NO SE CONFUNDA, DR. VÁZQUEZ

Por Dr. Adrián Baez.
Estimados lectores. En la vida, todos podemos equivocarnos; constituye parte de la esencia misma del ser humano; pero, cuando ocupamos determinadas posiciones sociales y más cuando representamos a algo o a alguien cuya envestidura requiere realismo y tener los pies sobre la tierra, el equivocarnos o confundirnos, se nos hace menos permitido y debemos saber las diferencias que nos permitiría no incurrir en ellos.
La pasada semana, el presidente electo, protagonizó una de estas situaciones que mencionábamos; creyendo hacer un paralelismo y dudamos que llegue a existir algún día, entre un tiempo que brindó grandeza y futuro a nuestro país, con los años en los que viene gobernando la izquierda, cometió un gravísimo error conceptual e histórico, al comparar al Batllismo, con su fuerza política.
Dijo el galeno: “Trazaremos las líneas de larga duración del Uruguay del Siglo XXI, en términos institucionales, políticos, productivos, económicos, sociales y culturales. Que a nadie le llame la atención porque esto no es inédito. En el siglo XX el primer Batllismo matrizó la marcha de ese siglo. En el siglo XXI matrizará la marcha de este siglo nuestro Frente Amplio”.
Reconocemos las sanas intenciones del Sr. Presidente, que creemos las tiene, pero lamentamos retrucarlo y comentarle que, su deseo, es casi, sino  imposible, desde donde se lo mire.
En primer lugar, razones ideológicas que provienen desde la historia misma, impiden ese paralelismo; una rica historia que nos separa ampliamente, en trayectoria y visión del mundo, que se encuentran en las antípodas. El Batllismo defendía a la democracia, aquí y en donde fuese; el Frente Amplio legitima dictaduras y regímenes autoritarios afines a su ideología (Cuba, Venezuela) y aquí también; el Batllismo procuraba la dignificación del ser humano como individuo individual, valga la redundancia, dándoles las herramientas precisas (condiciones laborales, educación, asistencia con contraprestaciones), que lo hicieran sentir dignos y jamás mantenidos por el Estado; el Batllismo brindaba oportunidades reales de ascenso social, nunca fomentaba el deterioro de las aspiraciones legítimas de superación; el Batllismo bregaba por los derechos sindicales e incentivaba, aún siendo gobierno, el reclamo sagrado de los derechos, aunque fuesen en su contra, no utilizando a las organizaciones, como cooperativas electorales; el Batllismo creó una legislación ejemplar, responsable e inteligente, que no era cuestionada permanentemente por su inconstitucionalidad, que le concedió el privilegio de ser llamado “FANÁTICO DE LA LEGALIDAD”; el Batllismo no utilizaba los desastres humanitarios por rédito electoral y presentaba soluciones en los organismos internacionales y un claro ejemplo fue el Arbitraje Internacional, defendido a ultranza por el Dr. Baltasar Brum; el Batllismo negociaba cuando el interés superior era la gobernabilidad y el futuro de la República, con propios y opositores, cediendo criterios y procurando consensos; el Batllismo estudió los problemas de otros lugares y adecuó, adelantándose a los acontecimientos, las leyes, no utilizando a la ciudadanía como cobayos, sino entendiendo la evolución misma de los tiempos;  el Batllismo acataba republicanamente los dictados de las urnas, fuese cual fuere su veredicto, no levantándose contra su resultado y he ahí también, el ejemplo de Brum y de Grauert y no daría esta columna para estampar a fuego las enormes diferencia por las cuales el Frente Amplio nunca será el Batllismo, ni el Dr. Vázquez, Batlle y Ordóñez.
En segundo lugar y entiéndalo bien Sr. Presidente: el Batllismo enalteció el sentimiento de amor a esta bendita Patria, permitiendo que cada uno de los ciudadanos fuesen los arquitectos de su propio destino y como consecuencia, los colaboradores imprescindibles de la construcción de los destinos de la Nación. Una Nación sin odios y con un horizonte por el cual luchar; no un mero escalón para alcanzar un poder al que no le interesa el progreso de su gente, siendo su único objetivo, al poder mismo.
La historia le irá mostrando, como dice la música de Serrat, inspirada en las palabras del gran Antonio Machado: “caminante no hay camino, se hace camino al andar”.
Usted, estimadísimo Dr., y su fuerza política, ya hace algún tiempo comenzaron a transitar ese su camino, y créame, que dista muchísimo de ser el del Batllismo.
