Fotógrafo y apasionado de la fotografía

Omar Balderrin

al dorsoMás que fotógrafo apasionado de la fotografía, considera que es importante el registro testimonial, pero también es importante el mensaje y el saber expresarse a través de la fotografía. Se formó por su propio esfuerzo e inquietud, lo que significó un  gran esfuerzo, para alguien que no cursó más allá de la Escuela Primaria.

Omar Balderrín 63 años

¿Fotógrafo de toda la vida?

De manera medio accidental arranqué a trabajar como fotógrafo el 4 de julio de 1968, ocasión en la que hizo el primer trabajo comercial en un casamiento. Antes había hecho algunas fotografías sueltas y había entrado al laboratorio. “Arrancamos juntos con (Armando) Aguirre. En esa época trabajaba en EL PUEBLO: “ayudaba a los tipógrafos”.

- ¿El único oficio que ha tenido?

Había estudiado “en la Industrial y había sido electricista que estuve a cargo de la planta de La Caballada cuando era pibe (tenía 18 años recién cumplidos)”. Relató que en aquel tiempo fue el primer inscripto para el curso de electricidad, y que se pagaban los salarios mínimos. Recordó que incluso “un día trabajó 36 horas de corrido en La Caballada, en un trabajo que era muy sacrificado y no rendía económicamente”.

“Agarré una cámara, me entusiasmé y enseguida me dediqué”. En aquel tiempo no había cursos de fotografía, “todo era bajo el método error y ensayo”. Fue todo un esfuerzo “comprar la primer maquinita, que técnicamente eran muy atrasadas para aquella época”. En los comienzos se trabajaba solo blanco y negro.

- El acercamiento a la fotografía

Reconoce que se acercó a José María Díaz (el “Chino” Díaz) y Darío Ferreira, ambos fotógrafos de EL PUEBLO y empezó a practicar. Hizo un laboratorio en el fondo de la casa de su madre, medio rudimentario. En ese tiempo “le hacía fotografías para unos cuantos fotógrafos que trabajaban en barrios de Salto, y hacían sociales y fotos de niños principalmente”.

Primero se acercó Vicente Ruétalo que estuvo muy poco tiempo. Era muy capaz, con una buena formación conceptual de la imagen, cosa que “yo no tenía, porque no tuve oportunidad de formación”. Después apareció Arreguin y otros más.

La fotografía como forma de expresión

Fui equipándome y sobre los “´80 tuve una sociedad que me dejó como había empezado o peor”. Y ahí empecé otra vez, con varias rodadas en el camino. Siempre me interesó la fotografía como medio de vida “pero sobre todo como forma de expresión, a pesar de no tener la formación necesaria para encararlo, porque son dos ópticas que las ves hoy en día en nuestro mercado”. Pero las opciones y prioridades que uno va tomando va atado a su forma de vida.

La foto en blanco y negro es inigualable

Nunca manejé lo mediático “que hoy en día es lo que funciona y es lo que hace triunfar en todas las profesiones. Es muy importante lo publicitario”.

Considera que la foto blanco y negro “tiene mucho más poder expresivo, y plásticamente tiene más posibilidades. Quizá porque no se ata estrictamente a la realidad. Si vos te atás al color y a la forma estricta no aportás mucho. Simplemente estás mostrando lo que es”. Tiene su encanto “y lo seguirá teniendo siempre, porque tiene un poder de seducción importante”.

La experiencia del Foto Club

Hubo una época en que con otras personas llevamos a la práctica la idea de tener un Foto Club: un grupo de personas inquietas por la fotografía con o sin experiencia que nos juntábamos en la vieja casa de la Cultura, en donde es el liceo 5 en la actualidad. 

No me gusta utilizar el término arte y menos aplicarlo para mi trabajo jamás. Admite que se ha manoseado mucho en todos los terrenos de la plástica, y de la estética en general. Si creo que “aún en las fotografías sociales tenés la posibilidad de intentar mostrar con la imagen el clima del momento. Por eso en una fotografía de una boda, más importante que acercarte y mostrar el rostro de los novios, es mostrar el entorno y el clima que había. Y eso no es lo que la mayoría de nuestros fotógrafos hace.

