoría de ellas extranjeras, se fueron de vacaciones, y los más vivos pusieron un negocio y ahora son patrones y mandan y pagan sueldos de hambre y ordenan a sus proletarios a hacer lo que ellos les dicen.
Entonces, ¿cuál es el camino? Seguir criticando al sistema o razonar como Mujica que sigue siendo un soñador acorde a su época y por eso dona su sueldo, que el 99 por ciento de sus compañeros no daría, porque en esa misma entrevista en Brecha, el presidente cuenta: Hay un problema de matriz cultural. Pero que yo tenga una manera de pensar no quiere decir que… Yo no puedo convencer a los que están alrededor mío. Yo vengo poniendo 150 mil pesos por mes del sueldo mío para el Plan Juntos… ¿creés que tengo a alguien en el gobierno que ponga diez pesos? No. Tuve que poner un letrero en la puerta de mi oficina que dice: “No avergüencen al presidente, paguen lo que corresponde al Frente Amplio”. Es un cartel para obligar a la burocracia de confianza a cotizar con el Frente. Tienen dos casitas y otra en el balneario, y medio Uruguay precisa vivienda, ta. Y yo no les puedo imponer nada. ¿Por qué? Porque la presión de la sociedad en la que vivimos es más fuerte. Una revolución es una cultura. La gente dice que el Pepe tiene razón respecto al consumo, me aplauden, pero no me dan ni pelota (se ríe)”.
Si no vamos a razonar como Mujica, si no vamos a hacer lo que él hace con el dinero que gana, sino vamos a ser coherentes con la prédica de que hay que ser solidarios y eso significa desprenderse de lo que uno tiene para que los demás puedan vivir mejor, compartiendo lo que se tiene para fomentar la cultura de la solidaridad no de la vagancia, entonces, sino vamos a hacer nada de esto.
Es mejor callarnos la boca y no cuestionar a los demás, mucho menos a los que sí hacen cosas por la gente y nunca estuvieron presos en la dictadura, ni tampoco son del Frente Amplio, porque no creen en los sloganes, ni en los clubes de los que se creen mejores que los demás, y no son más que una manga de resentidos con sueldos que encima les pagamos nosotros todos, por haber jugado a los héroes en su momento y cuando les salió mal, se volvieron del otro bando pero no lo dicen, por cobardía, aunque sus actuaciones en la vida los dejen en evidencia.
Yo he visto al actual gobierno departamental hacer mucho más por los pobres que el anterior gobierno del Frente Amplio. He visto como le han facilitado el transporte, le han arreglado las calles de su barrio y hasta les han construido salas velatorias dignas en el cementerio central, para que quienes no puedan pagar un servicio fúnebre puedan tener ese momento de intimidad en un lugar adecuado y no en el pestilente lugar que tenían antes.
Eso significa respeto por la gente y solidaridad con el que menos tiene. Y no lo hicieron los izquierdistas revolucionarios, dueños de comercios, de medios de comunicación y de establecimientos ganaderos que no son capaces de darle una moneda a un niño en un estacionamiento, pero que critican al capitalismo y hablan de la farsa (como dice Mujica) de la dictadura del proletariado, algo de lo que ellos solo participan con la boca, pero jamás lo vivirían en carne propia por miedo a perder la libertad que ellos quieren imponerle a los demás, porque suena lindo. Por eso, como lo hizo el presidente, hay que sacarles la careta.

“Yo tengo una visión socialista y soy hipercrítico del capitalismo. Lucho para superarlo, pero no es una solución que esté a la vuelta de la esquina. Saltar de una sociedad atrasada hacia el socialismo fue una fantasía de otra época. No creo tampoco en la dictadura del proletariado, ese es un cuento chino que nos comimos. La construcción del socialismo no puede estar reñida con la libertad”, este es un fragmento de la extensa entrevista que el presidente José Mujica, concedió al semanario Brecha y que fue publicada la semana pasada.

La misma explica muchas cosas y deja en claro otras. No hay que sacar las frases de contexto, pero sí hay que saber leercampaña entre líneas y analizar cada palabra para entender mejor el mundo en el que vivimos. Mujica es un hombre que no perdió su esencia de librepensador, de hombre pragmático y de un ser coherente entre lo que dice y su forma de vivir.

Hace algunos años, cuando yo era dirigente estudiantil en la Regional Norte y peleábamos contra los daños sociales que estaba produciendo en ese entonces la dura crisis que atravesaba el sistema neoliberal, implantado en nuestra región y cuya caída afectó a todo el continente, donde aquí se desarrolló sin el proteccionismo adecuado para un país de 3 millones, por parte del entonces presidente, Jorge Batlle, Mujica mostraba que la lucha de clases hacía de la sociedad un conjunto fragmentado de personas que luchaban por intereses distintos y que estaba bien que así fuera.

