Hoy, con Isabel Guarino, una mujer aferrada a la fe y la familia, multifacética y con muchas cosas por hacer

No le gusta madrugar, pero después, no para en todo el día, ni siquiera para dormir la siesta. Aferrada a la fe y la familia, supo incursionar en un sinfín de actividades, como madre, esposa, empresaria, política, artesana…
Más que “la mujer de” es una mujer con todas las letras, multifacética, de esas que no se quedan quietas, aguerridas, que van al frente con todo lo que piensan y sienten.
En esta sección, contamos un poco de su historia y del orgullo que siente por sus hijos que siguieron con pasión el deporte que eligió su padre y el amor por la familia que les sembró su madre.

1- Viene de una familia numerosa y muy unida
“Sí, nací en Corralito (Nueva Hespérides), a los diez años nos vinimos con la familia a la ciudad. De mi niñez tengo recuerdos inolvidables. En el campo, entre las naranjas, las frutillas y todo lo que se hacía en la quinta. Con la familia mantenemos algunas tradiciones muy especiales, hacemos en cada Navidad el amigo invisible, nos juntamos todos los miércoles a la noche a rezar el rosario, después sale pedir algo para comer o hacer algo juntos y pasamos muy bien. Seguimos juntándonos en la casa de mis padres a pesar de que ellos ya no están, somos diez hermanos y las navidades las pasamos juntos. Cada uno de nosotros tiene la llave y va cuando quiere o tiene la necesidad de estar un rato, de recordar. Es un lugar que nos da esa serenidad que a veces necesitamos. Yo por ejemplo, a veces voy, me siento en el sillón de papá, miro sus peces, riego las plantas, me quedo un rato y después sigo con mis actividades. Es como si ahí me recargara de energía, me siento muy bien, me gusta ir y creo que a todos mis hermanos nos pasa lo mismo, por eso vamos o nos juntamos ahí”.

2- ¿Cuándo conoció a Federico Moreira?AL DORSO
“Conocí a mi esposo en el liceo, yo tenía 14 años y él 16. Vivíamos cerca, nos veíamos de vez en cuando, hasta que fue a casa a hablar con mi padre, porque en aquel tiempo se pedía para salir de novios (risas). Una amiga, Elena Zanotta, hizo de celestina y después, nos comprometimos y un 8 de noviembre nos casamos. Tuvimos cinco hijos, Lucía, Eliana, Silvina, Agustín y Mauricio. Soy la única de mis hermanas que tiene una familia tan numerosa. Cuando lo conocí no era ciclista, corría alrededor de la plaza de deportes y jugaba al fútbol, desde joven tenía esa dote de deportista. Después, empezó de forma más firme con el ciclismo, fue a un Panamericano y ganó una medalla de oro que recuerdo que se la llevó a mi madre en bicicleta hasta su comercio, porque ella lo seguía mucho en su deporte. Y así siguió, practicando mucho y compitiendo”.

3- ¿Su apoyo y el de la familia debió haber sido fundamental en el éxito de Federico?
“Él tenía una alimentación especial, le cocinaba yo y mi suegra. Tenía que acostarse temprano y levantarse también temprano. Yo soy consciente que todo lo que hizo él fue porque estaba yo a su lado y toda su familia, porque el sacrificio lo hacía él y lo hacíamos nosotros también. Si Federico descansaba durante la semana, el fin de semana podía estar bien para competir y eso lo sabíamos todos y todos contribuíamos para que así fuera. Si él tenía que hacer Stayer, yo no tenía problema en ir manejando la moto o la camioneta en la ruta para qué fuera atrás en la bici para agarrar velocidad en las piernas y los chicos iban también con nosotros. Es todo un combo, nadie puede hacer algo solo si la familia no ayuda, es muy difícil”.

4- ¿Le gustaba que fuera ciclista o por momentos quería que tuviera una vida normal?
“A mí me gustaba y me gusta que se dedique al ciclismo. Yo lo acompañaba siempre y si tenía que viajar me iba con él. A los chiquilines les ponía un cordón en el brazo en el aeropuerto y se iban todos conmigo. Viajamos a Chile, a Estados Unidos, a un montón de lugares. A veces también iba mi hermana María Inés, que me ayudó mucho con mis hijos, igual que mi mamá”.

5- Pasaron por momentos difíciles también, ¿qué pasó cuando le dio positivo en un control antidopaje, cómo lo vivió la familia?
“Ese fue un positivo y no fue un positivo, fue positivo entre comillas, porque a él no le sacaron vueltas, no le sacaron premios ni le sacaron nada. Yo estuve en un hotel en Montevideo sin poder salir con mis hijos durante quince días, porque afuera estaba la prensa y era imposible salir. Fue duro. Pero después, llegar a Salto y vivir lo que fue la caravana más grande de la historia, el apoyo de la gente, no te puedo decir lo que fue. Uno es parte de eso también y te sientís contenta también, porque el que pedaleaba era él, pero los que estábamos atrás éramos nosotros. Era un logro de él, mío y de mis hijos. El orgullo era de todos. Nosotros también aguantamos muchas cosas para que papá no se enterara y no sumara un mal momento con todo lo que había pasado”.

