“Hay que agilizar la mente…

“Hay que agilizar la mente…

Hoy con Hugo D´Angelo, un escribano nonagenario

“Hay que agilizar la mente, no decaer, porque si llegamos a ese extremo, enterramos las velas y a otra cosa”

Con sus venerables 90 años, el Escribano Hugo D´Angelo nos abrió la puerta de su hogar junto a su inseparable María Concepción Santana “Chona”, contándonos sus anécdotas y vivencias dignas de un hombre que supo vivir en un Uruguay regido por valores muy distintos a los actuales, donde el respeto, la palabra y la hombría de bien, no eran la excepción, sino la regla.

Es cabeza de una numerosa familia, ¿podemos decir que nos encontramos frente a un patriarca?
La familia es grande y se compone de 4 hijos, 11 nietos y 3 bisnietas por los que siento un amor que traspasa todo límite de lo que se puede decir amor; más allá de las gracias que hacen cuando van creciendo. No sé si seré patriarca, pero, creo que educamos bien y por el camino correcto a nuestros hijos y espero estar para desviarles el timón, si rumbean para un lado no deseado.

¿Su inclinación hacia el notariado nació por elección o tradición familiar?
Adquirí la vocación desde antes de ir a la Facultad, más allá de que mi padre fuera Escribano y Actuario del Juzgado; aprendí mucho junto a él y a los profesores extraordinarios, de altísimo volumen que tuve, como Couture, quien era Decano de Facultad de Derecho cuando comencé a estudiar; Jiménes de Aréchaga; Cestau; como quien dice, los pesos pesados. Yo concurría todos los días, no faltaba ni uno, y los escuchaba como embobado, porque me gustaba la profesión, además de que nos enseñaban las formas de proceder con el cliente, el trato y la manera de actuar en la parte económica. Cuando llegué recibido a Salto habían 10 Escribanos entre los que estaban, Mació, Pigurina, y otros, de primer nivel, yendo a saludar a cada uno de ellos, los que me ofrecieron ayuda en el comienzo del ejercicio, porque uno se recibe y sale sabiendo la letra, pero la práctica a veces se le queda en el tintero.

Desde el punto de vista ético; ¿el ejercicio de la profesión ha variado desde su época a la actual?
La ética comprende muchas cosas. Primero, por supuesto la confianza entre el profesional y el cliente, algo fundamental; un correcto proceder, por ejemplo, venía un cliente y me decía: Escribano, me guarda en su caja fuerte éstos $ 5.000 hasta el día de la firma de la escritura, y se lo guardaba, no sé hoy cómo será la cosa. Pero claro, en segundo lugar, también depende del ser de cada persona, porque se puede ser un gran Escribano, muy erudito, pero si falla por otro lado, ya no es ese gran Escribano que algunos piensan, como en cualquier otra profesión. Yo felizmente tomé el ejemplo de mi padre, Don Atilio D´Angelo, quien era muy estricto en cuanto al trabajo y a esa confianza de la que le hablé.

¿Qué anécdota recuerda de aquéllos años?
Yo iba mucho a la oficina de Catastro, y allí había un jefe que era muy buena gente, muy buen hombre, pero muy cascarrabias, en cuanto llegaba me abarajaba en la entrada y de mala gana me decía: ¿qué viene a hacer?; entonces un día me dije: está bien que sea un gurisote, pero tampoco la pavada. Un día fui, aparece y me dijo: ¿qué anda haciendo mi amigo?, y le digo: mire don Héctor, le voy a ser bien sincero, vine para que usted me encaje el consabido reto de todos los días; y podrá imaginarse, me dijo de todo.
Al otro día aparezco, y cada cual en un lado del mostrador, y me puso la mano en el hombro, y pensé: lo conquisté; y ahí me pidió disculpas, diciéndome que era medio arrebatado y que no lo tomara en cuenta; y de ahí, quedamos muy bien.

¿Volvería a elegir la misma carrera?
Totalmente, cada vez le fui agarrando más amor a la profesión, me sentía muy plantado en donde estaba, me auto estimulaba para seguir adelante. Tuve la suerte de haber sido recibido muy bien por todos los colegas, tuvimos muy buen diálogo, donde nunca hubo nada de aquello de: me sacaste un cliente; no, esas cosas no existían.
Y de mis hijos, una hija, Marta, fue la que continuó con la profesión notarial; y tengo nietas que se encuentran estudiando también en el área del derecho. Ahora, confieso que lo que me sedujo en alguna oportunidad, fue arquitectura, de vez en cuando hacía unos dibujitos, pero, también tuve bastante contacto con los números, los que me agradaban y agradan, recomiendo leer un libro fantástico por su contenido que se llama “El hombre que calculaba”.

Lo sabemos inquieto respecto a los temas sociales y lo demuestra a través de las columnas que escribe en éste medio; ¿considera que hace falta compromiso con las causas nacionales?
En primer lugar el compromiso; y luego el agilizar la mente, no decaer, porque si llegamos a ese extremo, enterramos las velas y a otra cosa.
Creo que hay mucha falta de compromiso, mucha falta de lectura sobre temas importantes, eso me lleva a estar actualizado y a pensar.

¿Cómo ve al Uruguay de hoy?
Ahí ya entraríamos en un tema político. No me da mucha confianza la situación actual; claro, se me escapa un poco la parte financiera del país, lo que es algo complicado y para gente entendida, pero, no lo veo bien. Yo tengo un concepto no muy elevado de los políticos ambiciosos, escaladores, arribistas, esos son los que me enferman, lo que es un problema de mucha gente que de un partido se han pasado para otro, cuando son ideas distintas y que no tiene nada que ver, que no se sustancian unas con otras; qué pasa, esos están en un partido en el que no pueden llegar a nada, y se van para otro que tiene el poder; a esa gente hay que dispararle, porque son malas personas. En cambio, conocí a un gran hombre, que para mí fue lo mejor que tuvo el Uruguay y que no pudo cristalizarse, y que es un ejemplo, el sumun del político, como fue Wilson Ferreira. Hoy, el político de lengua sobada, conquista al mediocre y así vamos. Harían falta políticos con valores y principios, pero lamentablemente hoy cuentan los pesos, el bolsillo.

Si éste fuera el momento para dejarles un mensaje a sus nietos, ¿cuál sería?
Les diría que sigan el sendero de nuestros abuelos; esa gente era recta y seria. Siempre les aconsejo a mis nietos, los que ya son mayores, que deben tener principios; todos deberían ser así, para llegar a un mundo mejor, porque mientras estemos practicando ideas foráneas, no vamos a llegar a buen puerto. Felizmente, mis nietos por lo menos me escuchan y a la abuela también, ahora no sé si me dan bolilla, espero que sí.

¿Quién es y qué significa “Chona” para usted?
Algo incomparable, incomparable. Nos casamos hace 64 años; juntos criamos a nuestros hijos, quienes felizmente han salido personas de bien, como queríamos que lo fueran.

¿Se considera satisfecho con el camino recorrido?
Tengo el gran orgullo de decir que mis hijos se criaron de la forma que con mi esposa queríamos, con principios. Somos una familia muy unida, donde siempre recuerdo a mi padre, Don Atilio D´Angelo, quien era un hombre muy circunspecto, pero tenía sus cosas muy buenas, y a mis tías, las hermanas de mi madre quienes fueron muy importantes luego de que la misma falleciera. Ejercí la profesión que quise, y formé junto a Chona, una familia unida. Volvería a transitar el mismo camino.

 







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