Hoy con Miguel Ángel Silva Márquez

Hoy con Miguel  Ángel Silva Márquez

“Mi vida ha sido muy dura”, comenzó diciendo Miguel para esta sección de EL PUEBLO. Sin embargo, nunca dejó de creer en que siempre se puede salir adelante y que un problema enorme se puede hacer pequeño manteniendo la fe en Dios.
“Con mi negra no tenemos nada, somos muy pobres, ni casa tenemos, pero nos queremos mucho que es lo más importante”, dijo a modo de lección de vida.

¿De dónde es oriundo?IMG_9056
“Nací el 4 de marzo de 1944, pero estoy apuntado el 4 de mayo. Nací en Salto, pero mi familia es oriunda del pueblo Tropiezo de la Bolsa. Somos 18 hermanos, más dos hermanos de Corrientes por parte de mi padre que no los conozco. Ahora vamos quedando siete. Yo soy uno de los del medio. A mi me dieron de muy chiquito para mis padrinos, Delmiro Salgado y Ernesta Montanari, que siempre fueron amorosos conmigo. Mi madre estaba embarazada y como eramos tantos gurises un día mi padrino le tocó la pancita y le dijo – petisa, nosotros no podemos tener hijos ¿por qué no me lo das como ahijado y yo te lo crío? – y mi madre le dijo que no, porque un hijo no se da. Pero antes de los dos años me dio para vivir con ellos. Tuve la mala suerte de que mi padrino muriera cuando yo tenía 11 años y entonces mi madrina que había quedado con muchas deudas porque se habían comprado una casa, un día me dijo – mijo, yo no quiero que pases hambre a mi lado, te voy a mandar con tus padres de nuevo – Y bueno, con esa edad me volví para mi casa”.

¿Cómo fue su infancia?
“Mi infancia la pasé con mis padrinos y tengo muy lindos recuerdos. Yo era muy diablo, no malo, pero sí era tremendo, era muy peleador, me metía con los más grandes y todo. Tengo una anécdota de que le robé 10 pesos a mi madrina y le juego a la quiniela y entonces saqué como 700 y algo de pesos que en aquel momento era un mundo de plata. Cuando venía de la escuela mi madrina me estaba esperando con una vara porque le había robado 10 pesos y yo ahí le digo -sí madrina, pero me avisaron del quiosco que vaya a cobrar porque se ganó como 700 pesos – ahí ella me miró y me dijo – Miguel, no sé si darte una paliza o abrazarte”.

¿Pero al tiempo volvió con su madre?
“A los 11 años volví a vivir con mi madre. Tuve que salir a conseguir trabajo porque la cosa en mi casa no era fácil y enseguidita conseguí trabajo en un tambo. Yo salí de una cuna de oro a levantarme a la una y media de la mañana con el barro por las rodillas para empezar los ordeñes con un hermano mío que también trabajaba ahí.
A las siete terminábamos el ordeñe y desayunábamos y después seguíamos trabajando hasta la una, nos pegábamos una siesta y a la tarde seguíamos trabajando. Trabajé tres años en esa estancia a 45 pesos por mes, le pedí aumento al capataz y me dijo que no, entonces me despioné. Yo en ese entonces ya sabía carnear, arrancaba toscas, ya estaba jineteando, sabía de alambrados, y me dije, – trabajo en cualquier lado – entonces agarré para otros lados”.

Cómo siguió su vida?
“Yo seguí trabajando. Un día voy a un pueblo y me encuentro con un hermano, porque nos veíamos cada tanto porque todos estábamos trabajando en diferentes estancias y le conté donde estaba. Entonces él me dice –¡vamos pa San Andrés, precisan gente!- y yo le digo – sí, pero ¿cuánto pagan?- Y resulta que pagaban 10,80. Pasar de ganar 1,50 por día a 10,80 era un mundo de plata. Entonces, fui y le dije a mamita, – yo me voy a despionar y me voy pa San Andrés con el Mario – Y ella me dijo – Usted trabajando y trayendo plata, haga lo que quiera – Entonces, me fui con mi hermano, ahí aprendí mucho del trabajo de campo y aprendí de todo, trabajé muchos años en Bayucuá de Mattos y Laureles. Dejé el campo a los 23 años cuando conocí a mi negrita (su señora)”.

Con su negrita, ¿hace mucho tiempo que están juntos?
“El 14 de mayo del año que viene harán 50 años que estamos juntos con mi negrita, Irma Teresa Delgado, pero yo le digo mi Paloma. Hace 6 meses casi se me muere. Tenemos hijos pero perdimos tres. Con mi negra no tenemos nada, somos muy pobres, ni casa tenemos, pero nos queremos mucho que es lo más importante”.

¿Y cuándo surge el problema con su pierna?
“Yo fui policía, trabajé años en la construcción y ahí hice plata, había comprado buenos muebles pero decidimos irnos a Montevideo después que perdimos al último nene. Allá nos fue mal, hasta que empecé a trabajar con unos italianos, pero se trabajaba de setiembre hasta abril y cuando terminé el trabajo nos volvimos para Salto. Anduvimos rodando de allí para acá. Después, entro a trabajar en una empresa y ahí me levanté una uña en un accidente y por una infección perdí la pierna. Primero me amputaron el pie y después llegó un momento en que tuvieron que cortarme más la pierna hasta abajo de la rodilla. Yo tenía un terreno pero después del accidente con mi pierna estuve dos años y cuatro meses en el seguro y la cosa se vino peor. Mi negrita trabajaba en seis o siete lugares, lavando y planchando, iba a trabajar con los hijos porque la más chiquita tenía dos o tres años. Fue una época muy difícil para todos”.

Habla de su señora y se emociona, ¿significa mucho para usted?
“Yo a mi paloma le debo todo, ella me cuidó como no me cuidó mi madre. Yo era un paisano bruto y ella me enseño todo, hasta me dio mis hijos” (dijo entre lágrimas de emoción y agradecimiento).

Después llegó la pierna ortopédica …
“Cuando estuve internado en Montevideo por lo de la pierna yo hasta me quise matar, porque estaba muy mal. Ahí me pusieron una pierna ortopédica y estuve como dos años para poder adaptarme y sí fue una solución. Ahora sigo trabajando, juego al fútbol con mi nieto, ando en bicicleta. Estuve como vigilante muchos años en el Centro Médico y después el Dr Preve me mandó llamar y ahí estoy, sigo trabajando con él, haciendo de todo, jardinería y cualquier cosa que haya para hacer”.

¿Pero también es conocido en Salto por ser curandero?
“Yo soy conocido porque curo mucha gente. Curo aire, espasmo, ojeo, desgarro, paletilla, parásitos y muchas cosas. Es increíble ese don que tengo. Mi madrina me enseñó a vencer el aire y el pasmo cuando yo tenía 8 años. Pero mi madre fue una gran curandera, y tres días antes de morir me pasó todo el don. Me hizo juntar las manos y cuando me agarró sentí una fuerza imponente, como si fuera Dios. Pero yo no cobro a la gente, si me dejan algo que me dejen y es impresionante la cantidad de gente que va a mi casa por eso”.

¿Tiene una gran fe en Dios?
“Yo creo mucho en Dios y en que siempre se puede salir adelante. Yo me quería matar pero si no fuera por Dios no estaría acá.
Cada uno es dueño de creer o no, pero ¡qué bueno sería el mundo si cada uno creyera un poquito más! Yo lo único que le digo a la gente es que no se amargue con cualquier cosa y que creyendo en Dios es posible estar mejor”.







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