Hoy con Aníbal Alberto Alberro

Hoy con Aníbal  Alberto Alberro

Con más de 30 años al servicio de la Junta Departamental de Salto, Aníbal Alberto Alberro ha sabido transitar por diversos gobiernos de distintos colores, siempre con la convicción de que al ser un funcionario público, su ideología quedaba en la puerta del legislativo.
Habiendo ocupado diferentes cargos, desde jardinero, remesero, hasta ser el organizador de la hermosa biblioteca con la que cuenta hoy la Junta Departamental, se siente satisfecho de haberse desempeñado y continuar haciéndolo con seriedad, responsabilidad y respeto, tanto con sus compañeros de trabajo, los Ediles, como con la población que se acerca hasta el lugar, buscando muchas veces soluciones a sus problemas, constituyéndose en un referente, y en una de las personas que más conoce el funcionamiento del deliberativo departamental.

¿Desde hace cuántos años se desempeña como funcionario de la Junta Departamental de Salto?
A la Junta Departamental ingresé en el primer gobierno democrático luego de la dictadura, a fines de 1985 y comienzos de 1986. En ese entonces el intendente era el Esc. Eduardo Malaquina. Hace ya 32 años; pasé por los gobiernos de Malaquina, Minutti, Fonticiella, Coutinho y ahora por el de Lima.

¿Cuál fue la primera tarea que desempeñó?
Cuando a mí me tomaron como funcionario, comencé como jardinero y peón; cuando se volvió a la democracia la condición edilicia de la Junta era la de una tapera, claramente, si bien era una casa muy bonita, estaba sumamente abandonada. Entonces se precisaba a alguien que realizara el mantenimiento (pintar las rejas, sacar la maleza, acondicionar los accesos) y así me fui haciendo y conociendo a muy buenos compañeros como Daniel Felipe Silva, que en lo personal fue mi maestro y quien me brindó todo el apoyo para que pudiera cumplir una tarea no muy sencilla, como era la de dejar en condiciones nada más y nada menos que la parte edilicia de la Junta y su cara visible.

Pero tenemos entendido que inmediatamente lo llamaron para realizar una tarea de mayor responsabilidad, ¿es verdad?
Así es. En primer lugar, no tengo mucho estudio, y Silva, pasando por alto esa condición, al mes y medio de mi ingreso, como éramos tan pocos funcionarios, me encomendó una función que no era la que me habían asignado. Se estaba discutiendo el primer presupuesto municipal y el nuestro de la Junta, lo cual ni sabía de qué se trataba, estando a la orden de los Ediles durante las reuniones, sin descuidar mis labores designadas. La primer tarea interna, digámoslo así, fue el hacer copias de los repartidos para los Ediles; obviamente que no se contaba con la tecnología de ahora (fotocopias, computadoras, etc); eran hechas a mano, en el viejo mimeógrafo, lo cual llevaba muchísimo tiempo, teniendo en cuenta que para esa ocasión hice unas 9.000 copias.
Y así comencé a compenetrarme de las diversas funciones internas de la Junta y como siempre fui una persona voluntariosa, acepté continuar en todas las tareas en las que fui asignado (remesero, repartidor de las citaciones a los Ediles, etc).

Cuéntenos de la biblioteca de la Junta, en cuya actual existencia, según nos comentaron, tiene cierta responsabilidad
Tenemos una hermosa biblioteca que, cuando tomé la posta de acondicionar varios sectores, la encontré abandonada, la que tengo el orgullo de decir que la fui de a poco organizando, con la invalorable ayuda del compañero “Quique” Ávalos, padre de otro excelente funcionario Ángel Ávalos, seleccionando libro por libro que encontrábamos en el piso y que tenían mucho valor, los que fueron clasificados y seleccionados por importancia de sus temas, y todo esto sin tener estudios, le repito, pero que me daba cuenta de su valor. Le puedo decir a modo de ejemplo, que salvé una enorme cantidad de libros de la Justicia Uruguaya, que estaban tirados y estragados, en una clara demostración que para quienes entregaron el gobierno, no tenían ningún valor, menos si eran leyes.

