“En su momento llegué a consultar a 13 psiquiatras”

“En su momento llegué a  consultar a 13 psiquiatras”
Con Elbio “Polo” Torres, empresario
emprendedor y tenaz, como pocos…

Con Elbio “Polo” Torres, empresario emprendedor y tenaz, como pocos…

Elbio Torres lleva 70 años de trabajo ininterrumpidos. Comenzó a los 13 años y hoy, con 83, sigue despuntando el vicio junto a su esposa en un improvisado comercio ubicado en el que antes era el garaje de su casa, en calle 19 de Abril, frente a la Plaza de Deportes.

El “Polo”, como lo llaman sus amigos y clientes, tiene un negocio de venta de macetas y flores artificiales, además de plantas y plantines naturales. Torres admite que sigue trabajando por necesidad, más que por placer, debido a que las “dos pequeñas” jubilaciones que tiene no le alcanzan para pagar los gastos de medicamentos.

Por un problema en la cadera, hace dos años que espera por una prótesis, pero “el Fondo Nacional de Recursos me ha llamado para hacer estudios, y los hacemos y mandamos los resultados, pero después todo queda en eso y la prótesis no aparece”. El octogenario también fue comerciante, pero un allanamiento realizado luego de una denuncia lo dejó sin mercadería y con la obligación de pagarla a los proveedores que se la habían cedido a consignación. Este episodio lo llevó a consultar “a 13 psiquiatras”, para poder salir a flote.

¿Cuántos años lleva trabajando sin parar?

Comencé a trabajar el 4 de diciembre de 1944. O sea que el 4 de este mes hizo 70 años. ¿Cómo arranqué? Me ofrecieron trabajar en un comercio situado en el obelisco y empecé a los 13 años. Se llamaba “Casa del Vasco”. Cuando tenía 20 años pasé a ser socio del lugar. Trabajaba día y noche. Hasta que sucedió algo… Nos allanaron porque hubo una denuncia de que teníamos mucha mercadería. Esa mercadería era bien habida, pero se la llevaron de todas formas. Lo peor es que la debíamos (al proveedor). El tema es que el otro socio había hecho una declaración de la que yo ni me enteré porque era muy joven. Nos decomisaron todo. Para que te hagas una idea, nos decomisaron más de 11.000 kilos de yerba y 2.400 rollos de papel higiénico. Hicieron muchos viajes de camión.

¿Cómo salió adelante luego de ese golpe?

Fue duro. Consulté a 13 psiquiatras para poder superarlo. Después “me maté” trabajando para pagarle a esas empresas que nos habían fiado la mercadería, porque no teníamos la plata para hacer frente a esa deuda. Cuando terminé con ese tema tenía 34 años.

A su vez tenía una chacra. Un día me vio Virgilio Tabano, que era el dueño de un negocio de artículos para el hogar que estaba ubicado en calle Uruguay, donde ahora está Súper Salto. Él me vio todo quemado por el sol de la chacra y me ofreció trabajar con él. Lo hice durante seis años, hasta que falleció.

¿Y después que hizo?

Ahí nos casamos con mi señora y empezamos a trabajar en Rodó y Diego Lamas. Estuvimos allí durante 29 años. Habíamos puesto un hermoso bazar, pero nos agarró la crisis del 2002 y tuvimos que volver a empezar. Arrancamos con macetas de plástico, algunas de cerámica cuando conseguimos, y flores artificiales. Es con lo que estamos trabajando ahora. Todavía seguimos al pie del cañón porque no hay otra opción.

Mi señora siguió trabajando allá (en Rodó y Diego Lamas) durante un par de años más y yo arranqué a trabajar acá (en 19 de Abril frente a la Plaza de Deportes). Después cerramos allá y seguimos los dos juntos trabajando acá.

¿Se capacitó para hacer el trabajo que hace actualmente?

-No, no… Yo tengo nada más que Primaria. La capacitación fueron los años de trabajo. No hubo nada especial, ni ninguna preparación. Uno va aprendiendo sobre la marcha. ¿Si se necesita algo especial para hacer este tipo de trabajo? No, el que quiera trabajar, trabaja en lo que sea. En Uruguay nadie se muere de hambre. No hay ninguna ciencia.

