El cumpleaños 101 de Corina Gracés Rodríguez

El cumpleaños 101 de  Corina Gracés Rodríguez
Corina Gracés Rodríguez, nació un 19
de enero de 1912 (aunque en sus
documentos figure el año 1913),  es
madre de 9 hijos, abuela y bisabuela y vive sola en un ranchito del barrio
Cien Manzanas “solita y con Dios”
como ella misma repite frecuentemente.
Goza de una muy buena salud y “anda por todos lados” con un ánimo para
vivir por demás admirable, algo que
nos motivó a escribir sobre Corina
en esta sección de AL DORSO.

Corina Gracés Rodríguez, nació un 19 de enero de 1912 (aunque en sus documentos figure el año 1913),  es madre de 9 hijos, abuela y bisabuela y vive sola en un ranchito del barrio Cien Manzanas “solita y con Dios” como ella misma repite frecuentemente.

Goza de una muy buena salud y “anda por todos lados” con un ánimo para vivir por demás admirable, algo que nos motivó a escribir sobre Corina en esta sección de AL DORSO.

Cuando se piensa en una persona que cumple 100 años, uno puede imaginar que se encontrará con alguien muy longevo, que peina canas o ya ni eso, con muchas estrías y marcas en su rostro y su cuerpo como solo la vida le ha sabido dejar, que tal vez apenas pueda hablar o caminar, o no tenga la suficiente lucidez como para entablar una conversación fluida; y es que cien años es todo un siglo y si uno lo piensa así, hasta parece “mucho vivir…”

Pero encontrarse con alguien que cumple 100 años, poder charlar gratamente y volver luego a nuestras actividades rutinarias con la sensación de haberse recargado de energía, de fe y de ganas de vivir, no creo que esté dentro de las expectativas al conocer a una persona centenaria.

Y esto fue precisamente lo que sucedió al visitar a Corina Gracés Rodríguez el día de su cumpleaños número 101, en la tardecita del pasado 19 de enero, en la casa de su hijo Escolasio Bogado, donde sus familiares se reunieron para celebrar la plena juventud de su vida centenaria.

Ya se había coordinado previamente la entrevista con Corina, por lo cual apenas se adentra por el patio de la casa y  se aproxima uno al portal, se deja entrever una señora bajita, delgada y canosa, que sin muchos meandros para caminar se acerca y ni bien uno termina de presentarse, exalta “ah, la muchacha del diario…” e inmediatamente nos invita a acomodarnos bajo el resguardo de la sombra del patio del frente de la vivienda, previamente dispuesto con dos sillas plegables y almohadones, espacio acogedor que sería el escenario de este viaje por la historia de sus 100 años.

Con alguna pequeña dificultad para escuchar (lo que hace necesario hablar “un poco más fuerte” que lo habitual), comenzó la conversación con Corina hablando de sus hijos y sus nietos, lo que inmediatamente hace notar la importancia que tiene en su vida su familia y su gran fe en Dios, sobre todo cuando cuenta con gran convicción su mayor deseo “yo lo único que pido a Dios es que me deje criar a todos mis hijos y mis nietos, con mucha fé en Dios y poder de Dios”.

Este deseo se explica en la numerosa familia que ha sabido formar Corina, con nueve  hijos, muchos nietos y biznietos “¡uy, nietos tengo muchos yo, y biznietos también, son muchos, ni cuenta ya tengo de cuantos son, pero están todos desparramados, unos viven en Montevideo tienen su casa allá y sus cosas” comentó, y por unos minutos dejó notar con su mirada y su voz la nostalgia que siente por no estar con sus hijos que viven lejos, “antes yo iba a Montevideo, pero ahora ya no puedo ir” dijo, dejando soltar un largo suspiro, pero inmediatamente volvió a su cuerpo el espíritu aventurero y enérgico que la aviva exclamando “¡Pero yo me animo, tengo ganas! ¡Con poder de Dios nomás y con coraje yo voy!”

De esta manera Corina muestra que sigue con muchas ganas de vivir y de concretar proyectos, pero se hace necesario retrotraerla por un ratito a su pasado para conocer su historia, y así cuenta que nació en Mataojo Grande y que de sus siete hermanos “no queda ni uno más”, que allí se casó con Juan Bogado, el padre de sus nueve hijos, siendo muy joven, con apenas 16 años, y que trabajó como cocinera para las estancias vecinas, hasta que al momento de jubilarse se vino a vivir a Salto.