6- ¿Sus hijos de alguna manera siguieron el camino del padre?
“Agustín corre por Cerro Largo y Mauricio está en España y corre por Caja Rural. Cuando los gurises se metieron en esto yo siempre los alenté. Algo que les dije fue – ¡no hagan igual que su padre, si se tienen que ir de Uruguay, váyanse! – porque Federico nunca se fue y acá, hay un tope. Agustín ya estuvo afuera y ahora no se va porque es muy apegado a la familia pero Mauricio se fue de muy chico a Brasil, con quince años y después de ahí siguió su camino y ahora está en España. Mis hijas, dos, son Comisario Nacional Elite de Ciclismo, una de ellas corrió en ciclismo por varios años y la otra fue seleccionada para participar de un curso internacional de Uci en Suiza en 2020. Como que todos mis hijos lo vivieron de chicos el ciclismo, se criaron con eso y forma parte de su vida. Estoy muy orgullosa de ellos”.

7- ¿Cómo ve el ciclismo hoy en día?
“El ciclismo necesita apoyo, como todos los deportes. La vuelta al Uruguay mueve más de mil personas y eso implica una noche de hotel, una salida a un restaurante, mostrar tu ciudad, porque viene gente de todo el Uruguay y de afuera también. Pero si no hay apoyo no se puede hacer nada, porque las bicicletas son caras, las estadías tienen su costo también, son muchas cosas. Uno que ha viajado y ha visto cómo se organizan este tipo de eventos piensa que esas cosas se podrían hacer acá, pero entonces te dicen – ¡estamos en Uruguay! – y a veces no son cosas que impliquen un gran costo. También creo que falta tomar conciencia que ser ciclista es un trabajo, tiene sus horas de entrenamiento, su dedicación, el ciclista tiene que llegar al final de su carrera y poder jubilarse, pero acá no se mira al deporte de esa manera”.

8- Dentro de sus múltiples actividades, también supo ser empresaria y política ¿cómo es para una mujer dedicarse a esas áreas?
“Sí, mi faceta de empresaria fue con Agencia Central y también estuve en política, la política siempre me gustó. Fui edil, trabajé con Germán (Coutinho), fui Presidente de la Comisión de Deportes de la Junta Departamental. Fue una linda experiencia, hicimos una linda tarea, buscamos reconocer por sobre todo a los chiquilines, porque eso es un gran incentivo para ellos. En este período salí nuevamente Edil, pero por un problema personal decidí alejarme. A veces pasa que el político, la persona, tiene buenas intenciones pero si se reúne de personas que no tienen buenas intenciones y elige seguir con esas personas, yo prefiero dar un paso al costado. Yo trabajé mucho y me decepcionaron”.

9- ¿Recientemente se ha incorporado al mundo de la artesanía?
“Siempre me gustó la artesanía y eso de trabajar con las manos. Empecé haciendo macramé y después me formé en repujado de aluminio. Es algo que me gusta mucho, me libera, me distiende también y me dedico con mucho compromiso en cada pedido que me hacen. Me hice mi página de Facebook que se llama Lesam Creaciones y ahí la gente me hace pedidos. Mis diseños son únicos, personalizados y es una gran satisfacción saber que lo que uno hace con tanto amor es lo que la otra persona espera. Creo que cada cosa que uno hace con amor tiene que salir bien”.

10- ¿Cómo se definiría y qué cosas le quedan por hacer?
“Te diría que no soy una mujer que vaya detrás de nadie, yo voy con la frente en alto y no me oculto detrás de nadie. Yo no me siento “la señora de” Federico Moreira, si no me hubiera casado con él hubiese sido igual a la mujer que soy ahora, porque así soy yo. Luchadora, aguerrida, hago lo que sea, no tengo vergüenza en barrer una calle ante una carrera si veo que tiene piedras.
Cuidé a mis hijos toda la vida, hago lo que siento que tengo que hacer y digo lo que pienso también, voy de frente. Si me preguntan que me falta por hacer, diría que quiero seguir con la artesanía porque es algo que me gusta mucho. Pero también me gusta viajar, estar con mis hijos y mantener esas tradiciones que hacen que la familia siga junta y que también le inculqué a mis hijos y que creo que sembró una semillita, porque también son muy familieros”.

Hoy por: Wanda Aranguren