Su violación tan vigente como antes

Tendría siete u ocho años, los pies mojados, un buzo jogging viejo de manga larga, un short gastado y sucio y la cara triste. Eran cerca de las cinco de la tarde pero el ocaso de la jornada estaba latente y el frío se hacía sentir. Empezaba a soplar un viento que cortaba la cara y él seguía caminando, con una mochila vieja en sus espaldas, semidescalzo en las callecitas de tierra y llenas de pozos de su barrio, en el noroeste de la ciudad. Nadie le daba importancia porque allí los niños pobres abundan, tantos, que el comedor del barrio hace lo que puede y a veces un poco más. derechos
El niño vagaba sin rumbo, me lo crucé dos o tres veces en el poco rato que estuve dando vueltas buscando la casa de una persona para hablar por temas personales. Al rato lo perdí, me dolían las piernas de frío y creo que él sentía algo parecido, pero como dice la canción de Dino Ciarlo, Milonga de Pelo Largo, el niño “siente frío y ya no se queja”. Acaso sus padres, si es que los tiene, al menos a uno de ellos, ¿estarían preocupados por él esperándolo con comida caliente? Lamento pensar que ni por asomo, sea así.
Cómo él hay quizás cientos de niños en la ciudad y miles en el país que van a pasar un duro invierno. Los problemas estructurales de un sistema que no ha dejado de ser el mismo de siempre, más allá de los paliativos de sus políticas sociales ocasionales que han dado los sucesivos gobiernos de turno y que se han incrementado en la última década, no fueron suficientes como para cortar la racha y devolverle la tranquilidad que también se transforma en alegría a una importante cantidad de niños que viven bajo la línea de pobreza en nuestro país, cuyos derechos humanos se ven violados sistemáticamente con el paso del tiempo y porque las políticas públicas no les llegan, o peor aún, no les alcanzan.
¿Por qué se violan sus derechos humanos? Porque no tienen acceso a una vivienda digna, a una alimentación adecuada, a un sistema de salud que realmente los proteja de enfermedades y les brinde una atención integral, tampoco tienen acceso a una educación de calidad que les permita progresar, crecer, educarse, formarse para la vida y poder salir de la pobreza. Quizás sufran otro tipo de abusos, pero nadie habla de eso porque el Estado no tiene capacidad para hacerse cargo de ellos, no puede con todo.
“¿Y yo qué tengo que ver”?, me dijo una funcionaria del INAU de Salto días pasados cuando le comenté el caso de Braian, un adolescente de 16 años que duerme en la calle y que pide plata de noche por cuidar autos en la Plaza Artigas, donde un policía le pegó un garrotazo que le reventó el brazo porque al verlo pobre y descuidado, le vio como un ser peligroso para los automóviles de alta gama que estacionan frente al Hotel que está en ese lugar. Entonces le dio un garrotazo por las dudas, el pibe lloró del dolor. Pero ¿cómo no tiene que ver una funcionaria pública a la que la población le paga un sueldo para que atienda estos casos?
Lo que pasa que cuando el chico lloró de dolor, a nadie le importó porque es parte de las estadísticas, de esas que todavía quedan, pero como los números negativos que en la época de los paridos tradicionales eran más altos, es decir, peores que los de ahora, tampoco les damos tanta bolilla y nos sale fácilmente el ‘hacemos lo que podemos’.
Pero mientras esas cosas pasan, cuando nos referimos a los derechos humanos seguimos hablando de la época de la dictadura, está bien, no niego ni pongo en duda la relevancia de hacerlo, pero no podemos poner ese tema por delante de las cosas que pasan hoy, porque los derechos humanos que se violan ahora a la población en sus diferentes formas, son tan importantes como otros que hay que recordar, evocar y mencionar, pero que de ningún modo pueden opacar lo que pasa ahora.
Soy partidario de que se hable del pasado reciente, pero que se hable en todos sus términos, que se cuente absolutamente todo y que la gente pueda cuestionar los hechos o por lo menos sacar conclusiones más amplias, o al menos debatir los acontecimientos. Creo que puede ser la única manera de que la población se involucre, piense un poco más y diga qué es lo que considera sobre esos acontecimientos.
Desde hace varios días que siento evocar por parte de las autoridades el tema de los derechos humanos y el mismo está directamente relacionado con los desaparecidos. Nadie habla de otra cosa. Parece que hablar de violación a los derechos humanos en este país, es encasillarlo en dos temas, uno la búsqueda de la verdad con los detenidos desaparecidos cosa muy importante que debe tener sus respuestas y que no se debe bajar los brazos hasta lograr un resultado. Y el otro tema es que hubo terrorismo de Estado entre 1973 y 1985. Aunque no se cuenta toda la verdad, toda la historia y todo el problema, no se dice todo lo que pasó, no se habla de la guerrilla urbana, de los que ya pagaron con cárcel, destierro, secuestro o muerte, pero no dicen que hubo muertos de ambos lados y que por momentos eso fue una cacería y el terrorismo de estado tuvo su contracara y que la población no acompañaba todas las cosas que se hicieron en nombre de ellos.
Porque la guerrilla usó su lucha para decir que era en nombre del pueblo y después los militares hicieron lo que todos sabemos también diciendo que interpretaban la voluntad popular. Pero al pueblo ¿quién le preguntó algo? Nadie. Sin embargo se sigue hablando derechos humanos como algo específico y no en su justa dimensión, por lo tanto eso no ayuda a que la gente entienda que los mismos son mucho más que los vulnerados durante un tramo determinado del tiempo, sino que ocurren hasta nuestros días y no porque hay alguien malo que quiere que eso sea así. Los problemas que genera el propio sistema en cuanto a la distribución de la riqueza, los privilegios a los que acceden unos pocos y la falta de acceso a los derechos básicos, eso es vulneración sistemática de los derechos humanos.
No comparto la apreciación del PIT CNT, siendo yo un trabajador afiliado al sindicato de la prensa, no estoy de acuerdo con esa visión de que lo que dice la mesa de delegados que nadie sabe quién los elige y cuándo, dicen disparates tales como que el régimen de Venezuela es democrático por haber sido votado en elecciones. Con ese concepto el de Fujimori también lo era y el de Juan María Bordaberry en nuestro país también.
Maduro es cómplice de la violación de las libertades sociales y políticas de la población de su país y si no lo juzgan ahora, alguien tendrá que hacerlo, para que no haya más tipos como él. No me gusta la oposición venezolana, juega su partido naturalmente para que haya desprolijidades en su país, pero Maduro es un pésimo gobernante que oprime a su pueblo y deberá irse, y nadie que defienda los derechos humanos puede estar de su lado, porque sería una contradicción plena hacerlo.
Pero volviendo a nuestro país, acá los problemas sociales que dejan al descubierto situaciones complejas deben ser atendidas, así como también debe ser modificado el sistema cuando las instituciones vulneran derechos de las personas, porque de lo contrario seguiremos hablando de los derechos humanos como una cosa del pasado, cuando las violaciones a estos están más vigentes que nunca.

Hugo Lemos

 







El tiempo

Ediciones anteriores

noviembre 2018
L M X J V S D
« oct    
 1234
567891011
12131415161718
19202122232425
2627282930  

  • Otras Noticias...