Un chiste de mal gusto

El nuevo receptor de Aduanas de Salto no dijo nada nuevo cuando asumió su cargo sucediendo a Rolando Hein. Y es más, nos quedamos con muchas más dudas que certezas, sobre la situación por la que atraviesan los salteños que comúnmente cruzan hacia el otro lado del puente a comprar cualquier cosa, porque vivimos en un mundo global donde el consumo se impone como forma de vida en todas partes, y ante la necesidad de subsistir, se buscan los mejores precios, que en muchos casos, claro está por una cuestión de economía y tamaño, son los que están del otro lado del río.
Si bien Carlos Rey es un funcionario de carrera dentro de ese organismo, de intachable reputación, que se ha formado en ámbitos académicos con estudios en Derecho y Relaciones Internacionales, ha experimentado el trabajo en otras fronteras con mucho mayor densidad de tráfico comercial que la de Salto Grande, como es el caso de la de Colonia, y es además, un conocedor nato de la situación que se vive en el paso de frontera local, del perfil y del volumen del comercio que aquí se maneja y de la idiosincracia que tienen ambas poblaciones fronterizas, todos esperamos algo más que el cumplimiento a rajatabla de las disposiciones normativas.
Pero en el acto de asunción como nuevo administrador de la Aduana de Salto, Rey habló de la disposición vigente por parte de la Dirección Nacional de Aduanas, que es la de no ingresar mercadería desde Concordia durante los fines de semana y los días feriados, y algo, pero muy poco, durante los días de semana. Aunque no abundó en la explicación sobre a qué obedece tal normativa, que fue aplicada de un día para otro. Es claro, en Concordia, hoy el cambio uruguayo favorece, y la gente quiere comprar el kilo de azúcar más barato, necesita hacerlo y por eso va y lo compra.
Entonces la idea del gobierno ahora es defender a la industria nacional, aplicando más cortapisas a la población, constriñendo aún más los bolsillos de la gente que ya viene bastante castigada con la carga impositiva que tiene y con el altísimo costo de vida el cual no permite respirar a nadie, (en Uruguay la canasta básica es de 2 mil dólares por mes). Y entonces quienes tenemos la suerte o privilegio de vivir en una frontera, donde por variables de la política monetaria de la vecina República Argentina, el tipo de cambio es favorable a los uruguayos, por lo cual un producto que aquí en Salto se paga 52 pesos allá se paga 15 y otro que aquí se paga 210 allá 110 pesos, no puede traerse porque generaría un impacto negativo en el comercio local.
Por un lado, no está mal que eso se haga si es para defender a la economía local, el desarrollo del comercio y sobre todo las fuentes de trabajo, porque no hago apología del contrabando con lo que estoy diciendo, digo que por otro lado, el gobierno te obliga a vivir mal y a no llegar a fin de mes, reconociendo implícitamente que todo es más barato fuera de fronteras pero poniendo un cepo a quien se anime a querer hacerse un surtido, o comprar útiles escolares para sus hijos del otro lado del río, porque con lo que gana acá, allá sí puede vivir mejor. Pero nos obligan a quedarnos de este lado del río, ganando poco y comprando menos. Todo para defender al país. Y ¿qué hace el gobierno para frenar la inflación y alto costo de vida que tenemos los uruguayos, encima más acotado aún por la presión tributaria que se hace cada vez más alta? No hace absolutamente nada.
En Uruguay el gobierno te obliga a vivir así, con la inflación que ellos no controlan y con los precios por el cielo, porque hay poco mercado interno y cada vez menos por el grado de endeudamiento interno que está comenzando a volver a aparecer producto de las financieras, que te dan y después te chupan todo y no te dejan ni el plástico que te lo metían a dos manos. Pero el endeudamiento asoma como el fantasma que asoló en los tiempos violentos de la primera década de este Siglo, donde los uruguayos que nos quedamos acá y le pusimos el pecho a las balas, sufrimos cualquier cosa. Desocupación, hambre, carencias de todo tipo y si conservábamos nuestra salud, éramos privilegiados. Aunque con todo, preferimos salir a protestar a las calles y pelear para que las cosas mejoren antes de tomarnos un avión y decirle al último que apague la luz para ir a lavarle los pies a los extranjeros. Aunque la libertad es libre, y allá cada cual con su cual.
