“El reconocimiento lo da el público, no la crítica”

Diego Fischer Requena, autor de “Qué Tupé”

AL DORSOCon la obra “Qué Tupé” la idea es empezar por el litoral del país y estrenar después en Montevideo. Recordó que con la obra “Al encuentro de las Tres Marías” llenó el Teatro Larrañaga en mayo del año 2010. Fischer hace la producción del espectáculo y se encarga de la gira por el interior.

Fischer nació en Montevideo en el año 1961.

Hace 31 años que es periodista.  Estudió Periodismo en España, en la Universidad de Navarra, y en Estados Unidos, en la Universidad de Boston. Ejerce como periodista, en prensa, radio y televisión, y ha sido corresponsal en Montevideo de la agencia americana United Press Internacional. Es columnista del diario El País.

Vengo de un hogar donde se leía dos diarios por día (El País y el Plata), en una casa donde había libros, se hablaba de música y política en la mesa, en términos apasionados y cordiales. Un hogar típico de un Uruguay que parece muy distante en el tiempo pero que no lo es tanto.

Su madre era profesora de Literatura española, y su padre (que lo perdió a sus 11 años) era un gran amante de la literatura gauchesca. “Hay cosas que van entrando por los poros”.

Ha publicado ya 11 libros, pero no se considera un escritor en el sentido de que para él son escritores “un Borges, un Horacio Quiroga, figuras mayores. Y esto no es falsa modestia, sino que son figuras tan amplias que tener la misma proyección que ellas me da cierto pudor. Yo entiendo que soy un periodista porque amo esta profesión, tengo esa vocación. Me gusta hacer investigaciones periodísticas que luego se traducen en libros. Quizá es un tema de términos nada más, pero tengo esa imagen de los escritores que es muy fuerte para mí.

Para Fischer el debate y el intercambio de ideas es fundamental para el periodista y para el ser humano. Hoy eso se ha perdido porque “hay menos tiempo, porque se vive muy apurado, por el avance de la tecnología, porque estamos en una sociedad en donde cada vez consumimos más bienes y servicios, y eso nos requiere, de pronto, trabajar más para adquirirlos. Y creo que ese tiempo que “perdemos” o “que tiramos en cafés” (al decir de María Elena Walsh) es un tiempo para nada perdido, sino todo lo contrario, es tiempo mejor invertido, así como el tiempo que uno le dedica a la familia. Hace algo fundamental, que es mantener viva y fresca la relación y el vínculo entre los seres humanos.

Cada una de sus investigaciones no son para nada tediosas, sino “que me motivan mucho. Cuando más obstáculos encuentro, busco fuentes alternativas para seguir investigando, porque estoy convencido de lo que hago, y eso me lleva a perseverar”.

Yo soy muy exigente conmigo mismo y trato de aplicar esa exigencia en mis trabajos. Trato de ser lo más riguroso de lo que puedo ser, y cuando no sé de un tema consulto a los que saben de verdad. Y cuando me enfrento a desafíos como fue el escribir “Qué Tupé” y me encuentro con un informe forense hecho en el año 1920, recurrí al mayor historiador de la medicina que hay en el Uruguay, que es el doctor Fernando Mañé Garzón y después recurrí a la autoridad máxima reconocida en medicina forense, que es el doctor Guido Berro. Entonces creo que eso me da tranquilidad, le da mayor seriedad a mis trabajos, y por ende mayor respeto hacia el público y hacia el lector.

Libros como el referido a Juana de Ibarbourou llevan ya más de 17 ediciones, y se han vendido más de 20 mil ejemplares. “Qué Tupé” va en su cuarta edición con más de 10 mil ejemplares vendidos. Esta repercusión me llena de alegría, porque el reconocimiento lo da el público, no lo críticos ni los políticos. Sueño con que algún día podré vivir de esto. Estoy lejos de lograrlo, pero sigo esforzándome para transitar ese camino.

Siempre pienso en mis libros con la posibilidad de que sean una obra de teatro, y si alguno día se da, de ser un guión cinematográfico. Muchas personas que lo han leído me han dicho que tienen elementos que hacen posible esa adaptación. Se ha hecho con “Al encuentro de las tres Marías” y lo haremos con “Qué Tupé”, con el que ojalá podamos estrenar en Salto, en el próximo mes de agosto. Es una manera de abarcar a más gente y que la obra tenga más difusión. Se ha dado que la gente va al teatro porque oyó hablar del libro, y después compra el libro, o leyó el libro y va al teatro. El abanico del público que uno abarca se abre más y es más amplio.

Fischer estudio periodismo en España y en Estados Unidos, fundamentalmente porque no había carrera de periodismo en el país. Cursé 3 años de Facultad de Derecho, hasta que me di cuenta que estudiar leyes y Códigos no eran lo que más me gustaba. Tuve la enorme fortuna de presentarme a concursar por una beca  a Perú, a hacer un curso en radio y televisión en la Universidad de los Jesuitas en Lima. Luego me postulé para una beca a España, a la Universidad de Navarra, en la que me tocó un año lectivo, en el que fui a realizar una investigación pero vinculado a temas académicos y a hacer una tesis. Y obtuve una tercer beca a Estados Unidos, a la Universidad de Boston, con otros 5 colegas uruguayos, que hoy en día están ocupando cargos importantes en medios destacados de nuestro país.

Las becas me dieron muchas cosas, pero fundamentalmente, y lo que más rescato es el haberme abierto la cabeza, el permitirme ver el mundo, y el haber comprobado que el Uruguay es una pequeña gota en un océano gigantesco.

