El ascensorista del Palacio de Oficinas Públicas

Es probable  que sea el único ascensorista que cumpla tareas en Salto. En un edificio público seguro. Llama la atención para quien va a realizar un trámite en la oficina de la Corte Electoral o en alguno de los juzgados del Poder Judicial ubicados en el Palacio de Oficinas Públicas, encontrarse con una persona que, apostado en el viejo ascensor, le pregunta a qué piso va. José Gutiérrez cumple hoy su último día de trabajo, ya que se jubila. A los 68 años de edad, ha viajado miles de kilómetros subiendo y bajando a una innumerable cantidad de personas en un habitáculo de no más de 3 metros cuadrados. Jovial, hincha de Defensor, nacido en un pueblo del interior del departamento de Soriano, dice haber recalado en nuestra ciudad por el furor de trabajar en Salto Grande (en 1975). En la obra del complejo hidroeléctrico fue cocinero, tarea que también realizaba su padre en varios establecimientos rurales. Fue mozo, barman y dice haber trabajado en barcos pesqueros por varios años en el sur del país.
SORIANENSE
Nació en José Enrique Rodó (departamento de Soriano) el 26 de octubre de 1943. Vivió “en campaña. Me crié en Pueblo Risso (a unos 15 kilómetros de Rodó)”. Su padre era cocinero de campaña y su madre ama de casa. “Alcancé a conocer a 14 de mis hermanos. Nos criamos juntos pero de a poco nos fuimos yendo de casa. Algunos con los abuelos, otros con los tíos abuelos e incluso con algún vecino que nos criaron”. Empezó a trabajar más o menos a los 8 años y fue a la Escuela en Risso: “me costaba mucho aprender”. Trabajó un tiempo en la Estancia San Enrique y a los 18 años se fue a Montevideo, donde vivió con algunos parientes. Trabajó de barman en varios bares, la mayoría de gallegos. “Quizá por eso algunos me han puesto de apodo Gallego”.
Se va luego a trabajar a La Paloma, en Rocha, con un cuñado. Allí lo hizo en algunas embarcaciones pesqueras por unos dos años. Dice haber pescado desde tiburones hasta bacalao. En Punta del Este trabajó de mozo en varios restaurantes, donde incluso atendió a grandes personalidades, fundamentalmente políticos.
COCINERO EN
SALTO GRANDE
Retornó a Mercedes, trabajó en el club Praga  y “se vino por el furor del trabajo en la Represa de Salto. Fue así que decidí venirme a Salto en 1975. Fue tomado a prueba por unos días hasta que finalmente quedó trabajando de “medio oficial cocinero”. Recordó la enorme cantidad de comida que elaboraban y que los trabajadores comían en tandas. En 1980 estuvo en el seguro de paro y luego comenzó a trabajar con una empresa constructora. Finalmente volvió a irse a Montevideo, en donde ingresó a la división Arquitectura del Ministerio de Transporte y Obras Públicas en 1987.
Trabajó en varias obras en Salto antes de llegar a cumplir tareas como ascensorista del Palacio de Oficinas Públicas (en Artigas y 33). Recordó la estación de la Facultad de Agronomía (en San Antonio) y Vialidad (en avenida Amorim y Ferreira Artigas).
HASTA 800 VIAJES DIARIOS
Finalmente llegó a su tarea actual como ascensorista, en un lugar donde había trabajado antes un señor de apellido Albín, que se jubiló. Pasó un tiempo el edificio sin ascensorista hasta que entró Gutiérrez, en 1993. “Agarré viaje y entré en un tiempo de feria judicial donde había pocos viajes”. Hace casi 20 años que trabaja en el lugar en el cual lo visitamos semanas atrás. Llegó a realizar “157 viajes en una hora”. Entre las 13 y las 15 horas “es un horario clave. Un día llegué a realizar unos 800 viajes” nos menciona.
TODA UNA VIDA
