Hoy, con Juan Carlos Nessi, actor principal de la comedia teatral “La tía de Carlos”

A sus 76 años de edad, Juan Carlos Nessi Cabaña, tiene apenas algunos pormenores propios de su edad y un ímpetu inquebrantable, que lo mantiene como el pilar de su familia. Lo encontramos un domingo a la mañana, sentado en el living de su casa tomando mate, sereno, tranquilo.
De complexión física pequeña y apacible, mantiene una lucidez intacta de los años de su niñez y juventud, atesorando los recuerdos de su mayor pasión, el teatro, y una de las obras que por la década del 60 fue un éxito total en Salto y Concordia, la recordada “La tía de Carlos”, donde Carlos Nessi interpretando a la tía, supo conquistar al público con su desopilante humor.
De andar cantando tangos en su casa mientras escucha la radio, se lo puede ver siempre de buen humor. Su hija, Elizabeth (con quien vive desde hace muchos años) lo definió como un personaje “muy histriónico”.
Contagiando eso de llevar los problemas de la vida diaria con liviandad, suele decir como una de sus frases más frecuentes, “ya va a pasar”, cada vez que aparece alguna dificultad, mostrando su gran optimismo por la vida.

¿Qué recuerdos tiene de su infancia?
“Yo nací en Paysandú, el 2 de setiembre de 1939, pero cuando mi madre murió me vine a vivir a Salto con mis abuelos y mi hermano Julio César (ya fallecido), me crié en 8 de Octubre 724. Esa era otra época, eramos todos amigos. Jugábamos a la bolita de barro que comprábamos en el almacén, era la época del vintén, jugábamos en al calle con pelotas de trapo y después empezaron a aparecer las pelotas de goma.
Yo me crié con el Dr Campos, jugábamos a la bolita, pero como él tenía más plata porque el abuelo de él era rico, tenía juguetes de cuerda. A veces yo le decía -¿qué lo tiró gordo, quien te regaló eso?- y él me decía -¡el abuelo me trajo!. Yo jugué toda la vida con el gordo Campos, cuando él vivía al lado de la tienda La Gioconda. Eramos muy amigos, compañeros de gurises”.

¿Comenzó a trabajar muy joven?
“Cuando mis abuelos fallecieron me fui a vivir unos años con mi tía, hasta que de gurí (a los 14 años aproximadamente) me fui a vivir a lo de los Lombardo en Corralito, ahí trabajaba para ellos en una empresa de ómnibus, era guarda. Hacía el recorrido de Corralito a Salto, pasando por Salto Nuevo y Saladero, traía a la gente hasta el centro, a lo que se llamaba el Control, en Florencio Sánchez al 100 (terminal de ómnibus rurales). Eso era lindo. Ahí estaba la confitería del Control que era muy famosa por sus masas. También estuve en la Intendencia, trabajé unos días de inspector de tránsito y después trabajé adentro (en las oficinas), hasta que el finado Bentancourt me pasó a Catastro. Estuve 40 años ahí hasta que me jubilé.
¿También tuvo un pasaje por los cines de la época?
“Sí, también estuve en los cines. Era acomodador y vendía golosinas. Trabajé en todos los cines de Salto, en el cine Sarandí, Metropol, Ariel, Plaza y Salto. Trabajaba en las oficinas durante el día, llegaba a casa, comía, me bañaba y a la noche iba a los cines. Estuve 20 años trabajando ahí. Lo lindo que tenía era que a esos lugares siempre iba mucha gente. Eso me llevó a conocer la noche salteña”.

¿Cómo era la noche salteña en ese entonces?
“Cuando yo era gurí, antes uno iba a cualquier casa de vecino y ya te servían un plato de comida y te decían, -¡pasá comé!- y por ahí yo decía -¡no, ya comí en casa!-, pero era otra época la que se vivía. En esa época era la vía blanca (peatonal) en calle Uruguay, y todo era muy tranquilo. Yo tampoco era de ir a bailes, era todo tranquilo. Lo que pasa que yo soy de otra época, de la época antigua y antes no era como es ahora. Antes no había barras, nadie peleaba con nadie”.

¿Pero el teatro fue su gran pasión?
“Sí, fui actor. Eso fue cuando era muchachito. Lo que pasa que me gustaba mucho el teatro, tenía muchos amigos y conocidos en el teatro. Lo más importante que hice fue -«La tía de Carlos» (una comedia teatral) que estuvo un mes en cartelera (en el Teatro Larrañaga) y siempre estuvo lleno. También la presentamos en Concordia.

¿Cuál era su papel en esa comedia?
“Ahí hacía el personaje principal, era La tía de Carlos, me vestía de mujer. Esa obra fue un éxito total, pero nunca cobré nada. El director de la obra era Arturo Fontalba, me acuerdo que hablé un día con él para empezar y así arranqué. Era otra época, eramos todos amigos”.
¿Qué le gusta hacer ahora?
“Me gusta jugar a la quiniela, a veces saco algo y a veces no. Ando por acá en la vuelta, no salgo mucho. Me gusta mirar el fútbol en la televisión, escuchar la radio, los tangos de la mañana sobre todo”.

¿Cómo está compuesta su familia?
“Cuando me casé con la madre de mis hijas (Elizabeth y Karina), me compré este terreno (en Salto Nuevo), donde construí esta casa. ¡Me salió 400 pesos el terreno, era un mundo de plata! … pero, hicimos la casa. Me ayudaron los vecinos y los amigos, porque antes no había de arquitectos ni constructores, uno se hacía las cosas solo. Era lindo el lugar, el bajo era todo campo y después de a poco empezaron a construir otros vecinos. Con el tiempo tuve otra pareja con la que tuve un hijo más (Richard)”.

¿Se considera una persona positiva?
“Capaz que el hecho de haber estado en lugares donde la gente transmite muy buena energía, como el ómnibus o los cines, que son lugares donde se conoce mucha gente, me hizo ver la vida de una forma más positivo, no sé. Pero cuando aparece algún problema, de esos que hay siempre en toda casa, yo soy de los que dice ¡ya va a pasar!”.

¿Cómo puede decir que vivió su vida?
“Yo viví toda mi vida bien, siempre con mucho sacrificio. Tengo tres hijos, dos mujeres y un varón y nueve nietos. También viene una bisnieta en camino. La jubilación mía me da para vivir y a esta altura del partido que más voy a pedir. Yo me encuentro bien y con eso ya está”.