“Agradezco a la vida haber crecido en un hogar humilde…”

Nació en el poblado artiguense de Cabellos (hoy Baltasar Brum), el 21 de mayo de 1946 y cuando Uruguay jugó en 1966 en Wembley,
en ese mismo tiempo comenzó a trabajar
en Cerro Chato teniendo así su primera
experiencia como maestro.

Nació en el poblado artiguense de Cabellos (hoy Baltasar Brum), el 21 de mayo de 1946 y cuando Uruguay jugó en 1966 en Wembley, en ese mismo tiempo comenzó a trabajar en Cerro Chato teniendo así su primera experiencia como maestro.

Ramón César  “Ramonillo” entre sus íntimos, agradece a la vida el haber crecido en un lugar pobre y sencillo y tomar agua de unaDSCN7215 zanja y hacer largos recorridos  a caballo para llegar a la escuela, pues todas esas vivencias fueron definiendo su propia esencia…  la de un hombre con alma de campaña, el maestro que preparaba sus clases a la luz de una lámpara a querosén. El que luego en la ciudad gustaba de llegar primero a la escuela y se iba por último, porque se quedaba para cerrarla.

En aquel tiempo debía viajar en el ómnibus de “Gollardía en ese entonces tenía su agencia en la esquina de la Plaza de Deportes y dentro del itineriario estaba la Cuchilla… en cada boliche descendía a tomar su copetín… entonces llegábamos a Cerro Chato al día siguiente” – rememoró el docente.

También recuerda que Elba Tenca – una colega – se hizo en ese momento de la escuela en Toro Negro, una escuela que se caracterizaba por tener el piso de madera y como debajo del piso había cierto espacio, convivían allí todo tipo de animales.

En Cerro Chato se distinguía la casa de don García que era propietario de un almacén y había nacido en Tacuarembó.

“Tenía allí a Germán Ortiz como encargado y a Ovidio Silva como colaborador, en ese emprendimiento que abarcaba ramos generales, como era habitual en aquellos años.

Ovidio era un cocinero excepcional, al día siguiente coincidí con Elba Tenca en un ómnibus y me dijo que iba a renunciar, porque los bichos que habitaban el lugar no la habían dejado dormir en toda la noche”.

Más adelante Ramón César fue a ejercer su labor a Paso Vanega y allí hizo mentas con los parroquianos, conoció “el famoso pueblito Los Costas”, el almacén de don Catalino Núñez, el puesto los Panchos y un puentero, don Carabajal. Uno de los hijos de éste último fue alumno de nuestro entrevistado y en la actualidad labora en el Ministerio de Transporte y Obras Públicas.

EL PUEBLITO “LOS COSTAS”

“Era un pueblito que estaba entre dos cerros y tenía 25 niños… allí debía cocinar para ellos… el agua se extraía de una cachimba y había que limpiar previamente pues a la orilla del pozo pululaban los sapos cururú”.

Continuando con su trabajo emigró a Pueblo Fernández… afirma que ese pintoresco pueblo no tiene nada que envidiar, salvando las distancias al balneario de Villa Carlos Paz, en Córdoba, Argentina.

“Íbamos en el ómnibus de San Cono y podíamos apreciar los cerros.. allí está la Escuela No. 40, luego comencé a hacer suplencias en distintos lugares”.

Retornó a Mataojitos ya casado y allí permaneció cuatro años… había que marchar a diario una legua a pie en la época “que en la Subsistencias (servicio estatal) no había nada” y había que hacer cola para comprar los víveres y luego cargar las cajas a pie hasta la escuela.

En Mataojito vivían unas personas mudas y allí se armó el equipo de fútbol de Cambará… allí vivía don Hugo Rivero con quien pasábamos los fines de semana.

“Nosotros nos criamos trece hermanos en Cabellos y gracias a Dios tuvimos una vida placentera, nunca tuvimos que consultar un médico.

En plena campaña no había luz, pero el maestro Ramón tuvo la suerte de recibir el obsequio de una lámpara Aladino que le fue muy útil y luego de jubilarse, se la obsequió a la cocinera de la escuela.

Antes de Mataojito estuvo por Paso Potrero en Arerunguá y de allí directamente se fue a Colonia Gestido, que queda a quince kilómetros y allí fue director del centro escolar durante 8 años.

“Hace poco tiempo me encontré con una de mis alumnas, quien me expresó: pensar que usted nos enseñó que debíamos ir al liceo y nuestro padre no nos dejó”.

De allí su destino siguiente fue el barrio Albisu, formándose el  cuadro futbolístico que llevaba el nombre de dicho barrio.

“Allí también me desempeñé como director técnico y también en Tropezón… En la ciudad me encargué luego de reflotar el cuadro de baby fútbol de Peñarol que fue formado por el “Gato” Ferreira y el “Negro” Campos.

