Con el Ing. Juan Grompone: A la universidad no hay que cambiarla: hay que hacer otra…

aldorsoHoy por:  Maximiliano Pereira

Estuvo entre las cien personas más influyentes del Uruguay, en un estudio realizado tiempo atrás por la Redacción de El Observador, el Ing. Juan Grompone, hijo de salteños exhibe suficientes credenciales como para justificar esa ubicación entre la masa crítica de nuestro país y charlar con él constituye un verdadero placer.

Juan Grompone nació en Montevideo en el año 1939, es Ingeniero Industrial egresado de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de la República, escritor de más de 100 libros y artículos en diferentes áreas, y profesor.
Su estrecha vinculación con Salto lo remonta al recuerdo de calurosos veranos en la ciudad natal de su padre, o a las historias de su familia, una familia de inmigrantes que llegó a nuestra ciudad desde el sur de Italia, con el único fin de afincarse en un lugar seguro en donde poder formar una familia.
Sus primeros años de vida transcurrieron en gran parte dentro de la biblioteca de su padre, una de las bibliotecas más grandes de todo el Uruguay. Fue el continuo contacto con los libros, y la presencia cotidiana de Eladio Dieste, lo que motivó a Grompone a convertirse en un auténtico creador, un ser entendido en temas del saber.
– Cuénteme sobre el origen de su familia…
– La familia de mi padre, los Grompone son de Salto. Son inmigrantes italianos que se afincaron en Salto a finales del siglo 19, tanto mi abuelo Grompone como mi abuela Pázzaro eran los dos de un pueblito muy pequeño ubicado en la provincia de Salerno, y del cual vinieron muchas familias al Uruguay, porque fue ciertamente un pueblo de inmigrantes.
Mis abuelos eran campesinos que no tenían tierra, y llegaron aquí a trabajar de lo que fuera, rápidamente tuvieron hijos, dos varones y cuatro mujeres.
Mi abuelo fue muchas cosas, y entre otras fue quintero de Pastora Forteza, la esposa del padre de Horacio Quiroga, en lo que era antiguamente la escuela Al Aire Libre, y donde es actualmente el Mausoleo Casa Quiroga. En esa casa mi abuelo vivió con su familia, y mi padre recordaba haber visto muerto allí al padre de Horacio Quiroga.
– ¿Su padre fue el fundador del  Instituto de Profesores Artigas?
– Mi padre fue Antonio Grompone, quién entre otras cosas, fue fundador y director hasta su muerte del Instituto de Profesores Artigas, más conocido como IPA, que fuera fundado en el año 1949, y puesto en funcionamiento dos años más tarde. La creación del IPA marcó un antes y un después dentro de la educación, ya que hasta su fundación no hubo una formación sistemática de profesores para la enseñanza secundaria. La mayoría de los docentes eran profesionales egresados de la Universidad de la República o autodidactas que cumplían determinadas exigencias y permitían cubrir las necesidades de profesores. En definitiva el IPA ha buscado desde siempre formar un modelo de hombre basado en la excelencia y vanguardia tanto a nivel teórico como práctico, es decir un profesional en el ámbito de la teoría de cada disciplina como en la práctica educativa.
– ¿Su padre integraba la masonería?
– Mi padre estudió en el Liceo Osimani y Llerena, que en aquel entonces era privado. Fue a la escuela pública, y posteriormente a ese liceo, y yo pienso que fue al Osimani porque la masonería salteña se lo pagó. De todas maneras estoy seguro de que cuando se fue de Salto a Montevideo para estudiar la carrera de Derecho, se fue becado por la masonería,
Mi padre siempre tuvo mucha vinculación con Salto, nosotros íbamos todos los años a la ciudad de Salto, yo recuerdo que cuando yo tenía alrededor de 12 años, nos tomábamos matemáticamente el 20 de diciembre el ferrocarril, pasábamos las fiestas en Salto, y nos quedábamos todo enero, que por supuesto no es el mejor mes para estar en Salto. Realmente tengo muchos recuerdos de las tardes en la casa de mi tía, una familia del sur de Italia, inolvidable.
– ¿De dónde nace esa veta poética que incluso lo hace tomar para sus charlas algunas obsesiones borgeanas como lo es el Laberinto?
