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Graciela Delgado

Hoy por: Dr. Adrián Báez

Nuestra entrevistada, Maestra de profesión y vocación, como se define, ha transcurrido un interesante camino en el que ha sabido aportar, desde los lugares que le tocó desempeñarse, importantes resultados. Militante gremial, política y sobre todo, social, se encuentra satisfecha con su vida, en su querido y actual rol de abuela, no sin permanecer inquieta ante la actualidad del país y de Salto, lo que la empuja aún hoy, a continuar militando, pensando en la sociedad en la que vivirán sus nietos.AL DORSO GRACIELA DELGADO [1]

1- ¿Por qué eligió el magisterio como carrera?
Por una sencilla razón. En realidad yo quería hacer Educación Física; y, cuando terminé cuarto año del liceo, lo plantee en mi casa, y mi padre me dijo que no estaban en condiciones de pagarme una carrera en Montevideo. Con orgullo lo digo, soy hija de una docente y de un vendedor de comercio. Entonces, la opción que tenía era hacer magisterio, que lo podía cursar acá en Salto. Y bueno, hice la carrera de forma media rebelde, lo cual es algo natural en mí, pero la terminé. Reconozco que tuvimos un excelente grupo de profesores; y agradezco la formación que se nos otorgó, a una generación de docentes que ya cumplimos 50 años de recibidos. Tuvimos “Maestros” en la Escuela de Práctica, como tu abuela, Isabel (Potota) Rodríguez, que nos enseñaban y nos protegían de las travesuras que a veces cometíamos. Luego fui a Montevideo a cursar de forma libre, lo que se llamaba Segundo Grado, pero me volví. Ahí comencé a concursar. Cuando se concursaba, se pasaba una línea roja; las que quedaban arriba, eran las maestras que sacaban la efectividad; las que quedaban abajo, las que no. Pues, hete aquí que Graciela, quedó primera pero por debajo de la línea roja… Eso me motivo a esforzarme pues me di cuenta que era capaz. Y así, con mi compañera Marta Forti, al año siguiente sacamos el primer lugar compartido, en todas las áreas del concurso.

2- ¿Cuál fue su primer destino como Maestra?
Teníamos que elegir entre nueve buenos puestos en campaña, y entre ellos, estaba el de Colonia Lavalleja. Así que lo elegí; aunque podría haber optado por Valentín, ya que crecía el Arapey y quedábamos aislados, pero no me importó. Ese fue mi primer destino como docente, la Escuela Nº 19, tiempo del que mantengo los recuerdos más lindos de Magisterio, por el grupo en el que convivíamos seis Maestras, y por la gente de la Colonia. Después que comencé a trabajar, adoré la docencia, amé la docencia; como lo hago hasta el día de hoy.

3- ¿Cuántos años de ejercicio?
Trabajé 18 años como Maestra. Nada más. Problemas familiares me impidieron en ese momento continuar con la profesión, ya que tuve que irme a vivir al campo, dejando a mis dos hijos chicos, Horacio y Diego, que iban a la Escuela Nº 3, con mi madre, a quien la instalé en mi casa.

4- ¿Qué recuerdos podría contarnos de esos tiempos?
Volviendo a Colonia Lavalleja, en ese entonces, no se tenía luz eléctrica; por lo tanto, usábamos las lámparas “Aladino”, y cuando crecía el Arapey nos quedábamos muchas veces, o nos íbamos en el “Caimán”, el ómnibus, los domingos de tarde para no tener faltas, porque nos la computaban para el futuro traslado. Cuando me trasladaron, en la parte de atrás de la Escuela, había una familia, el padre era un Policía, Morales de apellido, a la que le regalé mi lámpara, ya que cuando nos quedábamos aislados, siempre nos ayudaban con un poco de harina, azúcar o lo que precisáramos. Y les dije: se las regalo, porque no pienso pisar nunca más el campo. Y bueno, de las cosas lindas de la vida, por Colonia Lavalleja me reencontré con el que sería el padre de mis hijos, Horacio de Brum, con quien nos casamos, siendo conocidos de Salto, pues éramos de la misma generación. Justamente lo que prometí no hacer, fue lo que terminé haciendo: volver al campo (risas).

5- ¿Y ahí surge una de sus actividades más queridas, el trabajo rural?
Sí. Pero debo decir que, los productores son mis hijos; yo solamente soy la acompañante. Cuando falleció mi esposo, a mi hijo menor, Diego, le faltaba un año para terminar la carrera de Técnico en Administración Agropecuaria, que lo cursaba en Tacuarembó; y mi hijo mayor, Horacio, estaba en tercer año de Abogacía, en Montevideo. Por lógica, ambos tuvieron que venirse a Salto, y por un año, estuvimos organizando todo. Ellos, quienes mantienen una muy buena relación, se pusieron el establecimiento al hombro; y yo, apoyándolos de atrás, como lo hago hasta el día de hoy. Esa es la verdad. A mí me encanta el campo; me gusta estar con la gente del campo.