“Recuerdo que en aquella época eran tres categorías, 11, 12 y 13… me fuí a la cancha de Chaná para sacar fotos y allí se llenó… era la época de furor de Lezcano… fui quien escribió los estatutos de la Liga de Baby Fútbol”.

Se realizaban en esa época los campeonatos en el CRES… y se reunían con Alfredito una figura emblemática en el Baby Fútbol…

Era un ámbito de aprendizaje, donde no se propiciaba un clima de discusiones, donde Lezcano era el entrenador en las disciplinas atléticas. Miguel Girard (hoy médico) fue un deportista que salió segundo a nivel nacional en el Salto con vallas.

“En Salto me costó que me reconocieran”

A posteriori, el Maestro Ramón estuvo más de veinte años en el (barrio) Quiroga a partir del 92, donde concluyó su trabajo como docente.

Dicha experiencia le hizo sentir con fuerza su vocación… más tarde la comunidad docente le hizo reconocimientos que lo llenaron de satisfacción.

Reconoce que Salto es una sociedad muy especial, “donde se vale por lo que se tiene”… hay  gente que se subió al carro en la época de la dictadura sin tener cursos…  ni dar concurso alguno, en mi caso fui quemando las etapas de maestro… hay una diferencia en la campaña… si el maestro se abre, la gente responde.

Siempre digo que los inspectores  son mezquinos en la nota con los principiantes… pienso que si el docente de lo merece hay que hacer un juicio justo.

Antes no teníamos luz, teléfono ni celular y nos alimentábamos a galleta… las guardábamos en aquellas grandes latas de Anselmi y allí se mantenían fresquitas.

Era una factura más sana… allí siempre me sentí cómodo y me integré muchísimo… por ejemplo en Cerro Chato nos íbamos a cazar mulitas con gente baqueana del lugar, peones rurales pero muy buena gente.

La gente es muy derecha en el campo…  recientemente me encontré con un amigo en Pepe Núñez y allí todavía me siguen diciendo Director.

-¿Y qué hecho grave tuvo que presenciar?

– “Lamentablemente, estando en la Escuela No. 92 falleció una niña de hepatitis, que era alumna de la escuela y algunos realizaron una suerte de “asonada”.

Se solicitó que fuera gente de Salud Pública, estaba todo bien no había causa alguna en la escuela, fueron también los padres a brindarme el apoyo, para que de ninguna manera me sintiera culpable”.

-¿Le sirvió el hecho de provenir de la campaña, con respecto a la adaptación a dicho entorno?

-“Siempre agradezco a la vida por haber sido re pobre… para ir a la escuela hacía el recorrido a caballo y tomaba agua de la zanja… uno se cría así, porque en la escuela no había agua corriente

Ello nos deja una gran experiencia de vida”.

Cuando contaba con apenas ocho años colaboró con su padre en un trabajo de lechería y cuando tenía doce participó de una esquila como “embolsador”, saltando dentro de las bolsas para apretar el vellón.

El docente está convencido de que si se le fomenta al ser humano el amor al trabajo éste aprende a valorarlo.

En el seno materno se le inculcó la importancia del estudio, valor que supo abrazar y adoptarlo en su modus vivendi.

Decidió que quería estudiar y luego de repartir leche por la mañana comía algo y se subía a un motocar para ir a Bella Unión a estudiar.

“La preparación del liceo antes era impresionante…  di el primer examen para entrar a Magisterio y lo perdí…luego lo aprobé en febrero.

En segundo año perdí Didáctica, lo que no me permitía avanzar, empero logré sortear los obstáculos fui a hablar con el Inspector departamental y le dije que necesitaba trabajar, como docente para poder costearme la pensión donde residía. Me dijo que si, que en cuanto hubiera un lugar me llamaría, era usual en aquellos años que los estudiantes de magisterio dieran clase.

Yo me encontraba en Patitas (Artigas), cuando recibí la comunicación de que había una suplencia en Cerro Chato y allí concurrí siendo aún, estudiante.

En 1970 se recibió y en ese tiempo casi no era consciente de que era un maestro.

El haber recorrido toda la campaña, las cruzadas y las picadas a caballo, me permitió conocer todos los espacios como la palma de mi mano y conocer de primera mano esa particular e irrepetible idiosincrasia que existe en esos pueblos pequeños… si bien entiendo que esos lugares ya no son los mismos de antaño, añadió el maestro “Ramonillo”.

Consultado si ¿volvería a ser maestro?…. confiesa  tajantemente, sí para mi eso es innegociable, se marca una manera de ser, el respeto por sobre todas las cosas… la disciplina y valores que calan hondo en el ser humano.

Recuerda que siendo director a la ocho menos cinco tocaba la campana y a las ocho en punto se ponía a trabajar con su alumnado, un consejo que recibió del Víctor Oliveira, ex Inspector Departamental, fue que dosificara los tiempos para que al aprendizaje fuera lo más productivo posible y así lo hizo siempre.