No es cuestión de fieles

Luego de que han habido diversas posiciones sobre el asunto y de que los comerciantes locales traten de fieles e infieles a quienes les compran a ellos, a los precios que se les ocurre poner en función de la inflación, la carga impositiva y las variables del mercado, quedandode rehenes los consumidores finales de toda esta situación, debiendo pagar una canasta básica de unos 1.500 dólares mensuales en promedio para vivir, aunque ganando sueldos significativamente inferiores a eso, yo ratifico lo que pienso.

Las medidas del cero kilo impuestas por la Aduana en esta zona del litoral y que entraron en vigor a partir de hoy, son una causa nacional, es entendible, pero no serán parejas para todos y le dará viento en la camiseta al mercado negro ya existente y esto, le guste a quien le guste, es así y a las pruebas me remito.
El día que la Aduana, la DGI, o el Ministerio Público y Fiscal, termine con el comercio informal y no permita que haya más gente vendiendo productos de origen extranjero ingresados ilegalmente al país, y encima no le permitan a cualquier ciudadano ser su propio bagayero, sin intermediarios, y comprarse su propio surtido en la vecina ciudad fronteriza, entonces ahí sí habrá justicia y todos contentos. Nadie irá del otro lado, y acá todos los comercios venderán productos nacionales y aunque algunos sean extranjeros, habrán pagado los leoninos impuestos que nos impone como mazazo el Estado, con el afán de recaudar y solventar vaya uno a saber qué cosa, porque todo está cada vez peor.
Pero como todo esto no va a ocurrir ni por asomo (lo de los impuestos sí, eso no va a faltar, es más probable que las vacas vuelen a que el Estado deje de cobrar la magnitud de los impuestos que cobra, como para no jactarse de que el país está bien y el Banco Central tiene reservas, con todo lo que le dejamos por mes en DGI, BPS, UTE, OSE, ANTEL, ANCAP, etc. quien no se luce con las ropas de otro), la medida de cero kilo, es una decisión para tapar el ojo de los comerciantes que tanto se han quejado en los últimos días por la fuga de capitales hacia un lugar con una mejor oferta.
Está bien que si esos empresarios, pagan sueldos con dinero recaudado por los salteños que les compran a ellos, le pidan a sus empleados que gasten el dinero en Salto y a la gente que siga comprando en nuestra ciudad, con la finalidad de que ellos ganen, puedan seguir pagando los mismos sueldos y la gente pueda comprar hasta donde pueda, pero que la cadena siga y no se corte.
Aunque no entendieron, o al menos no quieren entender porque sería nefasto para ellos hacerlo, que la medida adoptada en forma espontánea por los miles de salteños que cruzaron la frontera para adquirir productos, fue una forma de protesta contra el comercio local por el alto costo de vida que le imponen al ciudadano con sus precios.
Dirán que no pueden bajar los precios porque el costo de vida en el Uruguay es alto, fruto de la carga impositiva y de que la mano de obra es cara por todo lo que implican las leyes sociales y laborales, además de quejarse del costo de los servicios básicos y eso está bien, desde ese punto de vista es entendible que tengan que remarcar los precios de un producto que del otro lado de la frontera sale hasta cuatro veces menos.
Pero en ese sentido, tienen que darse cuenta que si no se preocupan por bajar el alto costo de vida que ellos como parte del sistema ayudan a que tengamos todos, cuando aparezca una mejor oferta como ocurrió en este caso hasta que se cerró el puente, la gente se les va a ir. Y acá nadie habla de fidelidad, sino de la necesidad de poder vivir y llegar a fin de mes. Porque con el sueldo promedio de un trabajador en nuestro medio, que ronda los 12 mil pesos promedio y hasta estoy siendo generoso, no se puede llegar a fin de mes ni por asomo.
Y estoy seguro de que si alguno de los directivos del Centro Comercial tuvieran que administrarse todo un mes con ese dinero para mantenerse ellos mismos, cruzarían el puente en lo que dura un chasquido de dedos, y si encima tuvieran que mantener a su familia con esa misma plata, se van nadando.
