Arquitecta María del Rosario Etchebarne Scandroglio: El valor de la bioconstrucción

al dorsoNos recibió en la Regional Norte y se explayó sin limitaciones en algo que la apasiona y por lo cual ha destinado buena parte de su vida profesional y universitaria: la arquitectura  y construcción con tierra. Nos relató su “amor” por Salto, donde formó familia y ha donde sigue viajando de manera periódica. Fue becaria en la construcción civil de la Represa y ha viajado por el mundo exponiendo y formándose. Salimos de su lugar de trabajo (Departamento de Arquitectura en el subsuelo del edificio central de la Regional) con ganas de conocer más sobre lo que mas sabe, y que puede ser uno de los caminos para empezar un verdadero “desarrollo sostenible”: volver a la tierra y vivir mejor.

DOLOR POR QUE TIRABAN LOS RANCHOS AL SUELO

Es montevideana, aunque buena parte de su vida la pasó en Piriápolis, donde vive su madre en la actualidad. La primera vez que vino a Salto fue con 15 años y lo hizo junto a un grupo de la Iglesia, llamado “Castores” (que todavía sigue funcionando). En esa oportunidad vinieron a trabajar en el primer pueblo de MEVIR (Movimiento de Erradicación de la Vivienda Insalubre Rural) que se hizo en Pueblo Celeste, y colaboraron con la construcción. Rosario, una joven montevideana que vivía en el centro de la capital,  quedó impactada al ver “la gran cantidad de ranchos de tierra y como eran tirados abajo, para hacer casas de bloques de hormigón y de ladrillos durante esta cantidad de años”. Confiesa que “me dolía desde mi sentimiento de adolescente porque a mí me gustaban esos ranchos, también porque me quedaba en ellos y la gente del lugar les abría las puertas”. Siendo muy urbana en su formación esos ranchos le gustaban y no entendía como los tiraban abajo, porque además era la propia gente la que los hacía. “Eso me atravesó toda la vida y cuando entre a la Facultad”

JUVENTUD, FACULTAD Y DICTADURA

Entró a la Facultad de Arquitectura en el año 1973, “en plena dictadura, y éramos muy militantes, porque la mano venía en comprometerse con lo que estaba pasando”. En esos años “se juntaban muchas cosas que me fueron marcando en cuanto a la toma de postura como la búsqueda de un hombre nuevo, de una cultura diferente donde las personas no fueran tan explotadas”.  Hizo toda su carrera en dictadura ya que se recibió de arquitecta en el año 1982, y su generación “estaba comprometida con lo que pasaba”. Recuerda que “estábamos entregando los proyectos y los militares controlaban todo y nos sacaron en pleno junio del ´73. Vimos cuando  detuvieron a nuestro decano, Carlos Reverdito, y se lo llevaron a San José y Yi, de ahí al barco y de ahí al exilio por 10 años”. Se formó con gente que los hacía pensar, “porque había muchísima censura”. En su casa hasta que no llegaban todos “mi madre no estaba tranquila”. Su madre era profesora y su padre había fallecido y “siempre nos enterábamos de algún amigo que se lo llevaban preso”. No estuvo detenida, pero una hermana suya sí. Era una época de  muchos ideales y era más común  reunirnos por un tema político o a leer tal cosa, o ver del modelo peruano o debatir con el modelo chileno. La juventud de ahora tiene su impronta y le rescato cosas muy positivas, haciendo un camino crítico más rápido del que hacíamos en nuestra generación: me gusta ese sector de la juventud que es reflexivo y que por algún motivo no se comprometió mucho con la política, pero que de pronto a través de expresiones artísticas o culturales manifiesta muchas cosas. Mientras estudiaba en la Universidad “hasta determinado punto mantuvo su vínculo con la Iglesia”. Valora mucha la formación que tuvo: “íbamos a la parroquia universitaria y nuestro líder era el padre Uberfil Monzón y nos formamos también con otro cura fantástico que era Jorge Techera, que era como abrir la cabeza”. Después se desilusionó con la Iglesia institución y no seguimos una militancia dentro de la Iglesia, pero por cosas personales y por desilusión de algunas personas.