– Esa es claramente una observación muy acertada, y puedo decirle que mi familia era una familia muy culta, mi padre tenía una de las bibliotecas más grandes de todo el país, por lo tanto en mi casa la cultura era una cuestión natural, de modo que para mí eso no es algo raro. Lo raro sería haber leído tanto durante toda mi vida y que alguna de esas concepciones que conforman los libros no afloraran en algunas de mis charlas. Para mí es tan natural Shakespeare, como Newton, pueden parecer opuestos pero son dos aspectos del mundo y para mi son complementarios, así que de ahí provienen esos rasgos poéticos.
– ¿Por qué su inclinación por la ingeniería?
– Yo estudié ingeniería porque a mí siempre me gustaron las matemáticas y porque en mi casa vivía Eladio Dieste, que era un ingeniero oriundo de la ciudad de Artigas, pero que su madre era salteña, y era muy amigo de mi padre. Cuando Eladio siendo joven vino a Montevideo a estudiar, vino a vivir a la casa de mi padre, yo era en ese entonces un recién nacido. De modo que conocí a Dieste durante toda mi vida, era una presencia cotidiana en mi familia, venía a almorzar todos los sábados estando casado, era casi un ritual familiar y ahí me di cuenta mediante charlas con mi padre, de que mi vocación era la ingeniería, y por suerte no me arrepiento de haber elegido ese camino
– Cuénteme acerca de su vida y sus logros personales…
– Es sencillo, yo soy Ingeniero Industrial, con opción en telecomunicaciones, soy egresado de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de la República, y me dedico especialmente a la comunicación de datos, y a la gestión de proyectos informáticos. Nací en la ciudad de Montevideo en el año 1939, y tengo tres hijos, dos hombres, de 36 y 33 años, y una mujer de 30 años. El mayor está estrictamente vinculado a mundo de la televisión, el del medio está terminando su doctorado de ingeniería en Francia, y la menor terminó su maestría de diseño industrial, y es posible que se vaya a trabajar al exterior por un tiempo ahora. Además de eso somos ciudadanos italianos, heredamos eso de mis abuelos, de modo que todos tenemos un mundo abierto por tener esa ciudadanía. Y creo que eso le pasa a muchos salteños.
Escribí además más de 100 artículos o libros de lógica, epistemología, divulgación científica, literatura y otras áreas, y gané el primer premio en narrativa, otorgado por el Ministerio de Educación y Cultura. Por otro lado fui designado ingeniero eminente por la región latinoamericana del instituto de ingenieros eléctricos y electrónicos, y gané el premio “Labor 50 años”, organizado por editorial de Barcelona en el área electricidad o electrónica.
¿Cómo ve el modelo de Educación?
La educación tradicional es la copia de la fábrica, es decir todos se visten igual, todos salen y entran a la misma hora, todos estudian lo mismo, y al final se hace la verificación del producto. Es realmente el modelo de la fábrica el que se le ocurrió a los educadores en un mundo en donde la fábrica era lo más avanzado que había. Fabriquemos ciudadanos de la misma manera que fabricamos zapatos.
Yo creo que hay que cambiar la cabeza y pensar más que en modelos pertenecientes a 1950, en modelos que sean viables en un futuro.
Analicemos por ejemplo lo que pasa con la Universidad, muchos hablan de cambiarla, a mí me parece que no hay que cambiarla, hay que hacer otra. Esto parece un chiste, pero no es una concepción alocada. Yo lo que digo es que hay una enorme cantidad de gente de la Universidad, que no vive en Montevideo, viene a Montevideo a estudiar. A esa gente en vez de hacerla venir a la capital, yo la mandaría a Salto.
Mi proyecto no sería la Regional Norte, mi proyecto sería Universidad de la República Norte, y Universidad de la República Sur, dos cosas distintas, con una ley específica para la Universidad Norte, y fomentar además que los estudiantes que estén fuera de Montevideo vayan a la Universidad Norte, porque es mucho más barato vivir en Salto que en Montevideo.