Entonces el alto costo de vida en el Uruguay ha provocado esto. Una guerra entre los uruguayis que tienen un negocio y quieren prosperar en él, con el sistema tal como está y aduciendo que ellos sí piden que haya rebajas impositivas para poder competir, pero si las mismas no vienen, a todos les da lo mismo. Porque saben que la gente va a ir a comprarles igual, ya que no se van a morir de hambre sentados esperando que bajen los precios y esa es la mentalidad de quienes tienen un comercio en Salto. Está bien que lo defiendan y yo también los defiendo, y defiendo al país, y a Salto y a la industria nacional, pero el tema no es ese, sino que pasa por una cuestión de sobrevivencia.
Entiendo al empresario que gana un dinero que le permite ir todos los días a los supermercados locales, ni siquiera hablo de los que son sucursales de las cadenas de Montevideo, sino de los locales, los de Salto. Ellos pueden pagarse un surtido y comer todo el mes con los precios de esos comercios. Pero son una franja muy pequeña de la población y tienen que entenderlo, la mayoría de la gente entre los que están implicados sus propios empleados, no pueden hacer lo mismo. Porque para comer todo el mes deben comprar en un lugar más barato, sino pueden llegar a pasar hambre. Y ellos lo saben muy bien, porque saben cuánto cuesta vivir un mes en Salto y saben cuánto es el sueldo que ellos mismos les pagan a sus empleados, que son personas con familia.
Aunque aún así, el enfrentamiento que está empezando a gestarse entre los consumidores y los comerciantes salteños por los precios, tienen un vivo al que no hay alimentar, pero que se lo termina alimentando igual porque el sí puede competir con los precios, y esos son los comerciantes informales. Los bagayeros son el tecero en discordia que deberíamos evitar.
Porque éstos, más allá de cero kilo y por más que la Aduana diga que puso una muralla con sus funcionarios atados en el puente, igual pasan su mercadería por abajo del agua y siguen subsistiendo, y el bagashopping crece todos los días. Porque saben que esto del cero kilo y la mar en coche que se le ocurra decir al gobierno, es puro cuento, y que la sociedad, el trabajador, el que gana dos pesos, el policía, el enfermero, el maestro, el empleado de tienda, los necesita para poder sobrevivir.
Y el Estado se queda tranquilo, porque no tiene más aquel servicio de Subsistencias, pero ahora además del Mides, tiene a los bagayeros, y sabe que estos colaboran con el Estado porque les mata el hambre a los pobres, entonces terminan siendo necesarios, y también la Aduana para poder existir como organismo los necesita, porque si no existieran contrabandistas, no existiría la Aduana. Y los aduaneros los necesitan, porque si no habría bagayeros, ellos no tendrían trabajo y tampoco podría darse la posibilidad de que recibirían “propinas”, porque cómo explican muchos de ellos el patrimonio que tienen, que ni por asomo se lo compraron con el sueldo que ganan trabajando allí. Quizás sacaron un 5 de Oro o recibieron una herencia, vaya uno a saber.
Entonces, pienso que esta medida del cero kilo va a beneficiar al bagayero porque el que gana poco, o sea la mayoría de los trabajadores, ya no puede cruzar el puente para comprar más barato y como en los comercios locales los precios siguen por las nubes, buscarán una alternativa. ¿Dónde? Adivinen. Y el comercio local seguirá de punta, porque cuando uno los escucha tratar de infieles, por no decir traidores, a quienes no les compran a ellos, a sus precios, me gustaría que razonaran con el bolsillo del consumidor para saber cómo ofrecer mejor los productos y que a uno le de ganas de ser fiel con éstos.
Por eso, ojalá que el comercio local razone que la gente se fue a comprar a Concordia y a Buenos Aires porque ellos no supieron contrarrestarlos con una buena oferta, y que valoren más a los consumidores locales y no les impongan productos chatarras a precios antojadizos. Que los respeten y que se unan con éstos para protestar por el costo de vida contra quien corresponde que es el Estado, y que nos somete a todos al mismo mal, y encima hace que nos enfrentemos para que nos devoren los de afuera. Llámese Carrefour o Alto Palermo Shopping.
