“Casa Roche”, compartió casi un siglo con los salteños

al dorso“Casa Roche” fue un ícono de los comercios de calle Uruguay desde que abrió sus puertas en 1908, y por 93 años estuvo al servicio de la sociedad. Cerró sus puertas víctima de esos tiempos donde no pudo competir con la deslealtad de los bajos precios y la mala calidad de aquellas mercaderías ingresadas por contrabando. Julio César Girardi Da Silva comenzó a trabajar con tan solo 16 años y el destino quiso que 25 años más tarde se hiciera cargo del negocio. AL DORSO nos cuenta su historia, con 66 años de edad, casado con Graciela y con dos hijos (Ricardo y Mónica).

- ¿Cuál es su primer recuerdo de Casa Roche cuando entró a trabajar?

– Llegué, y mi padre que en ese momento era el dueño, me dio la escoba, mi primer trabajo, a barrer. Y empecé a trabajar como cualquier joven a esa edad, empecé a los 16 años, dejé el liceo y empecé a trabajar.

- ¿El negocio no siempre fue de la familia?

– El negocio se inició en 1908, fue fundado por Don Tomás Roche, el lugar exacto creo que era en calle Uruguay y Defensa en esa época, frente al sanatorio Salto. De ahí, siempre por conversaciones que he escuchado de mi padre con amigos, se vino a Uruguay 820, en esa zona. Después de ese lugar la casa se fue a Uruguay 1001, en la esquina con Osimani, que es ahí donde empecé a trabajar yo, en el año 61. En 1968 nos fuimos a su último destino, Uruguay 1040.

- ¿Qué tipo de mercaderías comercializaba Casa Roche?

– La base siempre fue talabartería, arredo de carro, de sulky, de arados, se fabricaba todo ahí por gente del oficio.

- ¿Cuándo comienza su padre a trabajar en Casa Roche?

– Mi padre empezó alrededor del año 20, más o menos, empezó muy de chico y fue aprendiendo el oficio, era talabartero de hacer el apero completo. También se fabricaba sobre pedido, se hacían bolsos, portafolios, cinturones, cintos, por lo general abarcaba una línea muy completa. Después con el tiempo se dejó de producir y a comprar ya hecho en Paysandú.

Por el año 60 más o menos, recordemos que el dueño ya había fallecido, los hijos que siguieron querían vender el negocio, y se lo ofrecieron a mi padre, que era quien prácticamente dirigía el comercio, los dueños no estaban más acá. Uno de los dueños que yo conocí era Delfos Roche, que fue diputado por el Partido Colorado, por el 50 Casa Roche era prácticamente una departamental de “Viva Batlle”, la Lista 22. Pero bueno, entonces le ofrecieron a mi padre el comercio, y se lo terminaron vendiendo en el año 1961, que fue cuando empecé a trabajar yo.

- ¿Cuándo deciden ampliar el comercio?

– Eso pasó cuando nos mudamos al local de Uruguay 1040, era un local que nos permitía por su capacidad ampliar un poco la cosa. En ese momento seguimos con lo que era talabartería con bolsos, valijas, venta de platería, cuchillería muy completa, termos con bombilla de plata y oro, hebillas… ese local antes era Casa Peñalba, que era juguetería, librería y bazar, ahí acoplamos todos esos rubros. Luego con el correr de los años anexamos deporte, con la que trabajábamos muy bien por el lado del fútbol y algo de basketball.

- Andaban bien relacionados con el deporte, incluso son recordados los trofeos donados por Casa Roche a varios torneos.

– Sí, colaborábamos con la mayoría de los clubes, llegó un momento que teníamos de clientes a más de veinte clubes de fútbol, le vendíamos todo, equipos deportivos, pelotas… lo que necesitaran. Siempre tuvimos fama de vender caro, pero siempre trabajamos con productos de primera calidad, pasa que bueno y barato no se puede juntar.

- Cuando usted se hace cargo del comercio ya hacía veinticinco años que conocía el negocio.

– Tuve que hacerme cargo obligado en el 86 que fue cuando falleció mi padre. Ya estaba empapado de todo porque mi padre me daba participación, nos habíamos repartido el negocio, él hacía la parte administrativa y yo me dedicaba al salón en si. Nos repartíamos las compras, él se encargaba de los productos de talabartería y yo compraba lo otro.

- ¿Nunca se les ocurrió cambiar el nombre del negocio?

– No, porque el viejo lo tenía como tradición y mucho respeto a Don Tomás Roche, para él era un padre, y en homenaje a él, nunca quiso cambiar el nombre. Cuando se hizo cargo como propietario del negocio en el 61, el nombre formal del negocio fue “Casa Roche de Nicolás Girardi”.

- ¿Cómo se fue apagando el negocio?

– Y bueno, nunca me pude explicar cómo pasó… empezamos a tener complicaciones con el asunto del contrabando. Al principio estaba en calle Uruguay y Malaquina los sacó de ahí y los instaló en el Mercado (18 de Julio), los teníamos al lado, y luego los llevaron a donde está ahora la universidad.

- ¿Era una competencia desleal?

– Desleal completamente, y como quise seguir la conducta de mi padre, no traje nada de contrabando, entonces me compliqué y empecé a tener problemas de falta de capital, como muchos, pero algunos se salvaron, yo la quedé. Detrás de la frontera nada. Entonces, para salir adelante una solución podría haber sido meterme en los bancos, que le ofrecen todo pero después… decidí no ir por ese camino, hubiera perdido todo. Nos costó mucho tomar la decisión de cerrar, lo fui conversando mucho con mi señora, pero veíamos que no había solución. Siempre traté de tener una conducta comercial pero no pude aguantar.

- ¿Cómo fue ese último día, cuando cerraron?

– Fue un 7 de mayo de 2001, venía anímicamente muy mal, tomar una decisión de esas no es fácil.

- ¿Cómo fue el día después?

– Para mí fue malo, me sentía amargado…

- ¿Cómo resolvió ese estado de ánimo?

– El tiempo… llegaba la fecha de navidad, fin de año, Reyes, era la época en que nosotros hacíamos la base para el resto del año… bueno, a fin de año me encerraba en casa, extrañaba ese movimiento… y claro, desde mis 16 años trabajaba ahí.

- Ahora en mayo se cumplen diez años del cierre, ¿cómo se encuentra usted hoy?

– Y ahora estoy… (suspira) me he tranquilizado, me jubilé y estoy para las nietas, me llenan de energía.

 

La cabeza de caballo

- ¿Y qué pasó con lo que era un símbolo de Casa Roche?

– ¿La cabeza del caballo? Mucha gente me la quiso comprar, y para venderla tenía que venderla bien. A raíz de una idea de mi señora hablamos con la intendencia, hicimos unos arreglos de contribución que estábamos debiendo y cambiamos la cabeza de caballo por deuda. Así que esa cabeza está en la intendencia, me comentaron que estaba en una oficina, el que se había interesado en ella fue el arquitecto (Rogelio) Texeira. La cabeza era una referencia, sabe que mucha gente que venía de afuera tenía como referencia esa cabeza de caballo, dos cuadras para allá o para acá de la cabeza.

- ¿De dónde vino?

– La hizo un escultor, Pacot. Anduvimos buscando datos de él y conseguimos muy poco, la hizo en 1895, la fecha se puede ver en la base. Uno de los que nos arregló esa cabeza que por el paso del tiempo tuvo su deterioro fue Planke. El que hizo la cabeza de caballo, Pacot, fue quien también hizo la escalera de madera del Palacio Gallino.

Hoy por:  Leonardo Silva







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