Solamente podría empeorar

Nunca me voy a olvidar de aquella frase que escuché cuando siendo niño fui a mirar al desaparecido cine Sarandí, una de las películas de Rocky (el boxeador interpretado por Silvester Stalone, hijo de inmigrantes italianos que representaba la lucha por la libertad y el estoicismo de Estados Unidos en el mundo), en el momento en que ese héroe popular viajaba hasta la exUnión Soviética para pelear con Drago (interpretado por Dolph Lundgren) y allí, cuando todos buscaban frenar los impulsos narcicistas y violentos que caracterizaban en la película al luchador ruso, el mismo se rebela ante sus camaradas (porque los llamaba así) y espeta con fuerza: ‘el amerricano debe morrir’. Y el que terminó en el suelo fue él y la gloria de los estadounidenses se hizo grande hasta en suelo enemigo.
combate

La película termina con un actor que interpretando a Gorbachov (el premier soviético de entonces) de pie y aplaudiendo a Rocky por brindar un discurso a favor de la paz mundial, estando completamente bañado en sangre tras la dura lucha con su contrincante.
Claro, era plena Guerra Fría, entonces la máquina propagandística de Estados Unidos por el mundo era tremenda, mucho más poderosa que la de ahora, donde mostraba a todos los norteamericanos como niños lindos y buenos, y a los soviéticos como malas personas y por lo general siendo gordos y feos, monstruosos, con malas ideas y pensando siempre en hacer el mal.
Cuando fui creciendo me preguntaba porqué los soviéticos se veían así en cada película. Y a medida que fui aprendiendo cómo era el mundo, fui sacando mis propias conclusiones. Cuando siendo estudiante en el liceo estudié el Corolario Roosevelt y aquello de que “América para los americanos (de América del Norte le faltó decir)”, me di cuenta que las películas de Rocky solamente eran un panfleto, tomando en cuenta todo lo que se pretendía que aprendiéramos sobre ese “gran país” llamado Estados Unidos.
Sus aspiraciones imperialistas y de dominación ideológica se derrumbaban en la medida que no tenían que hacer mucho esfuerzo, porque como dijo el Pepe Mujica en el programa español Salvados: “a la Unión Soviética la derrumbó su propia burocracia, se arrinconaron ellos solos hasta que no quedó nadie de quien sospechar, porque se desconfiaban el uno del otro que el último apagó la luz” y con el resto de los países los gringos no tuvieron problemas porque sin hacer tanto ruido, le seguimos el tren.
Cuando Tabaré Vázquez ganó las elecciones en 2004, entre otras cosas criticando las relaciones cuasi carnales de Jorge Batlle con la administración Bush, al cumplir un año de su mandato el primer presidente del Frente Amplio trajo a nuestro país a George Bush hijo, lo invitó con un asado de cordero y un tannat; y le dijo “siéntase en su casa”, a lo que este respondió “gracias presidente, me siento muy muy en mi casa”. Cinco años después se supo que Vázquez hasta le pidió a Estados Unidos que declaráse al Uruguay “su país amigo y socio”.
Mujica no fue la excepción, no solo fue a visitarlo a Obama a la Casa Blanca, sino que comenzó su mandato con una reunión con Hilary Clinton el 1º de marzo de 2010 bendiciendo su asunción como presidente y terminó trayéndose a “6 locos de Guantánamo” al país, mientras durante su período pasó comiendo asado con la entonces Embajadora estadounidense Julyssa Reinosso en el Quincho de Varela.
Ahora Vázquez y el mundo están en vilo de cómo serán de aquí en más las nuevas relaciones con Estados Unidos, dependiendo de lo que pase el martes 8. Pero más allá de ese resultado hay algo de cierto en todo esto y es que la izquierda uruguaya le perdió el miedo a Estados Unidos y los llaman amigos, socios y hasta los tratan de “honestos”, como dijo Mujica refiriéndose a Barack Obama tras visitarlo en Washington.
Así que lo que todos esperamos que ocurra el martes, es que el país más importante del mundo, que elige a su presidente en elecciones democráticas que nadie cuestiona, porque no veo a la OEA ni a la ONU haciendo aspavientos de mandar observadores electorales como lo hacen con Uruguay cada vez que hay una instancia de esa naturaleza, es que los encargados de sellar el destino de su nación, algo que impactará en el resto del mundo, elijan al menos malo de los dos candidatos.
Porque ambos no ofrecen nada nuevo y positivo, sino que en el caso de Clinton, piensa mantener el mismo nivel de manejo de las cosas tanto a nivel interno como en política exterior, y si ganara Trump, podrían empeorar las cosas y cerrarle la puerta al mundo, envolviéndose en un peligroso manto de soberbia que puede generar mayores contratiempos de los que ya tiene, sobre todo con China, se le cerrará la puerta a los avances con Cuba, habrá más Guantánamo y seguramente alguna otra invasión en Medio Oriente.
Pero el país de la libertad, de la prosperidad y de la democracia plena, nunca se vio tan amenazado en sus raíces como ahora, con dos candidatos que no dicen mucho más de lo mismo, que se la pasaron toda la campaña electoral peleándose entre ellos, discutiendo sobre algo tan trivial para los intereses que están en juego como el hecho de quién es mejor persona y más abierto de mente, pero sin proponer algo que pueda influir en la política de fondo del principal país del mundo por sus lazos con el resto de las naciones del planeta.
Estados Unidos ha trabajado duro durante toda su existencia para ser el país que ha llegado a convertirse, como primera potencia mundial que aún lo son y con su vocación imperialista intacta entienden que tienen un rol que cumplir en su existencia, y esto no es un slogan de un izquierdista trasnochado, es una verdad empírica que se ha podido comprobar a lo largo de la vida.
Si esa vocación le ha servido al mundo, ya que sino todos, la inmensa mayoría adoptamos esa forma de vida y emulamos su concepción de libertad (no olvidemos que incluso José Artigas era admirador del sistema federalista y de la democracia que impulsaba Estados Unidos desde el Siglo XVIII), lo discutirá cada nación, pero que el Uruguay la aprueba y la defiende más que cualquier otro sistema y su pueblo así lo ha confirmado en las urnas, y su actual gobierno refrendado en cada una de las tres administraciones que lleva por ahora, es un hecho comprobado.
Por lo dicho, todos estaremos pendientes mañana para conocer qué clase de democracia es la que impartirá el primer país del mundo desde el 9 de noviembre. Si una con un apacible concepto de libertad y respeto hacia las instituciones, promoviendo la diversidad y la inmigración como eje de fortalecimiento de una nación. U otro que se irrogue el derecho a ser los dueños de la verdad, los que impongan todas las condiciones para conversar con el resto a razón de su superioridad y que planteen el patoterismo vil que solo les da tiro corto y puede derrumbar de un plumazo lo construido hasta ahora.
Con respecto a Uruguay, Hilary ya nos visitó dos veces, una como primera dama y otra como secretaria de Estado (canciller) de Obama. En tanto Trump fue más lejos, puso un pie con una de sus torres, pero no fue a cualquier lado, eligió fiel a su estilo instalarse en Punta del Este, donde carteles con su rostro promocionan la Torre Trump, hasta ahora única inversión de esa naturaleza en Sudamérica. ¿Será una señal?
Prefiero que gane Hilary, al menos todos sabemos cuánto calza y que no embarrará mucho la cancha para este lado porque lo que busca es pasar a la historia, porque cuando los empresarios creen que pueden ser políticos porque les va bien con el manejo de su dinero, es ahí cuando los pueblos sufren y las cosas se complican.







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