Cuando era más pequeño trabajaba con mi padre en jardinería. Papá trabajó en casa Gautrón durante 43 años. Y a su vez, nosotros en casa hacíamos el mismo trabajo por idea del patrón de mi padre. Mi casa estaba en 19 de Abril 3081, donde hoy un sobrino mío aún sigue con el negocio de plantas.

¿Qué tipo de trabajo hacía en su casa cuando era chico?

De pequeño tenía que despegar eucalipto, plantar eucalipto, regar, bombear agua del pozo de 21 metros. En fin… ¿Si me gustaba la jardinería? Me encantan, pero también me encanta el comercio. Lástima que tengo algunos problemas de salud.

¿Su señora se dedicaba a lo mismo que hoy en día cuando la conoció?

Nos conocimos en el negocio y después seguimos adelante. Ella trabajó también en otro negocio en Salto Grande, durante unos cuantos años. Pero a partir de que nos casamos y empezamos a trabajar juntos, la fuimos peleando…

Actualmente sólo atienden su negocio de mañana, ¿no?

Sí, ahora hacemos un horario muy especial. Abrimos de 7.30 a 12.30, porque no podemos más. De tarde no abrimos. Antes trabajábamos de corrido y hasta abríamos los domingo de mañana. ¿Si viene gente fuera de hora? Muy pocas veces. Tratamos de no atender, porque si un día atendés, te empieza a caer gente fuera de hora todos los días.

Por los problemas de salud no podemos trabajar más horas. Hace dos años que viene un fisioterapeuta a casa y hacemos tres sesiones por semana: lunes, miércoles y viernes. Yo voy haciendo casi 300 sesiones de fisioterapia, por el problema de caderas y también por las piernas. Pero de todas maneras me gusta ir al fondo y hago las cosas aunque sea gateando. De todas formas, las cosas que hacemos no son para la venta. Vendemos plantines naturales y plantas, pero son abastecidas, no son de nuestra producción.

¿Por qué sigue trabajando con 84 años?

Porque la jubilación no da para pagar la cantidad de medicamentos que necesitamos los dos. Creo que no nos daría ni para comer. Yo tengo dos pequeñas jubilaciones, porque pagué la caja rural durante 33 años, mientras tuve la chacra, pero son pequeñas y no alcanzan. Mi señora tiene una problema de rodilla y yo de cadera. Estoy esperando una prótesis de cadera que no llega nunca de Montevideo. Hace dos años que la estoy esperando. Cada tanto el Fondo Nacional de Recursos me  llama para hacer nuevos estudios y los hacemos y mandamos los resultados, pero después todo queda en eso.

¿Tiene alguna anécdota digna de ser contada de su vida laboral?

Estando en Rodó y Diego Lamas sufrimos un intento de atraco. Fue en setiembre de 1984. Unos muchachos robaron un auto y después entraron a robar en nuestro comercio. Yo estaba trabajando con el viajero de Funsa, porque vendíamos cubiertas de bicicletas, de repente apareció una de las empleadas y me dijo que nos estaban asaltando. Me sorprendí, porque en esa época no existían ese tipo de cosas. Yo tenía un revólver en el cajón del escritorio y el mismo estaba abierto. A dos metros de distancia se encontraba el ladrón armado y en ese momento me salió sacar el arma y defenderme a los tiros. Yo no sabía tirar, pero me defendí. Por suerte el ladrón se fue… Después, a ese muchacho lo mató la Policía, cuando iba escapando por Corralito. ¿Si fue el único robo que sufrimos? No, nos robaron más de 20 veces.

¿Cuántos hijos tiene?

Tengo cuatro: tres mujeres y un varón. La mayor tiene 41 años. Es maestra inicial, pero ahora tiene una librería en calle 25 de Agosto, en la esquina que hace cruz con la Biblioteca Municipal, donde antiguamente estaba la Onda. La segunda, de 40 años, trabaja como profesora de inglés en la Universidad Católica. El tercer hijo es el varón. Tiene 37 años y trabaja en la administración de los ómnibus de la Intendencia. Fue chofer durante muchos años, pero después estaba muy feo el tránsito y pidió el traslado porque le empezó a subir la presión. Y nuestra hija menor, de 28 años, también trabaja en la Intendencia, en cómputos. Los dos funcionarios municipales entraron por concurso.

Están todos casados y todos tienen hijos. Tengo hermosos nietos. ¿Si viven en Salto? Sí, pero vienen poco, porque están todos con mucho trabajo. Pero cuando pueden, nos visitan.