Por eso critico que la Aduana ahora diga “nadie trae nada del otro lado”, como lo hizo cumplir el ex receptor de Aduanas de Salto, Rolando Hein y lo mantendrá, según lo anunció al asumir el cargo, Carlos Rey durante su administración. Y aunque así lo crean, esta medida no es una solución de fondo para nadie y mientras tanto el país seguirá perdiendo. Pero sobre todas las cosas, la Aduana, con medidas como éstas muestra deslealtad hacia el pueblo y connivencia con el contrabando.
Y lo hace porque ese mismo kilo de azúcar que los funcionarios de camisa blanca te quitan en el puente de Salto Grande, se ve hoy mismo en los distintos puestos del denominado “paseo de compras” del Bagashopping, muy campante y recién llegado de la vecina orilla. Eso sí, a un precio más caro que en las góndolas del supermercado argentino, porque el bagayero que lo pasó por el puente, porque no creo que lo hagan sólo en lancha ya que la Prefectura ahora trabaja ahí porque ya ha quedado pegada varias veces, como el contrabandista tuvo que ir hasta el mismo lugar que fuimos usted y yo a comprarla y gastó nafta haciéndolo, la cobra más caro. Pero a usted no se la permiten traer al precio de costo que es más barato y lo obligan a que se la compren a él, que la vende a un precio mayor. Sin pagar impuestos de ningún tipo por estar dónde está comercializando todo lo que tiene, que es lo mismo que usted quiso comprar a menor precio pero que no lo dejaron.
Entonces está mal para el país que estas cosas sucedan, está mal que queramos ir a Concordia a comprar algo solamente por el precio porque si se hace permisible terminamos con el comercio local y con todo lo que eso implica, pero está pésimo que no te dejen comprar nada de nada y que a su vez, todos veamos crecer el Bagashopping cada día, vendiendo sin boleta ni nada por el estilo, los mismos productos que nos sacaron a nosotros en el puente, para que se los compremos a ellos más caros. ¿Por qué pasa esto? ¿Habrá connivencia entre la aduana y los bagayeros? ¿Qué relacionamiento tienen? ¿Se conocen entre ellos?
¿Quién le hace más daño al país, yo que trabajo y pago mis impuestos en este país (IRPF, Montepío, Fonasa, etc.) y para que la plata me alcance voy a la ciudad mercosuriana más cerca, y compro un kilo de azúcar? ¿O el que compra varios kilos del mismo producto y los trae para vender en Salto más caros y no paga ningún impuesto de nada y encima se dice trabajador social porque es bagayero y tiene un estilo de vida superior al de cualquier trabajador?
La Aduana no puede responder que el problema es que el bagashopping está institucionalizado y que es un problema estructural de la sociedad, que lo generaron los políticos con su permisividad ante la inoperancia y la falta de capacidad para generar trabajo genuino para esas personas, porque es algo que ya sabemos todos. Que respondan con medidas proporcionales al daño que permiten que el país reciba, como el caso de no dejar pasar un kilo de azúcar y hacer que lo compremos más caro en un antro del contrabando establecido. Porque eso es una tomada de pelo a la gente, y como esto ocurre delante de sus ojos, no tienen ética ni moral para quitarle útiles escolares a un padre de familia y permitir que los bagayeros los vendan sin que nadie les diga nada.
Los uruguayos tenemos que levantarnos ante estas injusticias y decírselas en la cara, y si el Tratado de Asunción, que le da vida al Mercosur, que además en forma irónica en su artículo 1º establece “el libre tránsito de bienes y personas entre los países miembros”, la Aduana local, por una cuestión legal, si no quiere recibir la moral por permitir el bagashopping, no podría jamás tomar una medida de este tipo. Porque lo único que está haciendo, es un chiste de mal gusto.