Durante los 20 minutos que dialogamos con Gutiérrez en el mismísimo ascensor en el que pasó más del cuarto tiempo de su vida, apreciamos un público variado: abogados, funcionarios judiciales, rematadores, defensores de oficio, trabajadores, incluso una pareja joven con un bebé en brazos. La mayoría se dirige con cordialidad a “José”, el que suele presentarse con el clásico “Buenas tardes, adelante”.En el ascensor, que tiene unos 3 metros cuadrados, luce la leyenda: “hasta 10 pasajeros con 860 kilos”. Gutiérrez recordó que llegó al edificio luego de un juicio que se entabló a raíz de un accidente que ocurrió y en el que se rompió una de las dos rejas que sirven de puertas del ascensor. Esas puertas que cada vez que se utiliza el propio Gutiérrez abre y cierra, desde un pequeño taburete, ubicado bien cerca de los botones que indican los 3 pisos del edificio. Confiesa que hay “pocos ascensoristas en Salto” y que es el único en un edificio público con más de 500 viajes diarios.
EL INFORMANTE
El Palacio de Oficinas Públicas, ubicado en calle Artigas y Treinta y Tres, reúne varias oficinas públicas: Correo, cinco Juzgados del Poder Judicial, Ministerio de Transporte y Obras Públicas, Defensoría de Oficio, Catastro, Corte Electoral, Dirección General Impositiva, Dirección Nacional de Catastro. Además de operar el ascensor, se encarga de “barrer, sacar la basura, cierro las puertas y portones. Gutiérrez es en parte un “informante” ya que muchas de las personas que llegan al edificio no saben la ubicación de las distintas oficinas y es consultado con frecuencia. “En algunas ocasiones en que me preguntan por determinado abogado (mencionó el apellido de un conocido profesional local) y hasta me han consultado por el valor de algún bien rematado”.
ANÉCDOTAS
El ascensor tuvo una época que no llevaba gente hasta el tercer piso, solo llegaba hasta el piso 2 y solo trasportaba a dos o tres personas. En ese tiempo incluso eran muchos los que utilizaban las escaleras. Se fue mejorando el mismo, con un mantenimiento que ahora hace la empresa OTIS. Recordó un momento en el que se rompió la puerta, y durante varios días trabajó así.
Recordó otra época en que le daban propina: “antes me daban mucho más que ahora. Hoy desapareció: antes me regalaban cajas de bombones. Hasta el más pobre me daba alguna moneda o golosina”.
HINCHA DE DEFENSOR
A los 7 años me hice hincha del club Defensor, a pesar de que en Soriano no hay un equipo con ese nombre. Recordó alguna oncena histórica de dicho club en la década del ‘50: “Radicci; Esteban Álvarez y Climaco Rodríguez; De Souza, Malinowski y Miramontes; Willy Píriz, Rosas Riolfo, Hernández, Sasía y “el oreja” Ferrés. El tema de su fidelidad deportiva es uno de los temas más recurrentes en los diálogos diarios de quienes utilizan el servicio. Se casó con Gloria, a la que conoció en 1977. Tiene un hijo, Gervasio, que es policía y un nieto, Fernando, de tres años, que “es una luz como aprende cosas nuevas todos los días”. Hasta hace algunos años corría en maratón, tanto en Salto como en Mercedes.
A PARTIR DE MAÑANA
Como dijimos al comienzo de esta sección semanal, hoy es su último día de trabajo, porque se acogerá a los beneficios que le brindará la Seguridad Social. Podríamos animarnos a decir que algo faltará en el Palacio de Oficinas Públicas: don José Beltrán Gutiérrez Faa habrá hecho su último viaje, para comenzar a regocijarse con un nuevo tiempo que no le impedirá recordar y repasar el sinfín de historias y anécdotas, gestadas desde aquel pequeño pueblo que lo vio nacer y que lo trajo y lo convirtió en “el ascensorista del Palacio de Oficinas Públicas”.