SALTO, LA FAMLIA

Se vino a Salto a fines del ´79 por una beca para trabajar en la Represa, que era para estudiantes de arquitectura de Montevideo y de Buenos Aires. La primera vez estuvo 10 meses, y el llamado para los becarios fue para trabajar en la obra civil con el arquitecto D’Amado (eran 6 estudiantes). Luego estuvo 8 meses más, y se quedo a vivir en Salto. Terminó la carrera viajando a Montevideo.  Se casó con un salteño, el fotógrafo (por 30 años) Vicente Ruétalo: “lo conocí cuando me sacó la foto-carné a mi ingreso como becaria en la Represa de Salto Grande, y de ahí hasta ahora seguimos juntos”. Tiene 3 hijos salteños: Rosario, Andrés y Nicolás  y una nieta, Renata. “Tuve una vida muy linda acá en Salto”. Sus 3 hijos se fueron a estudiar a Montevideo y se quedaron allá. El hijo mayor estudia arquitectura pero hace ya un año que es bio constructor. “Entonces con Vicente decidimos volver el año pasado, y estamos viviendo en Solymar y viajo todas las semanas”.

VALORAR OTRAS TECNOLOGÍAS

Desde la facultad siempre le gustó vincularse a “los talleres de enseñanza y de proyectos donde se valoraban otras tecnologías. Siempre me gustó mucho la obra de (Eladio) Dieste, porque utilizó una técnica muy regional, que da bastante mano de obra, que revolucionó una cantidad de cosas y que es reconocida internacionalmente, y no lo es tanto dentro del país. Siempre me gustaron esas tecnologías que valoraban los materiales naturales, que no valoraban tanto al hormigón, que hay que utilizarlo pero no hacerle un homenaje”. Nos expresa que en el fondo todo es “un tema cultural, porque desde los años ´50 la globalización entra a invadir la cultura, el hormigón se impone, pero no suma  a lo que venían haciendo las culturas constructivas sino que deja de lado y culpan a la cultura constructiva de la insalubridad rural. Pero lo insalubre no estaba en la cultura constructiva sino que estaba en las reglas de juego del poder económico que le pagaban chirolas al asalariado rural, y el tipo no podía hacerse más que juntar un poco de barro y hacer una casa bajita, porque ni siquiera tenía un flete que le trajera madera más larga de los 2 metros que ellos podían encontrar alrededor”. A las personas les gusta vivir en casas naturales pero tiene un trasfondo de la cultura que se ha perdido.

BIOCONSTRUCCIÓN

En la llamada “Bioconstrucción” se utilizan los materiales en un ciclo de vida que no genera polución ni contamina el ambiente. El material es como que está vivo porque la madera, la tierra, la cáscara de arroz, la paja, la caña  no produce dióxido de carbono a la atmósfera, no necesita combustible para su proceso de producción. Para Etchebarne “por suerte se está priorizando el estudio de la matriz energética en el país, y la bio-construcción se empalma a esto. Podemos hacer una casa sin haber consumido energía, desde una postura ética: los seres humanos tenemos que aprender a consumir menos. Una pared de adobe de 40 cm , que puede quedar revocada con yeso (muy linda, sin que se vean las rajaduras de la tierra), permite que la casa conserve la energía hasta el punto de no necesitar poner un aire acondicionado, o puedo poner uno mínimo (lo utilizo en los picos del verano, pero no lo tengo trabajando todo el año). Por eso la arquitectura en tierra es una enorme contribución al recupero de la cultura constructiva, porque podemos solucionar los problemas de vivienda enseñando a construir con tierra, y en vez de hacer una casa del Ministerio de Vivienda a 30 mil dólares, podemos construir una a 10 mil dólares. Además vamos a evitar problemas de salud, porque está probado científicamente que no van a haber problemas respiratorios: en una casa de bloques de hormigón sobre todo la pared que da al sur condensa y el niño que duerme en esa casa tiene problemas respiratorios y no hay formas de que no los tenga, porque hay condensación, hay hongos. La propuesta de la gente involucrada con la arquitectura en tierra es una herramienta para el desarrollo”.