El periodismo es el mismo en todo el mundo, pero sucede que en algunos países se ejerce por un tema de recursos, de formación y de dedicación, de manera más profesional, pero eso no es un obstáculo para que no intentemos hacerlo nosotros de la mejor manera posible.

¿Se puede hacer periodismo de investigación en el Uruguay?

Sí. Reconozco que nunca es fácil una investigación, y cuanto más pequeño es el ámbito donde se desarrolla la tarea periodística quizá sean mayores las dificultades. Pero por supuesto que se puede hacer. Es saludable hacerlo y ojalá se hiciera de manera más frecuente  y con mayor intensidad. Es honrar a la profesión. Y si el medio en que se publica esa investigación es un medio serio, tarde o temprano se va a dar cuenta que el mejor negocio y el mejor capital que ese medio tiene es el respeto por sus periodistas y el respeto que sus periodistas han sabido ganarse de los lectores, de los escuchas y de los televidentes. Ahí está el mayor capital de los profesionales y de los medios de comunicación.

Dentro de sus actividades hace “entrenamiento para empresarios en lo que hace a la relación con los medios de comunicación (comunicación empresarial) y en la Escuela de Negocios de la Universidad Católica de Montevideo.

JUANA DE AMÉRICA

El objetivo del libro sobre Juana de Ibarbourou fue muy sencillo: escribir una biografía de ella, a partir de una carta de su puño y letra que tenía en mi poder donde ella confiesa su adicción a la morfina, y uno de sus amores prohibidos. A medida que me fui metiendo en la investigación fui descubriendo otras cosas. Todo lo que yo escribía ya Juana lo había dicho en sus libros, fundamentalmente los posteriores a la década de 1950. Citó como ejemplo a decenas de poemas dedicados a sus estados de drogadicción: cuando habla de la sangre, de las arterias, de la sal está hablando de la morfina. En “Romances del destino”, que es un libro que sale por el año 1955, cuenta “con lujo de detalles, y sin nombrarlo, su romance con su verdadero amor, que fue el Doctor Eduardo de Robertis, médico argentino que vivió en Uruguay exiliado en la época de Perón y que tenía la misma edad que su hijo.

QUÉ TUPÉ: DUELO BATLLE – BELTRÁN

Fischer abordó la investigación que respalda al libro “Qué Tupé, Batlle – Beltrán, ¿Duelo o asesinato?”, a partir de la emoción con la que su padre siempre hablaba del hecho. Se hacía referencia a la famosa frase de Batlle “- No me feliciten, he matado a un hombre”. Para la investigación se entrevistó con el Dr. Washington Beltrán, luego con Enrique Beltrán (que hoy tiene 93 años) y tuvo acceso a documentos de la familia, entre ellos muchas cartas (de la década de 1910). Para Fischer las cartas, en cualquier investigación, “son uno de los documentos que mayor valor tienen porque relatan un hecho y nos permiten ver el estado de ánimo de la persona que la escribe, y con ello podemos descubrir mucho”.

Se entrevistó también con la familia Franzini – Batlle que son con los que procuro documentación referidas a José Batlle y Ordóñez. De eso surgen datos como que “Batlle, después del duelo, recibió telegramas de felicitaciones de todas partes del Uruguay”. De allí surge también el dato que dicha familia “tiene la última firma de Beltrán, la que se realizó al firmar las condiciones del duelo”.  Pero nunca más pudo tener contacto con la familia Batlle.

Cree que el mérito de “Qué Tupé” es bajarlo del pedestal a Batlle y tratarlo como un hombre, con sus luces y con sus sombras, como somos todos. Y fue eso lo que encolerizó a determinados grupos de militantes y dirigentes del Partido Colorado. El libro plantea una serie de interrogantes y de hipótesis y respuestas para que el lector llegue a la conclusión de si el hecho fue un duelo o un asesinato.

Pero el punto fundamental en esta investigación fue encontrar el expediente judicial, porque si hubo una muerte (la de Beltrán) tuvo que haber habido una causa judicial. El expediente tiene unas 400 páginas, la mayoría de ellas escritas a pluma. Fue allí donde aparece la autopsia del forense y la declaración de Batlle, que va preso. Hay una anécdota que indica que le tuvieron que llevar la cama porque no entraba en la que había en la cárcel. Batlle medía 1,92 metros y pesaba 150 kilos. Padecía una enfermedad que se llamaba “obesidad de Balaguer” (que afecta de la cintura hacia abajo), quizá por ello siempre andaba de sobretodo o de levita, aún en verano. Batlle comparece ante el juez el sábado de gloria de 1920, y declara que no conocía a Beltrán, y con ello cumplió con los preceptos de la época que disponía el duelo: nada sucedió, nadie hablará, nadie vio nada.

En la autopsia que se le hizo a Beltrán se plantea el tema, quizá el más polémico de todos, que tiene que ver con la herida de bala que lo mata. La herida parece ser provocada por una bala marcada, pero nunca se sabrá porque el proyectil no está. El tiro de muerte le entra a Beltrán por el lado derecho y sale por el opuesto, atraviesa un pulmón, le succiona la aorta, continua por el otro pulmón y sale a la altura del riñón. Todo esto está documentado en la autopsia.

Cuando muere Beltrán su mujer estaba embarazada de 7 meses y medio, y tenía 3 hijos. La señora de Beltrán vive un calvario luego del duelo porque va a su confesor que le dice que su marido está en el infierno.

Hoy, por WENCESLAO LANDARÍN

 







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