Desde su faceta de madre trabaja activamente por la inclusión social de personas con Síndrome de Down

Desde su faceta de madre trabaja  activamente por la inclusión social  de personas con Síndrome de Down
Beatríz de Rezéndez, la entereza para
asumir un desafío especial…

Beatríz de Rezéndez, la entereza para asumir un desafío especial…

Criar los hijos tiene sus propios retos, más aún cuando se es madre joven y se debe afrontar el desafío de atender a un niño con necesidades especiales. Pero la vida nos da ejemplos día a día, de mujeres que con ahínco y tesón pueden ser multifacéticas y desempeñarse en muchos roles además de ser mamá.

En el caso de Beatríz de Rezéndez, debió conjugar su dedicación al trabajo, su rol de esposa, hija, hermana y activa luchadora de una organización social como la Asociación Down de Salto junto a su rol de ser madre y particularmente, madre de una hija con Síndrome de Down.

Tal vez por esa condición especial de la mujer, la naturaleza le da la posibilidad de ser madre porque sabe que a pesar de desempeñarse en muchos roles diferentes siempre podrá volcar sobre sus hijos ese amor de madre, de manera equitativa, amándolos a todos por igual, protegiéndolos bajo sus alas, dándole abrigo cuando lo necesiten y animándolos a dar pequeños saltos y volar en la medida de sus posibilidades.

Sin embargo, en muchos casos, cuando llega a la familia un hijo que requiere una atención especial o un mayor cuidado, puede provocar un quiebre emocional porque no es lo que se esperaba, pueden aparecer los miedos, los reproches, las culpas, la vergüenza, y desestabilizar a la familia.

Pero la naturaleza es sabia, expresa un dicho popular, y Beatríz sintió que fue elegida junto a su esposo Francisco “Pancho” Blardoni y su familia para afrontar ese desafío y seguir adelante, ser feliz con una hija con Síndrome de Down.

“Cuando los médicos nos dieron la noticia, lo primero que pedí fue quedarme sola con mi esposo y lo charlamos. Le dije – bueno, ¿qué vamos a hacer, cómo vamos a seguir? Y él me dijo, voy a estar contigo siempre, toda la vida, en las buenas y en las malas, vamos a salir adelante y vamos a ser felices. Creo que era eso lo que necesitaba, una palabra que me diera aliento para seguir adelante. Siento que tuve de parte de mi esposo ese compromiso de vida y la verdad que siempre fue así, él siempre me decía – Dios sabe porqué hace las cosas, si lo puso en nuestra familia es porque sabe que podemos seguir adelante, fuimos elegidos para encarar la situación y poder demostrar nuestra capacidad de resiliencia-”, comentó Beatríz con emoción.

“LA NOTICIA” Y EL PROCESO DE APRENDIZAJE

Sin embargo a Beatríz le llevó un tiempo adaptarse a este nuevo rol de mamá primeriza de una niña con Síndrome de Down.

Recordó su primer embarazo con apenas 21 años, “todo el embarazo fue normal, con un hermoso parto, en dos horas y media y sin ningún tipo de complicación nació Cecilia, lloró al nacer, me acuerdo que fue a las tres de la mañana con un gran frío con tres grados bajo cero, un frío impresionante. Ahí me dijeron que había que llevarla a la incubadora porque se podía enfriar porque hacía mucho frío. A las diez de la mañana no me decían nada, toda la familia estaba tranquila, nadie me comentó nada, mi esposo estaba tranquilo, aunque dicen que hizo crisis. A esa hora el médico pidió para hablar con nosotros y nos dio la noticia, que no fue muy bien encarada, no fue muy bien dada”, comentó.

En un primer momento Beatríz lloró, lloró mucho, recuerda que aparecieron las típicas preguntas “¿por qué a mí?” El miedo a que su frágil matrimonio con apenas un año de casados pudiera quebrantarse. Recuerda un período de depresión en que pasaba encerrada en su casa, había contraído congestión a raíz del frío al momento del parto y eso le dificultó aún más su adaptación al nuevo rol.

“Los primeros días sobre todo estuve un poco depresiva, porque además tuve congestión del frío que pasé en la sala de parto, no podía estar mucho con mi niña, cuando la tenía en mis brazos era con tapabocas, y toda esa circunstancia hizo que me costara más salir. Pero un día hay que reaccionar. Mi marido me dijo -¡no te quiero en chancletas, quiero verte bien, quiero la Beatríz de antes! Y con ese llamado de atención, pude reaccionar, y era cierto, no podía con esa edad quedarme así. Después la llamé a mi mamá y le pedí si ella me podía ayudar que la iba a necesitar, que no podía sola y tuve la contención de toda mi familia, mi madre, mis hermanos y la familia de mi marido”, aseguró.

La llegada de Cecilia, lejos de quebrar a la familia la unió más que nunca, Beatríz encontró el apoyo que necesitaba y al mes y veinte días de vida de la pequeña viajó con su esposo a Montevideo en busca de un especialista que tenía un equipo de intervención temprana. “Ni bien el médico la vio, dijo que por la luz que veía en sus ojos le notaba que era una niña muy perspicaz y muy inteligente, y eso había que explotarlo.  Me explicó cómo el cerebro se va desarrollando, que hay que alimentarlo, que el alimento son los estímulos que hay que desarrollarlos desde los primeros días de vida. Me explicó cómo se hacía, a través de los sentidos, del agua que cae, de los sonidos, de los sabores y aromas de la comida, de muchas maneras, a través de la piel, del tacto. Tenía que hacerme manoplas de diferentes texturas para que sintiera el contraste entre lo suave y lo áspero, hacerle sentir la diferencia entre lo dulce y lo salado, igual con el oído, fue todo un proceso de aprender juntas” explicó.

