Elbia Rodríguez, vecina de La Tablada y… Una lección de entereza frente a la vida

al dorsoPara quienes a diario nos quejamos “del calor que hace”, del sol, de que “tengo que ir caminando”… y de otras minucias que la vida nos plantea, nos hará bien conocer la vida de Elbia Rodríguez, que aquí contamos.. Tiene 48 años; hace 24 que se casó, tiene siete hijos de los cuales cuatro todavía viven con ella y debe dializarse cuatro veces al día, porque pocos años atrás le confirmaron que sus riñones nunca se desarrollaron. Este sí que es un problema  mayor, sin embargo Elbia lo enfrenta con muchísima entereza y sus quejas no trascienden de lo normal por las cosas que no puede hacer… Su ejemplo casi nos hace sonrojar porque nuestras quejas habituales…

“Nunca me funcionaron los riñones –cuenta- pero no lo sabía, a pesar de haber tenido siete hijos”.

 Vive en La Tablada. Cuando tenía 42 años empezó a tener problemas con la presión arterial: a menudo le subía y era difícil de bajar. Un día sintió falta de aire y fue a la emergencia del hospital. La internaron, pues la presión estaba muy alta, le hicieron exámenes clínicos y un centellograma. Al ver los exámenes dijeron que tenía anemia, pero en el centellograma no vieron nada; así que a los 14 días le dieron de alta. A esta altura estaba medicada con Enalapril, que no fue muy efectivo, pues al poco tiempo cayó internada otra vez con 18 de presión y anemia, producida por la falta de funcionamiento de los riñones.

uando los médicos miraron sus exámenes anteriores, le dijeron que sus riñones no se habían desarrollado y  no funcionaban. Esta vez estuvo internada 17 días, tras los cuales el Dr. Altuna indicó que era necesario la diálisis. “Mi primer reacción fue de rechazo total, pues conocía algunas personas que se hacían diálisis”.

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La modesta vivienda donde vive Elbia y sus hijos más chicos.

LA PROPUESTA DEL MÉDICO

El doctor volvió a la tardecita con una alternativa: podía hacerse la diálisis en su casa, si se comprometía a cumplir con todos los requisitos necesarios para ello. Este tipo de procedimiento recibe el nombre de diálisis peritoneal.

La diálisis peritoneal (DP) utiliza una membrana natural -el peritoneo- como filtro. El fluido de diálisis se introduce en la cavidad peritoneal a través de un pequeño tubo flexible que previamente se implantó en el abdomen de forma permanente, en una intervención quirúrgica menor. Parte de este tubo, o catéter, permanece fuera del abdomen. De esta forma puede conectarse a las bolsas de solución de diálisis. El catéter queda oculto bajo la ropa. Mientras el líquido está en la cavidad peritoneal, se produce la diálisis: el exceso de líquidos y los productos de desecho pasan desde la sangre, a través de la membrana peritoneal, al fluido de diálisis. La solución se cambia periódicamente y a este proceso se le llama «intercambio».

“Tuve que ir a Montevideo, donde dos nurses me enseñaron qué debía hacer, cómo y cuándo. Hago cuatro recambios diarios: a las 8, a las 13, a las 19 y a las 22. En cada recambio debo hacer dos lavados de mano. No puedo usar guantes. El piso de la pieza donde me realizo la diálisis debe ser lavado totalmente con hipoclorito antes de comenzar, y todas las superficies desinfectadas con alcohol rectificado. Yo también debo bañarme, y desinfectarme con alcohol. No puede haber corrientes de aire cuando realizo esta tarea porque algún microbio puede penetrar en el catéter y producir una infección. Tampoco puedo tocar con mis manos el orificio del catéter. El procedimiento es indoloro”.

“QUERÍA SALIR ADELANTE”

 “La primera vez que vi llegar el camión con la medicación sentí un bajón anímico muy grande. “No puede ser”, pensaba. Pero sabía que debía hacerlo si quería salir adelante, por mí y por mi familia”.