Sobre su vida en Mataojo Corina recordó “viví toda mi vida allá, me casé allá y todo, tenía casa allá, tenía campo, todo, pero después todo se terminó, y dejando hacer una pausa, agregó “yo tuve una vida esclavizada, porque vivía todo el día trabajando, vivía en la cocina, trabajando en las estancias, me jubilé de cocinera y doméstica, tenía cuarenta años de trabajo. Yo vine acá cuando empezó mi jubilación, hace cuarenta años que estoy en Salto”.

Pero al querer averiguar un poco más sobre su juventud, Corina escabulló rápidamente las preguntas diciendo “me casé con Juan Bogado, con 16 años, él ya era un hombre de edad, el trabajaba, así, andaba, pero hace años que falleció el pobre, ya no me acuerdo bien, fue hace mucho; pero esas son cosas de nosotros, no hay que explicar mucho, fue una linda época”.

En ese momento la conversación se detiene y llegan a la casa algunos familiares (una sobrina con su hija) para saludarla por su cumpleaños, Corina los reconoce de lejos y se levanta de la silla para recibirlos, “ah, vinieron, pasen, pasen” les dice con énfasis, haciendo el gesto de que entren a la casa y se vuelve a sentar para proseguir la conversación.

Continuamos hablando de su vida actual y así relató lo que hace durante la jornada “¿madrugar? No, ¿para qué?” dijo entre risas, “¡ya madrugué bastante! Me levanto como a las ocho o las nueve y me acuesto como a las diez o las once de la noche, porque hace mucho calor. ¡Pa’ que me voy a acostar temprano!” exclamó.

Es entonces que se suma su sobrina María a la conversación y comenta “ella es una persona muy enérgica, dinámica para todo, vive en un ranchito con piso de tierra y hace todas las cosas de la casa sola, cocina, hace los mandados y se queda sola de noche”, a lo que Corina agrega “yo ando con todo, allá en mi casa yo hago todo, cocinar y todo, nadie me hace nada, mi hijo me trae para acá para su casa unos días y no me deja hacer nada, me da la comida, el mate, me da todo y me dice – ¡No mamá, vaya a sentarse!; pero yo en mi casa vivo solita y con Dios, solita y Dios” resaltó.

María le pide a Corina que cuente como hace para dejar las sábanas de su casa tan blancas, a lo que ella responde “ah, yo hago todo, saco todo, doy vuelta mis colchones y dejo todo limpito, dejo en jabón en polvo al sol y queda todo limpio”; – “¿y el dulce de zapallo?” agrega María, “¡contale de los dulces que haces!”, para lo cual Corina con un movimiento de manos comienza  a explicar como si estuviera cocinando, “yo hago en el fuego, porque tengo la garrafa, pero hago en el fuego, en la estufa y pongo la olla ahí y hago dulce. De todo hago, dulce de zapallo, de boniato” y exclama con agrado “ah me gusta cocinar”.

Entre otras tantas cosas que le gusta hacer a Corina, una de sus preferencias es salir de paseo “cuando puedo salir salgo, a mi me gusta salir, por las termas, andar por ahí, hay que salir, hay que caminar” y agrega una frase que ya se venia transformando en su leit motiv en reiteradas oportunidades “¡Teniendo a mis hijos y Dios, ya  está!”

Sobre el estado de salud de Corina, María comentó “se encuentra muy bien y no tiene ninguna dificultad, hace un tiempo se cayó y se dio un golpe y fue al médico por eso, pero en lo demás está bien”, a lo que Corina, muy atenta a la conversación agrega “yo ahora lo que me jodí es un poco la vista, porque me caí y me había lastimado, pero nada, no tengo ni una nana más”.

Con todo lo descubierto a través de la energía y el ánimo que a sus 101 años derrocha y contagia Corina,  se volvía inevitable al finalizar la entrevista, preguntarle como hace para estar tan bien, algo que provoca admiración en quien la conoce. “¡Todos se admiran con la edad que tengo que haga las cosas que hago!” dijo Corina, e inmediatamente le pregunté -¿cuál es el secreto?,  a lo que Corina respondió con mucha convicción “el secreto es Dios, hay que tener fe en Dios”.