La biblioteca sabemos que cumplió un rol importante inclusive prestándose libros a estudiantes de derecho, ¿puede ser?
Todo surge porque se me encomendó hacerme cargo del Diario Oficial y a través de él fui conociendo lo que eran las leyes y también teniendo noción de los libros que allí habían; luego de organizarlos, libros y leyes, llegó un momento, que para mí fue una satisfacción muy grande, en el que abogados jóvenes y estudiantes concurrían a pedir material, y yo sabía cuál entregarles. Sin ir más lejos, entre muchos de ellos se encontraba el actual Intendente, el Dr. Andrés Lima.

¿Recuerda alguna anécdota de aquellos inicios?
Por supuesto, un hecho que quedó para la historia, justamente cuando empecé a hacer las copias que le comenté.
Yo no conocía todavía la máquina, y un día me preocupé bastante, porque me salían todas las copias en negro, pasaba la tinta directamente al papel; por lo tanto fui a hablar con Silva y le comenté que tenía ese problema con la copiadora, para lo cual ya había hecho unas 100 copias todas en negro; entonces Silva la abre, la mira y me dice que lo que sucedía era que se había escapado la matriz y al escaparse la máquina la tragó y pasa el rodillo sólo.
Y esa fue mi primera macana; a los 5 o 6 meses ya sabía cuántas piezas llevaba el mimeógrafo y cómo limpiarlo.

Notamos un especial recuerdo por Daniel Silva, connotado funcionario que muchos señalan como un excelente compañero, ¿qué significó para usted?
Silva fue un maestro incluso para los Ediles. Era una persona con una vasta experiencia que la tenía re clara; él trabajó muchísimo tiempo en la mesa de presidencia ayudando a los Presidentes de la Junta de turno, a sacar, como quien dice, los temas de la galera. De esos compañeros que no tenían problemas de dar una mano y de enseñar al mismo tiempo. Por eso lo recuerdo con afecto y agradecimiento, porque a mí en lo personal, me permitió conocer la Junta y superarme como funcionario, lo cual no todos lo hacen, por eso le estoy tan agradecido, por todo lo que aprendí por esa oportunidad y confianza que depositó en mí.

¿Podemos hablar de que en la Junta se hayan respirado siempre aires de libertad?
Sí. Al principio, en aquellos años, recordemos que veníamos de la dictadura y de una Junta de Vecinos, había un conjunto de personas que trabajaban en la misma, los cuales merecían su respeto, pues había cordialidad y eso permitía trabajar bien. Y una vez ya viviendo en democracia plena, el relacionamiento con los Ediles siempre fue bueno; dicho sea de paso, en mi caso particular, y pienso que también en el de mis compañeros, en ese momento el sueldo no era bueno, pero entre todos poníamos voluntad y así funcionó la cosa. Una persona me convenció de que el salario iba a mejorar, que tan sólo esperara a que la situación del nuevo gobierno se normalizara y así fue; me quedé.

¿Qué es para usted ser funcionario público?
Es estar siempre a la orden de la gente; nosotros existimos para servirle, por encima de las ideologías y colores políticos. Yo tengo mi corazoncito, pero mi función me impide demostrarlo, lo dejo en la puerta de la Junta cada vez que voy a cumplir con mi trabajo. A todas las personas que se acercan a la Junta, las tratamos de atender como corresponde, con respeto; como también cumplir con los jerarcas administrativos y con los designados políticamente.

¿Y la Junta Departamental?
El día que me vaya, que no queda mucho tiempo, me llevaré muchas amistades que pude cosechar a través de los años, con compañeros de trabajo, Ediles, Secretarios Generales y Presidentes. Más allá de alguna diferencia que pudimos tener en algún momento, lo importante es saber trabajar con respeto teniendo en claro que lo más importante es siempre la Institución Junta Departamental.







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