El nuevo receptor de Aduanas de Salto no dijo nada nuevo cuando asumió su cargo sucediendo a Rolando Hein. Y es más, nos quedamos con muchas más dudas que certezas, sobre la situación por la que atraviesan los salteños que comúnmente cruzan hacia el otro lado del puente a comprar cualquier cosa, porque vivimos en un mundo global donde el consumo se impone como forma de vida en todas partes, y ante la necesidad de subsistir, se buscan los mejores precios, que en muchos casos, claro está por una cuestión de economía y tamaño, son los que están del otro lado del río.

Si bien Carlos Rey es un funcionario de carrera dentro de ese organismo, de intachable reputación, que se ha formado en ámbitos académicos con estudios en Derecho y Relaciones Internacionales, ha experimentado el trabajo en otras fronteras con mucho mayor densidad de tráfico comercial que la de Salto Grande, como es el caso de la de Colonia, y es además, un conocedor nato de la situación que se vive en el paso de frontera local, del perfil y del volumen del comercio que aquí se maneja y de la idiosincracia que tienen ambas poblaciones fronterizas, todos esperamos algo más que el cumplimiento a rajatabla de las disposiciones normativas.

Pero en el acto de asunción como nuevo administrador de la Aduana de Salto, Rey habló de la disposición vigente por parte de la Dirección Nacional de Aduanas, que es la de no ingresar mercadería desde Concordia durante los fines de semana y los días feriados, y algo, pero muy poco, durante los días de semana. Aunque no abundó en la explicación sobre a qué obedece tal normativa, que fue aplicada de un día para otro. Es claro, en Concordia, hoy el cambio uruguayo favorece, y la gente quiere comprar el kilo de azúcar más barato, necesita hacerlo y por eso va y lo compra.

Entonces la idea del gobierno ahora es defender a la industria nacional, aplicando más cortapisas a la población,20constriñendo aún más los bolsillos de la gente que ya viene bastante castigada con la carga impositiva que tiene y con el altísimo costo de vida el cual no permite respirar a nadie, (en Uruguay la canasta básica es de 2 mil dólares por mes). Y entonces quienes tenemos la suerte o privilegio de vivir en una frontera, donde por variables de la política monetaria de la vecina República Argentina, el tipo de cambio es favorable a los uruguayos, por lo cual un producto que aquí en Salto se paga 52 pesos allá se paga 15 y otro que aquí se paga 210 allá 110 pesos, no puede traerse porque generaría un impacto negativo en el comercio local.

Por un lado, no está mal que eso se haga si es para defender a la economía local, el desarrollo del comercio y sobre todo las fuentes de trabajo, porque no hago apología del contrabando con lo que estoy diciendo, digo que por otro lado, el gobierno te obliga a vivir mal y a no llegar a fin de mes, reconociendo implícitamente que todo es más barato fuera de fronteras pero poniendo un cepo a quien se anime a querer hacerse un surtido, o comprar útiles escolares para sus hijos del otro lado del río, porque con lo que gana acá, allá sí puede vivir mejor. Pero nos obligan a quedarnos de este lado del río, ganando poco y comprando menos. Todo para defender al país. Y ¿qué hace el gobierno para frenar la inflación y alto costo de vida que tenemos los uruguayos, encima más acotado aún por la presión tributaria que se hace cada vez más alta? No hace absolutamente nada.

En Uruguay el gobierno te obliga a vivir así, con la inflación que ellos no controlan y con los precios por el cielo, porque hay poco mercado interno y cada vez menos por el grado de endeudamiento interno que está comenzando a volver a aparecer producto de las financieras, que te dan y después te chupan todo y no te dejan ni el plástico que te lo metían a dos manos. Pero el endeudamiento asoma como el fantasma que asoló en los tiempos violentos de la primera década de este Siglo, donde los uruguayos que nos quedamos acá y le pusimos el pecho a las balas, sufrimos cualquier cosa. Desocupación, hambre, carencias de todo tipo y si conservábamos nuestra salud, éramos privilegiados. Aunque con todo, preferimos salir a protestar a las calles y pelear para que las cosas mejoren antes de tomarnos un avión y decirle al último que apague la luz para ir a lavarle los pies a los extranjeros. Aunque la libertad es libre, y allá cada cual con su cual.