No se confunda, Dr. Vázquez.
Por Dr. Adrián Baez.
Estimados lectores.
En la vida, todos podemos equivocarnos; constituye parte de la esencia misma del ser humano; pero, cuando ocupamos determinadas posiciones sociales y más cuando representamos a algo o a alguien cuya envestidura requiere realismo y tener los pies sobre la tierra, el equivocarnos o confundirnos, se nos hace menos permitido y debemos saber las diferencias que nos permitiría no incurrir en ellos.
La pasada semana, el presidente electo, protagonizó una de estas situaciones que mencionábamos; creyendo hacer un paralelismo y dudamos que llegue a existir algún día, entre un tiempo que brindó grandeza y futuro a nuestro país, con los años en los que viene gobernando la izquierda, cometió un gravísimo error conceptual e histórico, al comparar al Batllismo, con su fuerza política.
Dijo el galeno: “Trazaremos las líneas de larga duración del Uruguay del Siglo XXI, en términos institucionales, políticos, productivos, económicos, sociales y culturales. Que a nadie le llame la atención porque esto no es inédito. En el siglo XX el primer Batllismo matrizó la marcha de ese siglo. En el siglo XXI matrizará la marcha de este siglo nuestro Frente Amplio”.
Reconocemos las sanas intenciones del Sr. Presidente, que creemos las tiene, pero lamentamos retrucarlo y comentarle que, su deseo, es casi, sino  imposible, desde donde se lo mire.
En primer lugar, razones ideológicas que provienen desde la historia misma, impiden ese paralelismo; una rica historia que nos separa ampliamente, en trayectoria y visión del mundo, que se encuentran en las antípodas. El Batllismo defendía a la democracia, aquí y en donde fuese; el Frente Amplio legitima dictaduras y regímenes autoritarios afines a su ideología (Cuba, Venezuela) y aquí también; el Batllismo procuraba la dignificación del ser humano como individuo individual, valga la redundancia, dándoles las herramientas precisas (condiciones laborales, educación, asistencia con contraprestaciones), que lo hicieran sentir dignos y jamás mantenidos por el Estado; el Batllismo brindaba oportunidades reales de ascenso social, nunca fomentaba el deterioro de las aspiraciones legítimas de superación; el Batllismo bregaba por los derechos sindicales e incentivaba, aún siendo gobierno, el reclamo sagrado de los derechos, aunque fuesen en su contra, no utilizando a las organizaciones, como cooperativas electorales; el Batllismo creó una legislación ejemplar, responsable e inteligente, que no era cuestionada permanentemente por su inconstitucionalidad, que le concedió el privilegio de ser llamado “FANÁTICO DE LA LEGALIDAD”; el Batllismo no utilizaba los desastres humanitarios por rédito electoral y presentaba soluciones en los organismos internacionales y un claro ejemplo fue el Arbitraje Internacional, defendido a ultranza por el Dr. Baltasar Brum; el Batllismo negociaba cuando el interés superior era la gobernabilidad y el futuro de la República, con propios y opositores, cediendo criterios y procurando consensos; el Batllismo estudió los problemas de otros lugares y adecuó, adelantándose a los acontecimientos, las leyes, no utilizando a la ciudadanía como cobayos, sino entendiendo la evolución misma de los tiempos;  el Batllismo acataba republicanamente los dictados de las urnas, fuese cual fuere su veredicto, no levantándose contra su resultado y he ahí también, el ejemplo de Brum y de Grauert y no daría esta columna para estampar a fuego las enormes diferencia por las cuales el Frente Amplio nunca será el Batllismo, ni el Dr. Vázquez, Batlle y Ordóñez.
En segundo lugar y entiéndalo bien Sr. Presidente: el Batllismo enalteció el sentimiento de amor a esta bendita Patria, permitiendo que cada uno de los ciudadanos fuesen los arquitectos de su propio destino y como consecuencia, los colaboradores imprescindibles de la construcción de los destinos de la Nación. Una Nación sin odios y con un horizonte por el cual luchar; no un mero escalón para alcanzar un poder al que no le interesa el progreso de su gente, siendo su único objetivo, al poder mismo.
La historia le irá mostrando, como dice la música de Serrat, inspirada en las palabras del gran Antonio Machado: “caminante no hay camino, se hace camino al andar”.
Usted, estimadísimo Dr., y su fuerza política, ya hace algún tiempo comenzaron a transitar ese su camino, y créame, que dista muchísimo de ser el del Batllismo.
No se confunda, Dr. Vázquez.