DOCENTE E INVESTIGADORA

Empezó a trabajar de ayudante en la cátedra de Construcción, luego grado 3 y hace más de un año accedió a un grado 4 y eso implica desarrollar programas de enseñanza, de investigación y de extensión universitaria en el área tecnológica. Integra la Asamblea del Claustro de la Regional Norte y el área científica tecnológica. Para Etchebarne la descentralización de la Universidad es fundamental y se están dando pasos muy importantes. Nos indicó que junto a otras colegas “estuvimos en Cuba en el año 1994 presentando el primer trabajo que habíamos hecho en Salto que fue todo lo previo a la construcción del barrio La Tablada. Presentamos en un congreso un trabajo junto a Gabriela Piñeiro y Ana Beasley sobre las casas de tierra, que forma parte de la Unidad Regional de Estudios y Gestión de Hábitat. También en el año 1995 fuimos a capacitarnos a Bolivia y en el ´96 a Colombia”. Las casas del barrio La Tablada se inauguraron en el año 2000 y “están en perfectas condiciones”. Destacó que en este caso “se da un mantenimiento natural porque las propias personas trabajaron en las casas y la valoran de una manera especial”. El tema del cambio climático no es un tema solamente ambiental. El origen es un tema del mal uso de la energía y de abuso del consumo.  El exceso de consumo afecta la atmósfera. Y desde los ámbitos académicos debemos dar respuesta a otras formas de construir, porque  no podemos seguir construyendo en base a hormigón, es imposible. Hay estudios científicos que dicen que en el 2050 no va a haber cemento para construir, porque no va a haber petróleo que permita el combustible que se utiliza para quemar el clinker con el cual se hace la molienda con el cual sale el cemento. Entonces es una responsabilidad desde las Universidades de enseñar otras técnicas. La arcilla tiene componentes, que si uno investiga y sabe trabajarla, funcionan en forma parecida al cemento. Podemos hacer hormigones de tierra sin utilizar cemento, el tema es que hay que investigar, trabajar, formar técnicos y mano de obra.

VIVIR DE OTRA MANERA

Nos relató Etchebarne que “en Uruguay está demostrado que la técnica de arquitectura en tierra es buena en si misma”. Lo que pasa es que cuando “trabajamos por autoconstrucción en el medio del campo, la persona no dispone de rubros y termina con revoques sin terminar, techos bajos, sin baño, pero no es culpa de la técnica, sino que no hay recursos. Pero a nivel de clase media y media alta también se llevan adelante. No cuesta mucho más barato: para el mismo nivel de confort térmico si trabajamos con hormigón y ladrillo estamos hablando  de 900 dólares el mt2, y para ese mismo de confort térmico con arquitectura en tierra podemos trabajar con 650 dólares el mt2. Pero permite vivir de otra manera, dándole importancia a otras cosas que tienen que ver con la vida y no tanto con esa loca carrera de consumo, de tener plata y tener cada vez más cosas. Hay gente que está valorando esas otras formas de vida y la demanda viene de esos sectores, que pueden ser carenciados económicamente pero quieren un rescate de la cultura. También hay mucha gente de clase media, jóvenes con oficio que se juntan y demandan casas de tierra, e incluso auto construyen, y ahí el arquitecto enseña. Y el sector de poder económico alto también quiere una vida más tranquila y controlar su nivel de consumo”.

Hoy por:  Wenceslao Landarín







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