“A la Justicia debería dársele mayor trascendencia y relevancia”

“A la Justicia debería dársele  mayor trascendencia  y relevancia”

El impartir Justicia no es una tarea fácil, menos cuando se la debe desempeñar en el interior más profundo del país y se es mujer. Cristina Marabotto, ha sido una de las artífices de que la Ley tuviera su presencia en aquellas localidades perdidas y casi olvidadas de nuestro Departamento, carentes en la mayoría de las veces, de los más elementales recursos de digno confort.
Aun así y gracias a su innegable compromiso con la gente que tenía “a su cargo”, no escatimó esfuerzos en hacer todo lo necesario para no abandonarlos y ayudarlos dentro de sus posibilidades.
Hoy recuerda esos momentos vividos, y manifiesta en AL DORSO, que lo volvería a hacer.

¿En qué momento comenzó su carrera dentro del Poder Judicial?
Comencé a trabajar en el Poder Judicial en 1972, desempeñándome la mayor parte del tiempo en el Juzgado Penal, hasta 1999, cuando la Suprema Corte de Justicia me designó como Juez de Paz Rural de la 6ta Sección Judicial de Salto. Recordemos que, en esa época no era requisito excluyente el ser Abogado para ocupar dicho cargo. Me jubilé en septiembre de 2012.
¿Cuáles fueron los lugares que le tocó como destino?
El destino primario fue Pueblo Quintana, a unos 160 kilómetros de la ciudad, al este del departamento, al que se llega por ruta 31 hasta el kilómetro 120, debiéndose tomar luego por un camino de tierra. Una localidad, cuyas únicas construcciones de material eran la Escuela, dos comercios, la Seccional 12ª, una pequeña capilla y muy pocas casas.
Al poco tiempo se edificó el Juzgado de Paz de la 6ta Sección en Paso Cementerio, anexándose el Juzgado de Paz de la 5ta, que funcionaba en Cerros de Vera, el cual se cerró, pasando a formar ambos Juzgados una comunidad geográfica, subiendo de grado, teniendo bajo su jurisdicción a la 11ª -12ª-13ª y 14ª Seccionales policiales, que abarcaban a las localidades de: Pueblo Quintana, Paso Cementerio, Pepe Núñez, Cerro Chato, Paso de las Piedras de Arerunguá, Paso Potrero, Carumbé, Paso Valega, Pueblo Fernández-Masoller, Zanja del Tigre, Cerros de Vera y Levitán. Indudablemente que durante ese tiempo, tuve que subrogar a compañeros de otras secciones judiciales, lo que también cuenta.
¿Conllevó muchos sacrificios?
En parte sí, más que nada por el alejamiento de la familia al ser un cargo full time, y por las largas distancias que recorría, con pésimos caminos en su mayoría y con condiciones de vida bastantes difíciles de transmitir, debiendo realizar ítinerancias, contando siempre con la colaboración de vehículos del Ministerio del Interior.
Pero por otra parte, me siento enriquecida, porque dicha experiencia me hizo conocer la realidad del interior del departamento, pobre, digamos que paupérrima, y alejada de la comprensión de la “civilización”.
Nunca pensé en encontrarme con ciudadanos de más de 70 años indocumentados; con gente que nunca salió del lugar y no conocían Salto, por quedar lejos o no tener dinero para viajar; que tenían atención médica cada 15 días cuando el médico de Valentín, que era el Dr. Ramón Soto, excelente persona y profesional, recorría la zona; o que para poder comunicarme, tuviera que subir a un cerro para tener algo de línea en el celular; o lo más cómico que recuerdo al pasar el tiempo, que fue el llegar al lugar donde me tocó desempeñarme primariamente y ver que el Juzgado consistía en una pieza anexada al destacamento, cuyo “baño” quedaba a unos 50 metros. Me quería morir. Agradezco especialmente al Prof. Jorge Cabral Vinci, quien refaccionó el pequeño baño, colocándole los artefactos indispensables, lo que por lo menos aminoró la desazón. Afortunadamente pude contar con excelentes colegas, tanto en la órbita de los Juzgados de Paz, como en el de los Letrados, lo que fue muy importante para mí. En fin, no fue fácil, para nada, pero lo volvería a hacer.
¿Qué es la Justicia para usted?
Para mí es muy importante pues rige la convivencia de las personas en un país, algo que parece tan simple, pero que es trascendental. Considero que a la Justicia debería dársele mayor relevancia, no olvidando nunca, de que se trata de uno de los tres Poderes del Estado y que se lo debe de considerar y tratar como tal, con mucho respeto. Pues, una democracia sin un Poder Judicial sólido y que garantice una Justicia seria, no es tal y peligra.