6- ¿Es verdad que en la zona, unos la conocen como la “Alcaldesa” y otros como la “Madrina” de Sequeira?
Creo que porque siempre me interesó trabajar con la gente y por la gente. Tanto que hay un camino que va hacia Sarandí de Cuaró, por el cual trabajé para que se hiciera, el que une esa localidad con Sequeira y va hasta Masoller. Siempre traté de comunicarme con las autoridades sin importarme de qué fracción política eran. Me contaban que hacía 50 años que al lugar no entraba una máquina; pero al mismo tiempo, siempre hay detractores, como en todo. Cuando uno no hace nada, porque no hace nada, y no lo critican tanto, y, cuando sí lo hace, tampoco se está conforme. A ellos, los hice ver que por ese camino salía la mayor cantidad de producción de arroz, conectándose con la otra punta, en Masoller, uniendo los departamentos de Salto, Artigas, Tacuarembó y Rivera. Eso por un lado. Luego, cuando entré a trabajar en Mevir, formando parte de la Comisión Nacional, al haber integrado parte de las Comisiones de Vecinos de Sequeira, comenzamos a ver la necesidad de viviendas. El Presidente Batlle me preguntó dónde me gustaría trabajar, y le dije que en Mevir – aclaro que era un trabajo honorario-, porque quería desempeñarme en el medio rural. Y, gracias a ese trabajo realizado, logramos que salieran en Sequeira, las primeras 23 viviendas, del Primer Plan. Ahora sé que está por inaugurarse el segundo. Luchamos mucho; empezamos en un gobierno colorado y se concretó en el del Frente. Eso nos dio mucha satisfacción.

7- ¿Qué significó o significa para usted la política?
Siempre fui colorada y milité por ese partido. Ahora la política va mucho más allá; es el trabajar por la gente, sin buscar recibir compensaciones, es una vocación de servicio, esa fue la política en la que me formé. Pongo de nuevo el ejemplo de mi paso por Mevir, pues el lograr que la gente pudiera conseguir su vivienda, verlos en los sorteos que son más emocionantes que las inauguraciones, pues si bien ya trabajaron, no sabían cuál vivienda les tocaría, y cuando se los llamaba y se le asignaba una y se les entregaba las llaves, la emoción con sus hijos en brazos, nos indicaba que habíamos cumplido con ese precepto que mencioné.

8- Mencionó su militancia colorada, cuéntenos cómo fue la misma, sabiendo que hoy, nuevamente apuesta a dicha tarea.
Quiero apuntar que mis inicios fueron como gremialista. Siempre luchamos porque oficializaran el Instituto Normal, lo que logramos con el grupo de compañeras; dio la casualidad que en ese momento mi madre era la Directora. Ahora, en la política partidaria firme, me inserté luego de haberme ido a vivir al campo, de casarme y de tener hijos. Un día, allá por 1981, el Escribano Eduardo Malaquina, fue a mi casa a decirme que tenía que volver a trabajar. Y así me puse las pilas y no paré de militar; siempre de la mano de Eduardo (Malaquina). En su primer gobierno estuve en el Departamento de Acción Social y Cultural; aunque, junto con Jorge Fernández, éramos quienes íbamos con él al Congreso de Intendentes y dábamos otras vueltas, por lo que muchos pensaban que yo era su secretaria, lo que no es cierto. Sí era quien organizaba las entrevistas en Montevideo (Embajadas, Ministerios, etc.). Y después, pasé a la Oficina de Planificación, donde trabajé con un muy buen equipo de personas (Washington Izaguirre, “Pico” Meirelles, Ricardo Gómez, Jorge Fernández), y también junto a la Universidad con el Esc. Eugenio Cafaro. Pudimos realizar muchas cosas: el Estudio Rural, el Estudio Mevir y la inauguración del primer Caif en barrio Don Atilio. Aún milito, y seguiré haciéndolo hasta que tenga fuerzas, pues nos debe inquietar la actualidad del país y de Salto. Pienso en la sociedad en la que vivirán mis nietos.

9- ¿Cómo la trata la vida de abuela luego de tanta actividad?
La vida de abuela es fascinante, me encanta. Tengo dos nietos, el mayor, que va a cumplir 19 años, y uno de 13 años. Siempre les digo que son las luces de mi vida, y se ríen. Ser madre, es fantástico; pero, cuando se es abuela, es otra cosa, es otro cariño.

10- ¿Asignaturas pendientes?
Mis asignaturas pendientes son el no haber continuado la preparación en educación física. Llegué a ser Coordinadora de Educación Física en Primaria. Trabajé mucho con los profesores, a quienes recuerdo con mucho cariño. El no haber seguido colaborando con esa actividad, ya que siempre hice deportes, y me gustó y gusta mucho. Practiqué natación y competí en esa disciplina desde los 8 años. Me ofrecieron ser profesora de niños, pero conociendo los peligros del agua y mi ansiedad, no acepté. Podemos decir entonces, que esa y el no haber aprendido guitarra, son mis deudas pendientes.