Las medidas del cero kilo impuestas por la Aduana en esta zona del litoral y que entraron en vigor a partir de hoy, son una causa nacional, es entendible, pero no serán parejas para todos y le dará viento en la camiseta al mercado negro ya existente y esto, le guste a quien le guste, es así y a las pruebas me remito.consumo
El día que la Aduana, la DGI, o el Ministerio Público y Fiscal, termine con el comercio informal y no permita que haya más gente vendiendo productos de origen extranjero ingresados ilegalmente al país, y encima no le permitan a cualquier ciudadano ser su propio bagayero, sin intermediarios, y comprarse su propio surtido en la vecina ciudad fronteriza, entonces ahí sí habrá justicia y todos contentos. Nadie irá del otro lado, y acá todos los comercios venderán productos nacionales y aunque algunos sean extranjeros, habrán pagado los leoninos impuestos que nos impone como mazazo el Estado, con el afán de recaudar y solventar vaya uno a saber qué cosa, porque todo está cada vez peor.
Pero como todo esto no va a ocurrir ni por asomo (lo de los impuestos sí, eso no va a faltar, es más probable que las vacas vuelen a que el Estado deje de cobrar la magnitud de los impuestos que cobra, como para no jactarse de que el país está bien y el Banco Central tiene reservas, con todo lo que le dejamos por mes en DGI, BPS, UTE, OSE, ANTEL, ANCAP, etc. quien no se luce con las ropas de otro), la medida de cero kilo, es una decisión para tapar el ojo de los comerciantes que tanto se han quejado en los últimos días por la fuga de capitales hacia un lugar con una mejor oferta.
Está bien que si esos empresarios, pagan sueldos con dinero recaudado por los salteños que les compran a ellos, le pidan a sus empleados que gasten el dinero en Salto y a la gente que siga comprando en nuestra ciudad, con la finalidad de que ellos ganen, puedan seguir pagando los mismos sueldos y la gente pueda comprar hasta donde pueda, pero que la cadena siga y no se corte.
Aunque no entendieron, o al menos no quieren entender porque sería nefasto para ellos hacerlo, que la medida adoptada en forma espontánea por los miles de salteños que cruzaron la frontera para adquirir productos, fue una forma de protesta contra el comercio local por el alto costo de vida que le imponen al ciudadano con sus precios.
Dirán que no pueden bajar los precios porque el costo de vida en el Uruguay es alto, fruto de la carga impositiva y de que la mano de obra es cara por todo lo que implican las leyes sociales y laborales, además de quejarse del costo de los servicios básicos y eso está bien, desde ese punto de vista es entendible que tengan que remarcar los precios de un producto que del otro lado de la frontera sale hasta cuatro veces menos.
Pero en ese sentido, tienen que darse cuenta que si no se preocupan por bajar el alto costo de vida que ellos como parte del sistema ayudan a que tengamos todos, cuando aparezca una mejor oferta como ocurrió en este caso hasta que se cerró el puente, la gente se les va a ir. Y acá nadie habla de fidelidad, sino de la necesidad de poder vivir y llegar a fin de mes. Porque con el sueldo promedio de un trabajador en nuestro medio, que ronda los 12 mil pesos promedio y hasta estoy siendo generoso, no se puede llegar a fin de mes ni por asomo.
Y estoy seguro de que si alguno de los directivos del Centro Comercial tuvieran que administrarse todo un mes con ese dinero para mantenerse ellos mismos, cruzarían el puente en lo que dura un chasquido de dedos, y si encima tuvieran que mantener a su familia con esa misma plata, se van nadando.