El amor de madre como convicción primordial

Beatríz tuvo que afrontar nuevos desafíos, tomar la decisión de tener más hijos y aceptar consecuentemente con ello nuevos retos, haciendo un impasse en su trabajo para dedicarse de lleno a su familia.

El segundo embarazo fue buscado, sobre todo porque la llegada de un hermano o hermana a Cecilia le haría mucho bien. “Cuando quedé embarazada de mis otras hijas no quise hacerme el estudio genético para saber si tenía el Síndrome de Down. Yo no tenía miedo, el miedo me lo daba la gente, las presiones del exterior, cuando me decían -¿por qué no te hacés esto o lo otro? ¿Mirá si te pasa de nuevo?- Y eso hizo que los primeros tres meses de embarazo fueran una tortura, porque había que tomar la decisión de si se hacía el estudio genético o no. Mi esposo me dijo -yo por mi no me lo haría pero si vos querés te apoyo-. Entonces yo me pregunté, si me hago un estudio genético y me dicen que es un niño con síndrome de Down, ¿lo abortaría? No, no lo abortaría, porque eso sería tomar mi otro bebé de dieciocho meses y darle una puñalada por la espalda directo al corazón y eso yo no lo deseaba de ninguna manera porque yo la amaba con todo mi corazón. Entonces decidí no realizarme ningún estudio y aceptar lo que Dios me diera”.

Así, nacieron sin ningún tipo de problemas, Rita (a los 18 meses de haber nacido Cecilia) y María Inés (a los cuatro años de nacer Rita).

De sus tres hijas, Beatríz tiene anécdotas y recuerdos muy particulares con cada una de ellas, pero destacó sobre todo la unión entre las tres hermanas. Así, comentó que Cecilia compartió el Jardín con Rita y sus primeros años de liceo con María Inés, algo que marcó de una manera especial etapas muy importantes para las tres hermanas.

Actualmente, Beatríz retornó a su actividad laboral, tiene dos nietos, un varón de 3 años y una niña de 6 años, que han venido a iluminar la familia con sus risas y travesuras, trayendo sosiego a 32 años de matrimonio con un sinfín de desafíos, alegrías y tristezas, como suele dar la vida, sea cuál sea la que nos toque vivir. “Hubo un período de mi vida en que la faceta de madre lo superó todo y no estoy arrepentida porque creo que hay una etapa en la vida de nuestros hijos en que la madre es fundamental y más que nada cuando hay un niño especial que requiere cuidados, gracias a Dios que pude hacerlo”, reflexionó.

Aunando esfuerzos en la Asociación Down de Salto

Beatríz comenzó a incentivar el desarrollo de la Asociación Down de Salto, y junto a un grupo de padres, familiares e integrantes de la sociedad en general, se conformó una asociación que lucha por la inclusión social y la mejora de la calidad de vida de las personas con Síndrome de Down.

“Cuando nació mi hija, el tema de la discapacidad y del síndrome de Down era un tabú, había un desconocimiento total, era algo de lo que no se hablaba, no sé si por la vergüenza, por el esconder o qué. Como yo había dejado de trabajar, pude dedicarle todo mi tiempo a Cecilia, informarme, porque en esa época no había internet y pude consultar con médicos, me hice suscriptora de un semanario que se llamaba La Voz y hablaba todo sobre discapacidad, y ahí me iba poniendo al tanto de los adelantos en otras partes del mundo. Así, me informé que en la década del 70 nacieron en otras partes del mundo los primeros movimientos asociativos sobre este tema y se veían logros muy importantes. Entonces yo me pregunté, si eso se puede hacer en otros lugares ¿por qué no lo podemos hacer aquí? Fue así que pasó el tiempo, empezamos a trabajar y formamos la Asociación Down de Salto”.

El 31 de octubre de 1995, en el Ateneo de Salto, se realizó una charla con especialistas en el tema, donde se brindó información y se dieron pautas sobre cómo trabajar con los niños con Síndrome de Down. De allí un grupo de padres decidió unirse para trabajar por ese tema y la primera reunión para conformar una comisión se llevó a cabo en el local de AEBU (Asociación de Empleados Bancarios del Uruguay), oportunidad en que concurrieron maestros, padres y familiares de niños son Síndrome de Down, médicos, y demás personas de la sociedad para aunar esfuerzos bajo la misma causa. Sin embargo la personería jurídica recién la obtuvieron en el año 1997. “Nos costó muchísimo hacerlo, en aquel momento era todo muy difícil, y de esa comisión hay muchos padres que continúan hoy en día, algunos se han ido y han vuelto y otros son más constantes. Pero hay un grupo que está, apoya y trabaja mucho”, dijo Beatríz.

Actualmente la asociación tiene su sede en el local de la Oficina de la Juventud de la Intendencia de Salto, en calle Brasil 1275. “Nos cedieron un espacio para estar allí que hoy nos está quedando chico porque los talleres que se dictan allí van muy bien. De la exposición del taller de pintura que se hizo el año pasado no quedó ningún cuadro. Eso es fundamental, que sean reconocidos por lo que pueden hacer, porque eso estimula su autoestima. Pero además queremos que les permita relacionarse con otros grupos del arte como por ejemplo las Bienales, a los que no estamos integrados y demostrar que se puede. Que la gente vea que hay que darles oportunidades para que puedan seguir integrándose y dando todo lo que tienen para dar que es mucho”, concluyó Beatríz.