Es probable  que sea el único ascensorista que cumpla tareas en Salto. En un edificio público seguro. Llama la atención para quien va a realizar un trámite en la oficina de la Corte Electoral o en alguno10 4 12 014 de los juzgados del Poder Judicial ubicados en el Palacio de Oficinas Públicas, encontrarse con una persona que, apostado en el viejo ascensor, le pregunta a qué piso va. José Gutiérrez cumple hoy su último día de trabajo, ya que se jubila. A los 68 años de edad, ha viajado miles de kilómetros subiendo y bajando a una innumerable cantidad de personas en un habitáculo de no más de 3 metros cuadrados. Jovial, hincha de Defensor, nacido en un pueblo del interior del departamento de Soriano, dice haber recalado en nuestra ciudad por el furor de trabajar en Salto Grande (en 1975). En la obra del complejo hidroeléctrico fue cocinero, tarea que también realizaba su padre en varios establecimientos rurales. Fue mozo, barman y dice haber trabajado en barcos pesqueros por varios años en el sur del país.

SORIANENSE

Nació en José Enrique Rodó (departamento de Soriano) el 26 de octubre de 1943. Vivió “en campaña. Me crié en Pueblo Risso (a unos 15 kilómetros de Rodó)”. Su padre era cocinero de campaña y su madre ama de casa. “Alcancé a conocer a 14 de mis hermanos. Nos criamos juntos pero de a poco nos fuimos yendo de casa. Algunos con los abuelos, otros con los tíos abuelos e incluso con algún vecino que nos criaron”. Empezó a trabajar más o menos a los 8 años y fue a la Escuela en Risso: “me costaba mucho aprender”. Trabajó un tiempo en la Estancia San Enrique y a los 18 años se fue a Montevideo, donde vivió con algunos parientes. Trabajó de barman en varios bares, la mayoría de gallegos. “Quizá por eso algunos me han puesto de apodo Gallego”.

Se va luego a trabajar a La Paloma, en Rocha, con un cuñado. Allí lo hizo en algunas embarcaciones pesqueras por unos dos años. Dice haber pescado desde tiburones hasta bacalao. En Punta del Este trabajó de mozo en varios restaurantes, donde incluso atendió a grandes personalidades, fundamentalmente políticos.

COCINERO EN SALTO GRANDE

Retornó a Mercedes, trabajó en el club Praga  y “se vino por el furor del trabajo en la Represa de Salto. Fue así que decidí venirme a Salto en 1975. Fue tomado a prueba por unos días hasta que finalmente quedó trabajando de “medio oficial cocinero”. Recordó la enorme cantidad de comida que elaboraban y que los trabajadores comían en tandas. En 1980 estuvo en el seguro de paro y luego comenzó a trabajar con una empresa constructora. Finalmente volvió a irse a Montevideo, en donde ingresó a la división Arquitectura del Ministerio de Transporte y Obras Públicas en 1987.

Trabajó en varias obras en Salto antes de llegar a cumplir tareas como ascensorista del Palacio de Oficinas Públicas (en Artigas y 33). Recordó la estación de la Facultad de Agronomía (en San Antonio) y Vialidad (en avenida Amorim y Ferreira Artigas).

HASTA 800 VIAJES DIARIOS

Finalmente llegó a su tarea actual como ascensorista, en un lugar donde había trabajado antes un señor de apellido Albín, que se jubiló. Pasó un tiempo el edificio sin ascensorista hasta que entró Gutiérrez, en 1993. “Agarré viaje y entré en un tiempo de feria judicial donde había pocos viajes”. Hace casi 20 años que trabaja en el lugar en el cual lo visitamos semanas atrás. Llegó a realizar “157 viajes en una hora”. Entre las 13 y las 15 horas “es un horario clave. Un día llegué a realizar unos 800 viajes” nos menciona.