Entonces el alto costo de vida en el Uruguay ha provocado esto. Una guerra entre los uruguayis que tienen un negocio y quieren prosperar en él, con el sistema tal como está y aduciendo que ellos sí piden que haya rebajas impositivas para poder competir, pero si las mismas no vienen, a todos les da lo mismo. Porque saben que la gente va a ir a comprarles igual, ya que no se van a morir de hambre sentados esperando que bajen los precios y esa es la mentalidad de quienes tienen un comercio en Salto. Está bien que lo defiendan y yo también los defiendo, y defiendo al país, y a Salto y a la industria nacional, pero el tema no es ese, sino que pasa por una cuestión de sobrevivencia.
Entiendo al empresario que gana un dinero que le permite ir todos los días a los supermercados locales, ni siquiera hablo de los que son sucursales de las cadenas de Montevideo, sino de los locales, los de Salto. Ellos pueden pagarse un surtido y comer todo el mes con los precios de esos comercios. Pero son una franja muy pequeña de la población y tienen que entenderlo, la mayoría de la gente entre los que están implicados sus propios empleados, no pueden hacer lo mismo. Porque para comer todo el mes deben comprar en un lugar más barato, sino pueden llegar a pasar hambre. Y ellos lo saben muy bien, porque saben cuánto cuesta vivir un mes en Salto y saben cuánto es el sueldo que ellos mismos les pagan a sus empleados, que son personas con familia.
Aunque aún así, el enfrentamiento que está empezando a gestarse entre los consumidores y los comerciantes salteños por los precios, tienen un vivo al que no hay alimentar, pero que se lo termina alimentando igual porque el sí puede competir con los precios, y esos son los comerciantes informales. Los bagayeros son el tecero en discordia que deberíamos evitar.
Porque éstos, más allá de cero kilo y por más que la Aduana diga que puso una muralla con sus funcionarios atados en el puente, igual pasan su mercadería por abajo del agua y siguen subsistiendo, y el bagashopping crece todos los días. Porque saben que esto del cero kilo y la mar en coche que se le ocurra decir al gobierno, es puro cuento, y que la sociedad, el trabajador, el que gana dos pesos, el policía, el enfermero, el maestro, el empleado de tienda, los necesita para poder sobrevivir.
Y el Estado se queda tranquilo, porque no tiene más aquel servicio de Subsistencias, pero ahora además del Mides, tiene a los bagayeros, y sabe que estos colaboran con el Estado porque les mata el hambre a los pobres, entonces terminan siendo necesarios, y también la Aduana para poder existir como organismo los necesita, porque si no existieran contrabandistas, no existiría la Aduana. Y los aduaneros los necesitan, porque si no habría bagayeros, ellos no tendrían trabajo y tampoco podría darse la posibilidad de que recibirían “propinas”, porque cómo explican muchos de ellos el patrimonio que tienen, que ni por asomo se lo compraron con el sueldo que ganan trabajando allí. Quizás sacaron un 5 de Oro o recibieron una herencia, vaya uno a saber.
Entonces, pienso que esta medida del cero kilo va a beneficiar al bagayero porque el que gana poco, o sea la mayoría de los trabajadores, ya no puede cruzar el puente para comprar más barato y como en los comercios locales los precios siguen por las nubes, buscarán una alternativa. ¿Dónde? Adivinen. Y el comercio local seguirá de punta, porque cuando uno los escucha tratar de infieles, por no decir traidores, a quienes no les compran a ellos, a sus precios, me gustaría que razonaran con el bolsillo del consumidor para saber cómo ofrecer mejor los productos y que a uno le de ganas de ser fiel con éstos.
Por eso, ojalá que el comercio local razone que la gente se fue a comprar a Concordia y a Buenos Aires porque ellos no supieron contrarrestarlos con una buena oferta, y que valoren más a los consumidores locales y no les impongan productos chatarras a precios antojadizos. Que los respeten y que se unan con éstos para protestar por el costo de vida contra quien corresponde que es el Estado, y que nos somete a todos al mismo mal, y encima hace que nos enfrentemos para que nos devoren los de afuera. Llámese Carrefour o Alto Palermo Shopping.