Yo no creo que esté creando nada, simplemente estoy tratando de aplicar alguna habilidad para que se vea eso en la imagen después. Si se logra se tiene fuerza. El gesto es muy importante, como lo es el entorno.

Me costó adaptarme al color…

Muchas veces me dicen que saqué algunas fotos de muy lejos, pero yo les indico que procuré mostrar las arcadas del edificio de atrás, y el juego de luces y sombras que hay en el fondo y todo el lugar donde estaban. Pero lamentablemente no siempre el cliente quiere eso”.

Me costó adaptarme al color como sucede con “todos los fotógrafos viejos. Lo veíamos como algo sin expresividad, que decía poco. Pero la adaptación a lo digital fue más difícil porque es totalmente diferente. Por suerte “lo agarré de la cola al tren y lo básico lo aprendí”.

El ingreso de la fotografía digital

Con el boom de la fotografía digital entiende Balderrín que “ha bajado la capacidad analítica de la gente para distinguir una buena fotografía”.

Recordó momentos importantes en la historia de la fotografía como el que registró “el fotógrafo Robert Capa en ocasión de la revolución española en la que una bala impacta sobre el pecho de un guerrillero, de un soldado republicano (en el año 1936)”.

Me alegro de haber nacido cuando nací

Me alegro de haber nacido cuando nací. Cuando nací no había transistores. El primer viaje al espacio con la perrita Laica, la primera pisada en la luna, el surgimiento de la computadora, de la televisión. Me alegro de haber vivido todo eso, de haber conocido a don Pantaleón Dutra, que era un viejito de larga barba que vendía cuartillas con versitos en la calle; a Ramón Guido Silva (que vivió en EL PUEBLO), y a otras personalidades de este Salto. Conoció al fotógrafo de Plaza Artigas Omar Lucas, “con quien fui vecino en barrio Lazareto”. Recuerda a los fotógrafos de Plaza Treinta y Tres: el vasco Dollagarat y a otro que todo el mundo dice que sacaba sin cabeza (que no era así) Balabán. A Balaván lo conoció de chiquito con una túnica marrón toda manchada, porque revelaba y se secaba las manos en la misma. Lo conocí a Bezdjian, que tenía “Foto Nacional” arriba del Bar “El Chino” (Artigas casi Lavalleja).

Fotografié al Nito (Humberto) Tambucho, a Julio Libardi, a Julio “Clavito” Miñón, que hacía el fotograma para Foto Gamma, de Fernando Galisteo, y trabajó para diario El Día.

La filmación no afectó demasiado

Considera que si bien en el comienzo la filmación podría haber impactado en la industria de la fotografía, no tiene punto de comparación.

Hay una obra que admira, que estuvo añares en la tintorería San Martín, que era “Las lavanderas”, de Humberto Tambucho. Admiré a una  persona que ha hecho fotografías sin ser fotógrafo, que es Julio Lairhioy. Esporádicamente todos hacemos alguna foto linda.

La profesión y la ocasión

De una cámara muy elemental se puede lograr la excelencia si se da la oportunidad, por ejemplo el instante preciso de un choque, cuando un boxeador le da en la boca al otro. Es oportunidad pero hay que buscarla.

Intento recrear en una fotografía un clima, como la mirada del negro Germán Piñeiro. En la ocasión yo le estaba haciendo unas fotos a la madre que cumplía 104 años y el Fochi estaba conversando en la vuelta. Yo había llevado una vieja cámara de fuelle, grandota con rollo 120. Piñeiro era grande de estatura y volqué la cámara y le saque, y él me expresó –“No, sacale a mamá”.

Sin embargo de allí salió una de las fotos que más me gustan, que fuera publicada días atrás en la carátula de EL PUEBLO.

Hoy por:  Alberto Rodríguez







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