En ese momento no hablaba de unidades, no se refería a un país que era uno solo y que debía pelear por las cosas en común de su gente, como por ejemplo la industrialización de las materias primas, para captar más inversión y poder fomentar fuentes genuinas de empleo, y con eso captar riquezas que sirvan para que la sociedad entienda que el trabajo es el camino, pero no regalando nuestras riquezas a cualquier precio, ni tampoco haciendo que el Estado se haga cargo de todo, como pregonaron en ese momento más que nunca los sindicatos y los grupos políticos de izquierda, que consumían todo lo que venía de afuera por un lado y cuestionaban ese consumismo que ellos mismos practicaban por otro.

Sin embargo, hoy, cuando siendo presidente de la República, teniendo el sartén por el mango, habiendo sido electo por medio del apoyo popular, Mujica ve que es imposible erradicar un sistema que la gente quiere, cuestiona y critica, pero que acepta y lo adopta como forma de vida y que además no quiere cambiarlo. Porque la gente no quiere dejar de consumir Coca Cola por más que ésta sea “el símbolo del imperialismo”, es más, a nadie le importa eso, ni tampoco lo entiende, sino que por el contrario, quiere consumir más Coca Cola, quiere que todos accedan a ella, y que todos puedan comprar lo que el mundo de hoy les ofrece, sin privaciones.

¿Qué hicieron sus compañeros combatientes (si es que puede usarse esa palabra con ellos) cuando les pagaron una pensión graciable por haber estado presos en la época de la dictadura? ¿La donaron a una institución benéfica? Ni por asomo. ¿Se la dieron a los niños pobres? Ni locos. ¿Fundaron un comedor gratuito para los que menos tienen? Tampoco. Muchos de ellos consumieron en su propio beneficio o en el de sus familias. Cambiaron su automóvil, otros adquirieron uno, se vistieron con las prendas que les impone el mercado la mayoría de ellas extranjeras, se fueron de vacaciones, y los más vivos pusieron un negocio y ahora son patrones y mandan y pagan sueldos de hambre y ordenan a sus proletarios a hacer lo que ellos les dicen.

Entonces, ¿cuál es el camino? Seguir criticando al sistema o razonar como Mujica que sigue siendo un soñador acorde a su época y por eso dona su sueldo, que el 99 por ciento de sus compañeros no daría, porque en esa misma entrevista en Brecha, el presidente cuenta: Hay un problema de matriz cultural. Pero que yo tenga una manera de pensar no quiere decir que… Yo no puedo convencer a los que están alrededor mío. Yo vengo poniendo 150 mil pesos por mes del sueldo mío para el Plan Juntos… ¿creés que tengo a alguien en el gobierno que ponga diez pesos? No. Tuve que poner un letrero en la puerta de mi oficina que dice: “No avergüencen al presidente, paguen lo que corresponde al Frente Amplio”. Es un cartel para obligar a la burocracia de confianza a cotizar con el Frente. Tienen dos casitas y otra en el balneario, y medio Uruguay precisa vivienda, ta. Y yo no les puedo imponer nada. ¿Por qué? Porque la presión de la sociedad en la que vivimos es más fuerte. Una revolución es una cultura. La gente dice que el Pepe tiene razón respecto al consumo, me aplauden, pero no me dan ni pelota (se ríe)”.

Hugo Lemos

Si no vamos a razonar como Mujica, si no vamos a hacer lo que él hace con el dinero que gana, sino vamos a ser coherentes con la prédica de que hay que ser solidarios y eso significa desprenderse de lo que uno tiene para que los demás puedan vivir mejor, compartiendo lo que se tiene para fomentar la cultura de la solidaridad no de la vagancia, entonces, sino vamos a hacer nada de esto.

Es mejor callarnos la boca y no cuestionar a los demás, mucho menos a los que sí hacen cosas por la gente y nunca estuvieron presos en la dictadura, ni tampoco son del Frente Amplio, porque no creen en los sloganes, ni en los clubes de los que se creen mejores que los demás, y no son más que una manga de resentidos con sueldos que encima les pagamos nosotros todos, por haber jugado a los héroes en su momento y cuando les salió mal, se volvieron del otro bando pero no lo dicen, por cobardía, aunque sus actuaciones en la vida los dejen en evidencia.

Yo he visto al actual gobierno departamental hacer mucho más por los pobres que el anterior gobierno del Frente Amplio. He visto como le han facilitado el transporte, le han arreglado las calles de su barrio y hasta les han construido salas velatorias dignas en el cementerio central, para que quienes no puedan pagar un servicio fúnebre puedan tener ese momento de intimidad en un lugar adecuado y no en el pestilente lugar que tenían antes.

Eso significa respeto por la gente y solidaridad con el que menos tiene. Y no lo hicieron los izquierdistas revolucionarios, dueños de comercios, de medios de comunicación y de establecimientos ganaderos que no son capaces de darle una moneda a un niño en un estacionamiento, pero que critican al capitalismo y hablan de la farsa (como dice Mujica) de la dictadura del proletariado, algo de lo que ellos solo participan con la boca, pero jamás lo vivirían en carne propia por miedo a perder la libertad que ellos quieren imponerle a los demás, porque suena lindo. Por eso, como lo hizo el presidente, hay que sacarles la careta.