Por eso critico que la Aduana ahora diga “nadie trae nada del otro lado”, como lo hizo cumplir el ex receptor de Aduanas de Salto, Rolando Hein y lo mantendrá, según lo anunció al asumir el cargo, Carlos Rey durante su administración. Y aunque así lo crean, esta medida no es una solución de fondo para nadie y mientras tanto el país seguirá perdiendo. Pero sobre todas las cosas, la Aduana, con medidas como éstas muestra deslealtad hacia el pueblo y connivencia con el contrabando.

Y lo hace porque ese mismo kilo de azúcar que los funcionarios de camisa blanca te quitan en el puente de Salto Grande, se ve hoy mismo en los distintos puestos del denominado “paseo de compras” del Bagashopping, muy campante y recién llegado de la vecina orilla. Eso sí, a un precio más caro que en las góndolas del supermercado argentino, porque el bagayero que lo pasó por el puente, porque no creo que lo hagan sólo en lancha ya que la Prefectura ahora trabaja ahí porque ya ha quedado pegada varias veces, como el contrabandista tuvo que ir hasta el mismo lugar que fuimos usted y yo a comprarla y gastó nafta haciéndolo, la cobra más caro. Pero a usted no se la permiten traer al precio de costo que es más barato y lo obligan a que se la compren a él, que la vende a un precio mayor. Sin pagar impuestos de ningún tipo por estar dónde está comercializando todo lo que tiene, que es lo mismo que usted quiso comprar a menor precio pero que no lo dejaron.

Entonces está mal para el país que estas cosas sucedan, está mal que queramos ir a Concordia a comprar algo solamente por el precio porque si se hace permisible terminamos con el comercio local y con todo lo que eso implica, pero está pésimo que no te dejen comprar nada de nada y que a su vez, todos veamos crecer el Bagashopping cada día, vendiendo sin boleta ni nada por el estilo, los mismos productos que nos sacaron a nosotros en el puente, para que se los compremos a ellos más caros. ¿Por qué pasa esto? ¿Habrá connivencia entre la aduana y los bagayeros? ¿Qué relacionamiento tienen? ¿Se conocen entre ellos?

¿Quién le hace más daño al país, yo que trabajo y pago mis impuestos en este país (IRPF, Montepío, Fonasa, etc.) y para que la plata me alcance voy a la ciudad mercosuriana más cerca, y compro un kilo de azúcar? ¿O el que compra varios kilos del mismo producto y los trae para vender en Salto más caros y no paga ningún impuesto de nada y encima se dice trabajador social porque es bagayero y tiene un estilo de vida superior al de cualquier trabajador?

La Aduana no puede responder que el problema es que el bagashopping está institucionalizado y que es un problema estructural de la sociedad, que lo generaron los políticos con su permisividad ante la inoperancia y la falta de capacidad para generar trabajo genuino para esas personas, porque es algo que ya sabemos todos. Que respondan con medidas proporcionales al daño que permiten que el país reciba, como el caso de no dejar pasar un kilo de azúcar y hacer que lo compremos más caro en un antro del contrabando establecido. Porque eso es una tomada de pelo a la gente, y como esto ocurre delante de sus ojos, no tienen ética ni moral para quitarle útiles escolares a un padre de familia y permitir que los bagayeros los vendan sin que nadie les diga nada.

Los uruguayos tenemos que levantarnos ante estas injusticias y decírselas en la cara, y si el Tratado de Asunción, que le da vida al Mercosur, que además en forma irónica en su artículo 1º establece “el libre tránsito de bienes y personas entre los países miembros”, la Aduana local, por una cuestión legal, si no quiere recibir la moral por permitir el bagashopping, no podría jamás tomar una medida de este tipo. Porque lo único que está haciendo, es un chiste de mal gusto.

Hugo Lemos