Toda la familia de Elbia sabe realizar la diálisis, pues, si en algún momento ella no pudiera hacérsela, tiene que haber alguien que la realice. De lo contrario, sería perjudicial para su salud. Pudimos observar muchas cajas de medicamentos en la casa, por lo que preguntamos quién le proporciona la medicación necesaria para el tratamiento.

“El Fondo Nacional de Recursos me proporciona todo el material, pero el hipoclorito, el alcohol blanco y el alcohol en gel corren por mi cuenta. Es un gran presupuesto”.

“EXTRAÑO MIS PESITOS”

Elbia trabajaba como empleada doméstica pero ya no puede hacerlo. “Extraño mis pesitos”, nos dijo. “Tengo que llevar una dieta especial porque permanentemente tengo anemia: la leche y la carne son medidas, sí puedo comer carne blanca. El hígado y el pescado no, porque me aumentan el nivel de fósforo. Debo usar aceite de oliva”. La mayoría de las cosas que tiene que comer son caras. Por eso y porque no puede trabajar, la nurse le hizo todos los papeles con todo lo necesario para la higiene y la alimentación, y la doctora la firmó. Elbia concurrió con toda la documentación al BPS. “Pero no me dieron la pensión pues el sueldo nominal de mi esposo supera lo que exige BPS”.

¿Dónde trabaja tu esposo?

Trabaja en CALSAL, pero solo contamos con ese ingreso. Pedí que mandaran una Asistente Social a casa pero nunca vino. Si bien el FNR me proporciona la medicación y el Hospital me da el pasaje cada vez que tengo que ir a Montevideo, los otros gastos se cubren todos con el sueldo de mi esposo, sean los normales de la casa,  traslados dentro de Montevideo, los elementos para mi higiene, la alimentación que necesito, los gastos de mis hijos -tres de ellos, en el liceo-. Tampoco quisieron darme canasta”.

A esta altura de la conversación, preguntamos por un posible transplante. “Tengo que volver a hacer todos los papeles en el Hospital de Clínicas porque parece que se perdieron, entonces la doctora dijo que era mejor hacer los análisis nuevamente.  Además, puede aparecer algún donante, pero si no es compatible, no sirve”.

¿Tu esposo no puede ser tu donante?

Él quería, pero el médico dijo que no era aconsejable, porque había que cortarle la costilla y tendría más o menos un mes de recuperación. Además él hace trabajos pesados y tendría que cuidarse. En cambio a mí, la recuperación me llevaría 15 días. Mi hijo mayor también quiso hacerse los análisis de compatibilidad pero el médico dijo que no era conveniente, que se podía esperar un poco más. También mi hermano me ofreció un riñón, pero realiza tareas pesadas, por lo cual le agradecí pero no quise”.

SUS HIJOS SU FUTURO

Elbia habló de sus hijos. Hace seis años, el menor tenía tres añitos. Quedó a cargo de sus hermanas mientras ella iba a Montevideo a recibir entrenamiento para dializarse personalmente. “Fue el que más sufrió”, dice Elbia. “Él tenía solo tres años y era muy apegado a mí. Las hermanas tuvieron que hacerse cargo de su atención. Pasado mucho tiempo, un día me contaron que el niño lloraba y no quería comer”. Me dio mucha tristeza, pero por ellos mismos tenía que hacerlo.

“Existe también una máquina a la que uno se conecta por la noche durante siete u ocho horas, y después puede andar durante el día sin necesidad de hacer recambio. Pero a mí me da miedo dormir toda la noche conectada a un aparato”, manifestó. “Sé que con el tiempo la diálisis peritoneal va siendo menos efectiva, por lo que espero en algún momento tener la posibilidad de un transplante”.

Mujer delgada y de apariencia frágil, sencilla y humilde, pero con una fortaleza interior que muchos quisiéramos tener ante una situación como la suya. Que pronto pueda decir “Me hice el transplante”, y “Cuando yo me tenía que dializar”. Son nuestros mejores deseos.

Hoy por:  María Noel Simoes