¿Recuerda alguna anécdota de ese tiempo?
Una vez – para que tengas una idea de la idiosincrasia de muchas personas que no han tenido educación y que conforman el importante número de analfabetos que hay todavía en lo más profundo del Uruguay- me llamó un vecino de la zona, yo estaba en Pueblo Quintana, preguntándome si se podía casar, obviamente que le dije que sí, respondiéndome que en un rato estaba en el Juzgado. Le manifesté lo impropio de la hora y la documentación que debía presentar, pero el hombre no entendió. Resumiendo, a la media hora estaba golpeándome la puerta, sólo, para casarse. Le pregunté: ¿y la novia, y los testigos?, y con toda su sencillez e inocencia, me contestó: “ella quedó allá, cáseme que le llevo la libreta”. También, en una oportunidad repartimos juguetes en Paso Potrero de Arerunguá, y ver la felicidad de los niños nos marcó bastante, más cuando la madre de varios de ellos, nos dijo que era la primera vez que sus hijos recibían un juguete.
Teniendo en cuenta lo que nos ha contado, ¿cómo fue el conciliar los tiempos entre su trabajo y la familia?
No muy fácil por el régimen full time de la función, como ya lo mencioné; no pude estar presente muchas veces en cumpleaños, ni en Navidad, ni en Año Nuevo, lo que fue bastante duro. Fíjate que el trayecto desde Salto a la localidad de Pueblo Quintana o Cerro Chato, de por sí ya queda a contra mano, imagínate en días de lluvia donde quedábamos absolutamente aislados, dependiendo también en el lugar donde estuviera realizando el recorrido de las localidades bajo mi jurisdicción, contando siempre, por suerte, con el apoyo de Empresa Toriani, Juan Frola, guarda y chofer, quienes fueron incondicionales. Fue un tiempo de muchas ausencias, pero era el trabajo.
Háblenos de sus seres queridos
Bueno, lo que te puedo decir es que mi núcleo familiar más íntimo, se constituye con mis dos hijos, un varón y una mujer; ésta última radicada aquí en Salto con mi yerno y mis dos nietas; mientras que el hijo vive en Montevideo. Lamentablemente hoy ya no cuento con la presencia de mis padres, pero tengo un hermano, sobrinos y sobrinos nietos con quienes mantengo muy buena relación.
En estos momentos tenemos entendido que su principal labor es la de ser abuela, y una muy dedicada por cierto, ¿es verdad?
Ser madre ha sido maravilloso; pero el ser abuela, es algo superlativo, difícil de explicar. Todo aquello que no pudimos brindarles en su momento a nuestros hijos, por diferentes circunstancias, lo hacemos con los nietos, lo que me ha llevado en alguna oportunidad a tener reproches por parte de los padres. Hoy ya son grandes, la mayor tiene 22 años y la chica 20.
Retrocediendo a lo que nos mencionaba y de acuerdo a su participación actual en Rotary, ¿podemos decir sin lugar a dudas, que una de sus pasiones ha sido la filantropía?
Creo que la labor social, el poder dar una mano a quien lo necesita, lo aprendí desde muy chica, en mi casa, y hoy lo continúo haciendo desde Rotary.
Verdaderamente me siento feliz de haber podido colaborar de alguna forma con los lugares en los que trabajé, llevando por ejemplo, cursos de carpintería; tejidos a telares, que todavía existen; huertas orgánicas a cargo de Ing. Baldasini; hilado de lana y tejido; computación, con las dos primeras computadoras en la zona; panadería; el haber concretado una biblioteca; la entrega de pintura y vidrios para las escuelas, y otras tantas cosas que se pudieron realizar gracias al apoyo de hacendados de la zona, que entendieron lo importante de brindar ayuda a su propia gente. Pero dos hechos de los que me siento realmente orgullosa es el haber podido ser una de las impulsoras de las viviendas de MEVIR en la localidad de Pueblo Quintana; y de la obtención de un generador para Paso Cementerio, el que quedaba frecuentemente a oscuras, sin teléfono e incomunicado.
¿Se siente satisfecha por el camino recorrido, o guarda alguna pequeña deuda que desearía saldar?
La verdad, es que me siento satisfecha; y la única “deuda pendiente” que tendría, es el llegar a ver realizadas en la vida a mis nietas, las que actualmente se encuentran estudiando en la Universidad en Montevideo.

 







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