TODA UNA VIDA

10 4 12 008Durante los 20 minutos que dialogamos con Gutiérrez en el mismísimo ascensor en el que pasó más del cuarto tiempo de su vida, apreciamos un público variado: abogados, funcionarios judiciales, rematadores, defensores de oficio, trabajadores, incluso una pareja joven con un bebé en brazos. La mayoría se dirige con cordialidad a “José”, el que suele presentarse con el clásico “Buenas tardes, adelante”.En el ascensor, que tiene unos 3 metros cuadrados, luce la leyenda: “hasta 10 pasajeros con 860 kilos”. Gutiérrez recordó que llegó al edificio luego de un juicio que se entabló a raíz de un accidente que ocurrió y en el que se rompió una de las dos rejas que sirven de puertas del ascensor. Esas puertas que cada vez que se utiliza el propio Gutiérrez abre y cierra, desde un pequeño taburete, ubicado bien cerca de los botones que indican los 3 pisos del edificio. Confiesa que hay “pocos ascensoristas en Salto” y que es el único en un edificio público con más de 500 viajes diarios.

EL INFORMANTE

El Palacio de Oficinas Públicas, ubicado en calle Artigas y Treinta y Tres, reúne varias oficinas públicas: Correo, cinco Juzgados del Poder Judicial, Ministerio de Transporte y Obras Públicas, Defensoría de Oficio, Catastro, Corte Electoral, Dirección General Impositiva, Dirección Nacional de Catastro. Además de operar el ascensor, se encarga de “barrer, sacar la basura, cierro las puertas y portones. Gutiérrez es en parte un “informante” ya que muchas de las personas que llegan al edificio no saben la ubicación de las distintas oficinas y es consultado con frecuencia. “En algunas ocasiones en que me preguntan por determinado abogado (mencionó el apellido de un conocido profesional local) y hasta me han consultado por el valor de algún bien rematado”.

ANÉCDOTAS

El ascensor tuvo una época que no llevaba gente hasta el tercer piso, solo llegaba hasta el piso 2 y solo trasportaba a dos o tres personas. En ese tiempo incluso eran muchos los que utilizaban las escaleras. Se fue mejorando el mismo, con un mantenimiento que ahora hace la empresa OTIS. Recordó un momento en el que se rompió la puerta, y durante varios días trabajó así.

Recordó otra época en que le daban propina: “antes me daban mucho más que ahora. Hoy desapareció: antes me regalaban cajas de bombones. Hasta el más pobre me daba alguna moneda o golosina”.

HINCHA DE DEFENSOR

A los 7 años me hice hincha del club Defensor, a pesar de que en Soriano no hay un equipo con ese nombre. Recordó alguna oncena histórica de dicho club en la década del ‘50: “Radicci; Esteban Álvarez y Climaco Rodríguez; De Souza, Malinowski y Miramontes; Willy Píriz, Rosas Riolfo, Hernández, Sasía y “el oreja” Ferrés. El tema de su fidelidad deportiva es uno de los temas más recurrentes en los diálogos diarios de quienes utilizan el servicio. Se casó con Gloria, a la que conoció en 1977. Tiene un hijo, Gervasio, que es policía y un nieto, Fernando, de tres años, que “es una luz como aprende cosas nuevas todos los días”. Hasta hace algunos años corría en maratón, tanto en Salto como en Mercedes.

A PARTIR DE MAÑANA

Como dijimos al comienzo de esta sección semanal, hoy es su último día de trabajo, porque se acogerá a los beneficios que le brindará la Seguridad Social. Podríamos animarnos a decir que algo faltará en el Palacio de Oficinas Públicas: don José Beltrán Gutiérrez Faa habrá hecho su último viaje, para comenzar a regocijarse con un nuevo tiempo que no le impedirá recordar y repasar el sinfín de historias y anécdotas, gestadas desde aquel pequeño pueblo que lo vio nacer y que lo trajo y lo convirtió en “el ascensorista del Palacio de Oficinas Públicas”.

Hoy por:  Wenceslao Landarín







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